Las peleas entre hermanos: algunas claves para evitarlas y gestionarlas
Los adultos deben actuar como guías y no como jueces y entender qué fue lo que generó esa situación para enseñarles cómo solucionarla sin violencia
Es imposible evitar que los niños y niñas de la familia se peleen. Sentimientos de inseguridad o angustia pueden llevarlos a que se quieran desquitar con sus hermanos. A veces puede ser una competencia por el amor de sus padres o porque sienten que existen diferencias en la forma en la que son tratados en casa. Por eso es importante que los adultos se intenten de que cada hijo e hija sienta que tiene el mismo nivel de atención y que no noten diferencias evidentes que puedan generarles celos y rivalidad.
Estos celos pueden ser generados por diferentes razones, desde la llegada de un nuevo hermano o hermana, hasta las comparaciones que los adultos puedan realizar entre ellos o incluso cambios notorios y sostenidos en las actitudes de los padres. Sea cual sea el motivo, suele suceder ante situaciones de inseguridad.
¿Y las peleas entre hermanos?
Es importante marcarles que por más comunes que sea que los hermanos se peleen, las peleas deben tener un límite. No se pueden soportar permanentemente gritos o agresiones. Por eso, los adultos deben actuar como guía y contención s para que la convivencia sea buena.
La paciencia y la calma son esenciales para evitar que las peleas de hijos e hijas vayan en aumento. Antes de explicarles cómo debieron actuar ante una situación, son los adultos los que deben intentar estar calmados, evitando escalar la tensión. Padres y madres deberían, además, entender qué fue lo que causó la pelea para buscar una solución justa para todos. Y importa qué hermano lo inició: el mayor no tiene que ceder siempre por sobre los más chicos de la familia. Una vez que se comprendió lo que sucedió, es momento de demostrar que los conflictos pueden arreglarse de otras maneras y no o se solucionan a los golpes o gritando, la postura calma de las figuras adultas en este momento es muy importante para demostrar otros manejos de la ira.
¿Qué aprender de los hermanos?
Tener hermanos enseña a convivir y de que se debe renunciar a ciertas cosas, colaborar, compartir y adaptarse a diferentes situaciones. Compartir entre hermanos prepara a niños y niñas para la vida adulta porque es una forma de aprender que no se puede tener todo ni, mucho menos, ser el centro de atención.
Consejos para evitar peleas entre hermanos
- No intervenir, excepto que la pelea pase a mayores; lo ideal es que lo puedan solucionar entre ellos.
- Evitar frases tajantes que los hagan ver como rivales, como “no se van a llevar bien nunca”.
- Dar el ejemplo y evitar insultos y gritos es la mejor manera de enseñarles a cómo comportarse.
- No darle la razón a uno sobre el otro; no ser jueces.
- Ante golpes, deben recibir el mismo rezongo y poner el foco en que la violencia no resuelve conflictos.
- No castigar mandándolos a hacer deberes: el estudio nunca puede ser un sinónimo de castigo porque, de esa manera, será rechazado.
- No forzarlos a que se perdonen; los niños y niñas no perdonan de manera inmediata y si se los fuerza esas disculpas no serán verdaderas.
- Evitar las comparaciones entre hermanos y aprender a respetar sus diferencias.
- Intentar, después de que baje la tensión, generar instancias de reflexión sobre las consecuencias de sus actos y el impacto afectivo en los demás.
Qué hacer ante la rivalidad entre hermanos
En primer lugar, se les debe dar confianza y seguridad y una buena manera es resaltar sus aspectos positivos. Por otro lado, reforzar que todos somos únicos e irrepetibles y dejar que cada uno pueda desarrollar sus propios intereses. Eso no significa complacerlos en todo. De hecho, es importante demostrarles que no se tiene que recibir atención todo el tiempo para ser queridos y valorados.
Como adultos, tampoco se pude reprimir el enojo de niñas y niñas. En todo caso, se les puede enseñar a hablar de lo que les pasa para que puedan sustituir golpes por palabras. No hay sentimientos que están bien y otros están mal; el punto es qué se hace con eso que se siente y el efecto que tenga en los demás. Se puede sentir bronca por algo que hizo o dijo un hermano, pero una cosa es decirlo y otra es querer hacerle daño.