Tras la deportación, una familia guatemalteca reconstruyen su vida
Apoyo a la niñez y familias en contexto migratorio
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Yesenia*, una madre de 27 años de una comunidad maya en Huehuetenango, Guatemala, soñaba con una vida mejor para sus cuatro hijos: María (10), Sofía (8), Juan (6) y Ana (1 año y medio). Hace seis años, su esposo Miguel emigró a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades para sostener a la familia. Trabajó en la cosecha de ramas de palma y enviaba remesas para que pudieran salir adelante. “Él quería un futuro en el que nuestros hijos pudieran prosperar”, recuerda Yesenia, con una voz que refleja el peso de su historia.
Hace dos años, Yesenia decidió unirse a Miguel en EE. UU. junto con sus tres hijos, decidida a mantener a la familia unida. El viaje fue arduo, pero en ese país nació su cuarta hija, Ana, un momento de alegría en medio de los desafíos de su nueva vida. “Estábamos juntos, y eso lo hacía valer la pena”, cuenta Yesenia. “María hablaba de convertirse en maestra, y Sofía quería ayudarme con los pequeños.”
Esa felicidad se vio truncada cuando Miguel fue deportado hace pocas semanas. Sin sus ingresos, Yesenia ya no pudo sostener a la familia en Estados Unidos. “No podía permitir que mis hijos pasaran hambre y no tenía ingresos para pagar la renta”, explica. “Regresar a Guatemala fue nuestra única opción, pero temía lo que iba a suceder; en Guatemala no hay trabajo.”
Ya de regreso en Huehuetenango, Yesenia escuchó, a través del altavoz de una unidad móvil, sobre el apoyo a familias retornadas, un servicio brindado por UNICEF, financiado por el Gobierno de Japón y con el apoyo de su socio local Pop No’j.
Un punto de inflexión llegó cuando Yesenia y sus hijos participaron en un taller comunitario de reintegración. El taller reunió a familias que habían vivido experiencias similares de migración y deportación. “Al principio estaba nerviosa”, admite Yesenia, “pero conocer a otros que habían pasado por lo mismo me hizo sentir menos sola”,
María y Sofía hicieron amistad con otros niños, mientras Yesenia encontraba conexión con padres que compartían sus luchas. “Reímos y nos dimos cuenta de que podíamos apoyarnos mutuamente”, cuenta. Estas nuevas amistades ayudaron a combatir la soledad y el estigma que a menudo enfrentan las personas retornadas, fomentando un sentido de comunidad.
El apoyo también conectó a la familia de Yesenia con servicios esenciales. UNICEF y Pop No’j ayudó a inscribir a los niños en una escuela local, para que María pueda perseguir su sueño de convertirse en maestra. De marzo a junio de 2025, UNICEF y sus socios dieron seguimiento a 241 niños, niñas y adolescentes en los cuatro departamentos priorizados: 61 en Quiché, 84 en San Marcos, 20 en Quetzaltenango y 76 en Huehuetenango. Además, 335 funcionarios gubernamentales fueron capacitados para fortalecer la coordinación y brindar apoyo culturalmente pertinente a las familias mayas retornadas.
“Estos talleres nos devolvieron la esperanza”, afirma Yesenia.“Vi a otras familias reconstruyendo sus vidas y eso me hizo creer que nosotros también podíamos hacerlo.”
El equipo de UNICEF y Pop No’j sigue visitándolos, asegurando su acceso a educación y servicios de salud en su comunidad rural. “María estudia con empeño, Sofía está creciendo fuerte y hasta Juan está entusiasmado con la escuela”, comparte Yesenia, con la mirada llena de posibilidades.
“La migración está impulsada por la pobreza, la violencia, la falta de oportunidades y la reunificación familiar”, explica Estuardo Sánchez, Oficial de Protección de la Niñez de UNICEF en Guatemala. “A través de nuestra alianza con el Gobierno de Japón y organizaciones como Pop No’j, estamos ayudando a familias como la de Yesenia a reconstruir con dignidad y apoyo comunitario.” En 2024, más de 76,000 guatemaltecos fueron retornados, incluidos 8,400 niños y niñas, de los cuales el 51% se identificó como maya. Los esfuerzos de UNICEF, incluidos los talleres de reintegración, están creando redes de solidaridad que ayudan a las familias a superar el aislamiento y el estigma.
Ahora, Yesenia ve un futuro para su familia. “Ya no estamos solos”, dice.
*Nombre ficticio para proteger su identidad.