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Volver a empezar con esperanza: Ana tras ser deportada y su regreso a Guatemala

Niñez y adolescencia en contexto migratorio

Pilar Escudero
Ana mirando hacia el horizonte
UNICEF/UNI872644/Echeverría
05 Diciembre 2025

Huehuetenango, Guatemala.  Ana * tiene 16 años y una sonrisa tímida que se ilumina cuando habla de sus sueños. Le gusta salir con sus amigos, jugar fútbol y convivir con sus compañeros de la escuela. Sueña con terminar sus estudios y convertirse en maestra de educación infantil. “Quiero enseñar a los niños, que aprendan y se sientan felices en la escuela”, dice con ilusión.

Es la más pequeña de seis hermanos y vive junto a su madre y su padre en una comunidad del departamento de Huehuetenango. Como muchas familias guatemaltecas, la situación económica ha sido difícil. Por eso, Ana y su papá decidieron migrar. Su esperanza era encontrar oportunidades para apoyar a su madre y continuar los estudios que tanto anhelaba.

“El trayecto fue una experiencia horrible”, recuerda Ana. “Sentí mucho miedo en el camino. No es nada fácil, uno aguanta frío, hambre y sed. Tuvimos que dormir en el suelo, sin cobijas para taparnos”.

Ana

Al llegar a la frontera de Estados Unidos fueron detenidos. “Nos sacaron del cuarto donde estábamos encerrados y nos subieron a un bus. A mi papá le pusieron cadenas en las manos y en los pies, igual que a otras mujeres adultas”, cuenta. “Nos subieron a un avión a las tres de la mañana. No sabíamos a dónde ibamos”.

Durante el vuelo, Ana miró por la ventana y preguntó a su padre: “¿Papá, será que en Estados Unidos las casas tienen tejas?”. Él le respondió que seguramente había edificios. Poco después, una persona vio por la ventanilla una bandera de Guatemala. “Ahí todos empezaron a llorar. Nos dimos cuenta de que nos habían regresado. Muchas mujeres decían: ‘Hipotequé mi casa, pedí dinero prestado, ya no tengo nada’”, recuerda con tristeza.

atencion en unidad movil
UNICEF/UNI872649/Echeverría

Volver a Guatemala no fue fácil. Las familias retornadas enfrentan con frecuencia el rechazo, el estigma y la incertidumbre. “A veces es difícil continuar con mis estudios porque mis papás no tienen dinero para el pasaje o los materiales de la escuela”, cuenta Ana.

Para acompañar a adolescentes como ella, UNICEF, con el apoyo financiero del Gobierno de Japón y socios locales, brindan atención psicosocial a niñas, niños y familias deportadas, ayudándoles a reconstruir su vida y reintegrarse en sus comunidades de origen.

En los departamentos de Huehuetenango, San Marcos, Quiché y Quetzaltenango, UNICEF ha desplegado equipos integrados por psicólogos, trabajadores sociales y educadores, que ofrecen acompañamiento emocional y elaboran planes individualizados para cada niña o niño. Además, dan seguimiento en áreas remotas, ofrecen atención en idiomas mayas y culturalmente pertinentes a familias que se identifican como parte de los pueblos originarios.

Ana en su escuela
UNICEF/UNI872654/Echeverría

 “Nos enfocamos en el acompañamiento psicosocial de niñas, niños y adolescentes retornados. Hacemos visitas domiciliarias, generamos confianza y analizamos cada caso para elaborar un plan de atención según las necesidades de la familia”

Adelina Jiménez Ortiz, Técnica de Campo de UNICEF y Pop No'j

“Cuando conocí a Ana, era una niña muy tímida y retraída”, recuerda Adelina. “Sufrió mucho en el camino, pero con la ayuda emocional que recibió, hoy vemos a una joven con ilusiones, que participa en las actividades y está dispuesta a luchar por alcanzar sus sueños”.

En una de las sesiones grupales organizadas por UNICEF y su socio local Asociación Pop No´j, Ana participa con otras y otros adolescentes que también vivieron experiencias de migración. A través de dinámicas, juegos y conversaciones guiadas, aprenden sobre sus emociones, sus derechos y entablan amistades que facilitan su reintegración. 

“La psicóloga me ha hablado sobre mis derechos, la importancia de la educación y los valores. Me gusta porque en mi casa casi no se hablan esos temas. Me siento bien cuando vienen a visitarme, hacen actividades conmigo y me ayudan a pensar en lo que siento”, cuenta Ana.

Recuerda con cariño una de las dinámicas más significativas: “Me dieron una botella para llenarla con papelitos donde debía escribir cómo me he sentido y qué me gusta hacer. Fue muy bonito, porque me hizo pensar en mí misma y en lo que quiero para mi futuro”.

Ana
adolescente migrante recibiendo terapia
UNICEF/UNI872660/Echeverría

El acompañamiento psicosocial no se limita al momento del retorno. Los equipos de UNICEF dan seguimiento a cada caso, asegurando que niñas, niños y adolescentes puedan acceder a servicios de salud, educación y protección en sus comunidades.

Entre marzo y septiembre del 2025, 436 niñas, niños y adolescentes retornados recibieron seguimiento psicosocial en sus comunidades de origen: 163 en Huehuetenango, 105 en San Marcos,  121en Quiché y  47en Quetzaltenango. Cada historia refleja un proceso distinto, pero todos comparten un mismo objetivo: reconstruir la confianza y fortalecer los lazos familiares y comunitarios.

“Antes me daba miedo hablar, ahora me siento más segura”, dice Ana con una sonrisa. “Quiero seguir estudiando y salir adelante”.

Historias como la de Ana muestran cómo la atención psicosocial puede transformar vidas, ayudando a niñas, niños y adolescentes retornados a superar el miedo, reencontrarse con su identidad y construir un futuro con esperanza.

Con el compromiso de aliados como el Gobierno de Japón y el trabajo conjunto entre UNICEF, el Ministerio de Educación, la Secretaría de Bienestar Social de la Presidencia y organizaciones locales, cada niña y cada niño tiene la oportunidad de volver a empezar.

* Ana, nombre ficticio para proteger su identidad.