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El sol ardía un martes en la bajada de una de las tantas lomas de la comunidad de Santa Cruz, ubicada en el distrito de La Chorrera, al oeste de la capital panameña. Yesenia, de 40 años y madre de cinco, la bajó caminando con su pequeña Ziara de un año, al hombro, mientras con la otra mano sostenía al inquieto Caleb de 4 años.
Iban como todos los martes y jueves al encuentro comunitario del programa “Creciendo contigo”, un proyecto del Ministerio de Desarrollo Social con apoyo técnico y financiero de UNICEF, y ejecutado en la provincia de Panamá Oeste gracias a los fondos de Kimberly Clark.
Los encuentros comunitarios son sesiones de entre 2 y 3 horas en las que participan de 12 a 15 niños y niñas con sus madres o algún familiar que ejerza el rol de cuidador. Estos encuentros son fundamentales en zonas en las que las familias no tienen acceso a servicios integrales de primera infancia y la escuela no ofrece preescolar.
En La Chorrera, distrito en el que vive Yesenia, hay 9 comunidades en las que se implementa este proyecto modelo. Tres de ellas están catalogadas como de difícil acceso y dos como zonas de alto riesgo social. Cada una de las nueve áreas donde se dan las sesiones cuenta con una agente comunitaria del lugar que fue capacitada previamente en desarrollo infantil, vínculo amoroso y diferentes tipos de apego. La esencia de las sesiones es fortalecer ese vínculo amoroso a través del juego.
A pesar de la gratuidad y lo novedoso de este servicio en la comunidad, no en pocas ocasiones hay que persuadir a las madres para que lleven a sus hijos a los encuentros a pesar de vicisitudes como el clima, la dispersión geográfica, los largos caminos –hay madres que tiene que caminar hasta dos horas para llegar a los encuentros– el trabajo de cuidados, el trabajo informal, etc.
Yesenia saca tiempo de donde no tiene para asistir. Dice que las sesiones le han ayudado bastante a sus hijos: “Caleb ahora habla, juega, comparte…antes le costaba mucho desenvolverse”.
A Ziara le ayuda a drenar la energía, le brinda un espacio para expresar su creatividad y termina por conciliar mejor el sueño de las siestas, algo que también se reflejó en el bienestar de Yesenia, quien a ratos no sabía cómo canalizar la energía de la pequeña.
Pero ella también ha aprendido. Ahora interactúa mejor con sus hijos más pequeños de maneras en las que antes no hacía: juega con ellos, se sienta a comer con ellos y no pierde la paciencia como antes. Los educa con más amor, más paciencia.
Boris, el padre de los niños, también juega con ellos ahora después que Caleb le dijera “la maestra dice que tienes que jugar con nosotros”. A partir de allí han sido cuentos, tardes de beisbol, pelota y cantos. Boris aprendió a disfrutar mucho de este espacio con los niños en ese tiempo que le queda entre sus dos trabajos, la finca familiar por las mañanas y una empresa avícola por las noches.
Corregimiento de Santa Cruz en la provincia de Panamá Oeste.