Pantallas en la primera infancia
Lo que necesitás saber
Celulares, tablets, televisión y otros dispositivos forman parte de la vida cotidiana. Muchas veces sentimos que nos ayudan a resolver un momento difícil o permiten que las personas adultas tengamos unos minutos para otras tareas. Durante los primeros años de vida, sin embargo, se sabe que el uso de pantallas interfiere con experiencias que son fundamentales para el desarrollo.
¿Por qué no usar pantallas en la primera infancia?
La Organización Mundial de la Salud y la Sociedad Argentina de Pediatría recomiendan evitar el tiempo de pantalla antes de los dos años, y limitarlo a una hora diaria como máximo entre los dos y los cinco. Esta recomendación está respaldada por evidencia sobre el impacto del uso temprano de pantallas en como piensan y aprenden, en la atención y en otras dimensiones del crecimiento saludable en la primera infancia.
Cuando un bebé o un niño pequeño mira una pantalla, recibe estímulos visuales y sonoros con un nivel de intensidad alta que pueden ser difíciles de procesar. El uso frecuente de pantallas también puede quitarle tiempo a otras actividades importantes para esta etapa: jugar, moverse con libertad, dormir lo suficiente y compartir momentos con la familia.
Recomendaciones para un uso restringido después de los dos años
Entre los dos y los cinco años, conviene limitar el tiempo de exposición a máximo una hora diaria, idealmente en dos bloques de media hora o 3 de 20 minutos. Además, los expertos recomiendan:
Elegir contenidos de calidad, en lo posible, diseñados para la edad. Con ritmo lento y edición simple, escenas que duran lo suficiente como para seguirlas, sin la velocidad habitual de los contenidos audiovisuales.
Ausencia de violencia, sustos o suspenso intenso, y sin publicidad incorporada al contenido.
Episodios cortos, que cuenten una historia breve, acordes al tiempo de atención de la edad.