“Vivimos el día”: una madre busca recuperar la calma tras los terremotos de Venezuela
En un campamento de La Guaira, Nazareth cuida a sus tres hijos y recibe apoyo emocional, mientras sus hijas encuentran en un espacio amigable de UNICEF un lugar seguro para jugar y aprender.
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Primero hubo un bajón de luz. Después llegó un sonido que Nazareth todavía no consigue olvidar.
“Era como si el monstruo se estuviera levantando”, recuerda.
Nazareth, de 34 años, estaba acostada junto a su bebé de dos meses cuando la cama comenzó a moverse. Se levantó rápidamente, tomó al niño en brazos e intentó salir de la habitación, pero la puerta no abría.
Cuando finalmente logró llegar al patio, tuvo que separar las piernas y apoyarse con firmeza para no caer. Frente a ella, las montañas parecían moverse.
“Lo agarré a él. Salí al patio y me tuve que parar firme porque me iba a tumbar. Fue horrible, el sonido más que todo”, cuenta.
Sus dos hijas, de 13 y 10 años, se encontraban con su cuñada cuando los dos terremotos de magnitud 7,5 y 7,2 sacudieron Venezuela el 24 de junio. Aunque la familia consiguió reunirse, su vida cotidiana cambió desde aquel momento.
Durante los días siguientes, Nazareth y sus hijos estuvieron entre plazas, zonas montañosas y otros lugares, sin permanecer en su casa. En ese periodo, cuenta, su bebé sufrió una insolación.
Cuando Nazareth escuchó que en uno de los campamentos transitorios había atención médica, decidió llevarlo.
“Me dijeron que aquí había doctores y lo traje. Como vi la cosa más planita, dije: ‘Me voy a quedar aquí’”, relata.
“Uno tenía tranquilidad y no lo sabía”
Aunque ha regresado algunas veces a su vivienda, Nazareth dice que ya no se siente segura allí. Al entrar, comienza a marearse y teme que la tierra vuelva a temblar.
Incluso sonidos cotidianos pueden hacerla revivir lo ocurrido.
“Pasa un helicóptero por arriba y siento que la casa vibra. Empieza el pánico, la angustia de que otra vez vuelva a temblar”, explica.
Antes de los terremotos, Nazareth estaba en casa con sus hijos. Al recordar aquella rutina, dice que entonces también sentía que estaba “guerreando” y “luchando”, pero la emergencia cambió su perspectiva.
“Esta es la verdadera lucha. Uno tenía tranquilidad y no la sabía”, cuenta. “Ahora es un constante pánico”.
Nazareth cuenta que ya sufría ansiedad y que cree que ahora ha empeorado. También dice que le han explicado que el posparto puede estar mezclándose con el impacto de la emergencia.
Hay momentos en los que se siente bien y otros en los que el miedo regresa.
“Para mí fue como antier. Revivo eso y empiezo a sentir, desde los pies para arriba, como un frío”, cuenta.
Nazareth también habla del cansancio que supone cuidar sola de sus tres hijos en medio de la emergencia.
“A veces pienso que no puedo con el bebé. Me siento cansada y soy yo con ellos”, explica.
Un espacio para volver a ser niñas
En el campamento, las hijas de Nazareth participan en actividades recreativas y educativas en un espacio amigable para la infancia apoyado por UNICEF. Allí dibujan, colorean, juegan y comparten con otros niños y niñas.
“En situaciones de emergencia, estos espacios ofrecen a los niños, niñas y adolescentes un entorno seguro y protector donde pueden recuperar algunas rutinas, recibir acompañamiento y expresar lo que sienten”, explica Catalina Fernández, especialista en Protección de la Infancia de UNICEF. “A través del juego, recreación y actividades psicosociales, también pueden hacer nuevas amistades y volver a hacer algo esencial para su bienestar: jugar”.
Nazareth ha visto cómo sus hijas han ido encontrando su lugar en ese espacio.
“Allá tienen un horario, como una escuelita. Dibujan, colorean y hacen dinámicas”, cuenta. Al preguntarle si han hecho nuevas amistades, responde: “Sí, bastante, y más que todo ahí, en la escuelita de UNICEF”.
Nazareth también ha recibido apoyo relacionado con la lactancia materna y ha sido invitada a acceder al acompañamiento psicosocial disponible. Los equipos que trabajan en el campamento la visitan y conversan con ella.
“Aparte de que UNICEF está pendiente de nosotros, ya nos conocen. Me vienen a buscar, me visitan. Están las muchachas de lactancia materna y los doctores de aquí mismo”, cuenta.
En medio de la emergencia, Nazareth dice que la lactancia le proporciona “un poco de alivio” y la ayuda a concentrarse en su bebé.
“Me entrego más a él”, explica.
“Aparte de que UNICEF está pendiente de nosotros, ya nos conocen. Me vienen a buscar, me visitan. Están las muchachas de lactancia materna y los doctores de aquí mismo”, cuenta.
Una comunidad que se cuida
La vida en el campamento continúa marcada por la incertidumbre. Nazareth arregla el espacio donde duerme su familia, conversa con otras personas y atiende las necesidades de sus hijos.
“Vivimos el día”, dice.
Entre las familias también han surgido redes espontáneas de solidaridad. Los vecinos se cuidan mutuamente y comparten lo que tienen.
“Nos ayudamos, nos echamos un ojito”, cuenta Nazareth.
Entre las familias también comparten ropa para los bebés.
“La ropita que no les sirve, yo se la paso a cualquiera que le sirva”, explica.
Esta solidaridad le permite sentirse acompañada, pero no borra las pérdidas ni el temor. Algunos de sus familiares y conocidos sufrieron graves consecuencias por los terremotos. Su hermano perdió su apartamento y otras familias continúan afrontando la ausencia de sus seres queridos.
Nazareth continúa concentrada en sus tres hijos, las “tres vidas” que, dice, tiene en sus manos.
Aun viviendo con incertidumbre, Nazareth encuentra consuelo en su fe y en las personas que se acercan para acompañarla.
“Siento que, de una manera u otra, yo tengo respuesta de Dios, así sea en una bandejita o a través de ustedes, que llegan personas que me dan aliento”.
La respuesta de UNICEF a la emergencia
Desde los primeros días posteriores a los terremotos, UNICEF trabaja junto con las autoridades, el sistema de las Naciones Unidas y organizaciones aliadas para atender las necesidades urgentes de los niños, niñas, adolescentes y sus familias.
En La Guaira se han habilitado espacios amigables para la infancia en campamentos transitorios, donde niños, niñas y adolescentes acceden a actividades recreativas y educativas, apoyo psicosocial, información de protección y servicios especializados cuando son necesarios.
UNICEF también ha desplegado suministros y personal adicional para apoyar intervenciones de salud, nutrición, agua, saneamiento e higiene, protección infantil y educación. La respuesta incluye materiales médicos, artículos de agua y saneamiento, kits de salud de emergencia, tiendas y materiales recreativos para los espacios destinados a la infancia.
Para proteger especialmente a los bebés y niños pequeños, UNICEF participa, junto con las autoridades sanitarias y otras organizaciones, en la coordinación de acciones destinadas a promover y apoyar la lactancia materna y una alimentación adecuada durante la emergencia.
Mientras las familias afectadas comienzan su camino hacia la recuperación, UNICEF y sus aliados continúan trabajando para que cada niño y niña pueda estar protegido, recibir atención y volver a sentirse seguro.