Salas Maternales en Escuelas Secundarias

Para asegurar que todos los adolescentes puedan completar sus estudios – también los que son padres, madres o están al cuidado de hermanos menores – UNICEF apoya las salas maternales en escuelas secundarias

Salas Maternales en Escuelas Secundarias
UNICEF

Cada mañana Candela, de 16 años, se levanta, prepara el desayuno, y sale de su casa. Deja a su hermano y a su hermana en la escuela, y junto a Nicolás, su hijo de 2 años, va a la secundaria donde estudia. Ella asiste a clases y él está en la sala maternal que funciona en la  Escuela Secundaria N°9, en la localidad Remedios de Escalada, partido Tres de Febrero, en la Provincia de Buenos Aires.

“Me quedé embarazada cuando estaba en 6to grado y no quería terminar el colegio, porque se me complicaba. Pensé que no iba a poder hacerlo,” cuenta Candela. En la escuela donde estudiaba le contaron de las salas maternales que funcionan en escuelas secundarias. Candela anotó a Nicolás y lo aceptaron. “Me agarró las ganas de terminar el colegio porque vi que tenía posibilidades y mi papá me convenció también,” agrega.

El convertirse en padres y madres o quedar al cuidado de sus hermanos menores es una de las  causas por las que 1 de cada 2 adolescentes no logra completar el secundario en Argentina. Para que más chicos y chicas puedan terminar sus estudios, UNICEF apoya a los gobiernos provinciales en la apertura de Salas Maternales en escuelas secundarias.

Hoy funcionan 82 salas maternales en la Provincia de Buenos Aires, 60 con el apoyo de UNICEF, y en 2018 10 escuelas secundarias contarán con servicios educativos para los hijos y hermanos menores de adolescentes en la Provincia de Tucumán. UNICEF provee asistencia técnica a los gobiernos provinciales para la implementación del proyecto, capacita al personal, brinda el equipamiento básico para el acondicionamiento de los servicios educativos para los más pequeños (mobiliario y materiales didácticos para poner en funcionamiento las salas), y brinda asistencia técnica para la implementación del monitoreo y evaluación de esta iniciativa.

La salita a mí me ayudó, me ayuda un montón. Me facilitó que pueda estudiar, 

dice Candela, de 16 años.

Las salas funcionan en las secundarias o en jardines de infantes próximos a la escuela para recibir a los hijos y hermanos menores de los estudiantes, de entre 45 días y dos años. Mientras que los alumnos van a clases, los niños y niñas acceden a un espacio de cuidado y desarrollo saludable, con una propuesta pedagógica especialmente diseñada para ellos. En un período clave para el desarrollo cognitivo, físico, social y emocional, este es un ambiente propicio para estimular el aprendizaje temprano.

“Acá los nenes almuerzan, tienen sus momentos de descanso y de juego. Están seis horas con nosotras,” cuenta Paola, una de las maestras de la sala maternal  que funciona desde noviembre de 2015 en la EES9 Claudia Falcone. “Es importante que ellos tengan un espacio único, un lugar donde se sientan libres, porque quizá en sus casas no lo tienen. Acá se les permite el desarrollo desde lo lúdico, trabajamos la estimulación temprana y eso se nota.”

Las docentes de las salas maternales se vinculan con los jóvenes padres, madres o hermanos y les ofrecen apoyo y consejos para la crianza. Cintia, también docente, reconoce que este es un trabajo muy diferente al de otras salas. “Tenemos otro contexto. Tratamos de mantener un contacto directo con los adolescentes,” cuenta.

La cercanía a las aulas además permite a los adolescentes visitar a sus hijos en los recreos o amamantar. “A la salita bajo cada hora, cada hora y media, a ver si Benjamín quiere teta. A veces bajo y me quedo en la escalera para escuchar si llora o no. Y si no llora me voy tranquila,” cuenta Luciana, una estudiante de 16 años que tuvo que dejar la escuela cuando nació su hijo. Ahora, dice que “sí o sí quiero terminar”.

En las escuelas que participan del programa, los adolescentes acceden a espacios para reflexionar y debatir sobre temas relacionados a la primera infancia, la juventud, la educación y la sexualidad. Allí reciben apoyo para llevar adelante su nuevo rol como padres o cuidadores y para seguir estudiando.

“La salita a mí me ayudó, me ayuda un montón. Me facilitó que pueda estudiar. A veces se me complica un poco, pero yo quiero seguir estudiando, quiero terminar el colegio,” afirma Candela. “Quiero terminar porque sé que si termino voy a conseguir un trabajo seguro y voy a poder darle todos los gustos a él (Nicolás). Quiero que no le falte nada.”