¿De qué seríamos capaces si todos saliéramos a jugar?

El deporte como herramienta para la recuperación de los niños y niñas después de los huracanes Mathew e Irma.

Por: Marta López, UNICEF Cuba
UNICEF Cuba/2018
UNICEF Cuba/2018

¿De qué seríamos capaces si todos saliéramos a jugar?

LA HABANA - Cuando el huracán Matthew azotó la provincia oriental de Guantánamo en Cuba en octubre de 2016, el daño fue severo. El año pasado, al llegar a Baracoa, un vistoso cartel daba la bienvenida a los viajeros con el mensaje: 'Baracoa se levanta'. Es verdad. La infraestructura de Baracoa había sido reparada, pero el letrero parecía apuntar a la esperanza y determinación de la gente para seguir adelante. Si bien no hubo pérdida de vidas humanas, el daño material había tenido un elevado coste. La historia se repitió en septiembre pasado, cuando el huracán Irma causó nuevos grandes daños en la isla.

El kit de recreación de UNICEF siempre es una referencia vez cuando hablamos con maestros y niños sobre las donaciones más útiles que habíamos hecho para la recuperación de los niños y niñas después de los huracanes Mathew (octubre de 2016) e Irma (septiembre de 2017). Ayudó a los maestros a mantener a los estudiantes ocupados para que pudieran continuar con la limpieza. Para los niños, los balones, las cuerdas para saltar y los coloridos paracaídas eran una licencia para sonreír y ser juguetones nuevamente, a pesar de la gravedad de la situación. Cuando jugamos nos dejamos llevar por el momento; nos enfocamos en objetivos prácticos e inmediatos, dejando atrás las preocupaciones a más largo plazo que nos causan estrés. Jugar al balón con cientos de niños y niñas en la escuela especial Perúcho Figueredo y Cisneros en Baracoa evidencia el impacto de la recreación como parte de una respuesta de emergencia al trauma y al estrés.

¿Has practicado deportes de equipo desde que eras un niño? ¿Cuándo fue la última vez que experimentaste esa emoción de algo tan aparentemente insignificante como pertenecer al equipo que mete gol, o al que pierde el partido? ¿Has intentado jugar con personas con las que crees que no tienes nada en común?

Los deportes pueden ayudar en casi cualquier problema social. Cada vez más son una herramienta en los programas humanitarios y de desarrollo. Desde 2013, el 6 de abril se ha celebrado como el Día Internacional del Deporte para el Desarrollo y la Paz.

Sin embargo, muchos siguen sin estar convencidos de su impacto y son reacios a su uso más amplio y sistemático. ¿Por qué? Quizá porque o no lo han vivido ellos mismos o no lo han visto en acción.

Crecí jugando al fútbol en mi ciudad natal española. No había mucho más que hacer, y nuestro equipo femenino no tenía grandes aspiraciones para ganar el torneo de fin de verano. Pero aunque no lo sabíamos entonces, nuestros partidos estaban forjando amistades y habilidades, haciendo que los jóvenes fuesen activos e inculcando respeto y tolerancia entre los equipos rivales, niñas que de otra forma nunca hubiéramos conocido o con las que no nos hubiéramos molestado en jugar.

En Cuba los niños, niñas y adolescentes juegan, crecen y aprenden unos de otros gracias a las iniciativas deportivas dirigidas por el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación y con el apoyo de UNICEF. Equipos mixtos de fútbol de niñas y niños y equipos de adolescentes con y sin discapacidades están desafiando los estereotipos de género y desafiando las normas sociales profundamente arraigadas que dificultan la inclusión y la diversidad.

Los docentes son una parte crucial de esto. En Cuba, una isla de más de 11 millones de personas, de las cuales el 20% son menores de 18 años y la matrícula escolar en los niveles primario y secundario es casi del 100%, los espacios deportivos y recreativos incluyen una oportunidad enorme y emocionante para construir una cultura inclusiva.

La exclusión social se basa en una variedad de factores: religión, género, etnia, idioma, orientación sexual, ubicación geográfica y capacidad física o intelectual. De lo que resulta discriminación y desigualdad.

Con demasiada frecuencia, los mitos, la falta de exposición y el comportamiento heredado nos privan de la oportunidad de aprender y crecer junto a personas que son diferentes a nosotros. Si nos tomamos en serio hacerlos realidad, la inclusión, la diversidad y la igualdad son palabras que necesitan cobrar vida a partir de informes y libros, y saltar a campos de fútbol, campos de baloncesto y áreas de juegos.

En cuanto a mí, muchos veranos después, disfruto jugardo todos los miércoles con un grupo maravillosamente diverso de mujeres en La Habana a quienes de otra manera no hubiera conocido. Mientras jugamos con "otros" nuestras redes de referencia se expanden, nuestras expectativas se adaptan y nuestra tolerancia crece. No somos tan diferentes después de todo.

¿Puedes imaginar de lo que seríamos capaces si todos saliéramos a jugar?

 

Última actualización: 15 de marzo de 2018.