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Cuidarte a vos también es parte de criar

Cuando pensamos en la crianza, solemos poner el foco en lo que necesitan las niñas y los niños.

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UNICEF Argentina
07 Agosto 2026

Cuando pensamos en la crianza, solemos poner el foco en lo que necesitan las niñas y los niños. Pero hay algo que suele quedar afuera de esa conversación: ¿qué necesitan madres y padres para poder sostener ese acompañamiento día a día? 

Bebé comiendo

Criar implica estar disponible, regular emociones —las propias y las de las hijas e hijos—, sostener rutinas y tomar decisiones todo el tiempo. Es un trabajo que rara vez se detiene, y en ese ritmo es habitual que las propias necesidades pasen a un segundo plano. 

Ese descuido tiene un costo: el estrés se acumula, y procesarlo no siempre es fácil. Así, cuesta más responder con calma, sostener la paciencia o disfrutar los momentos compartidos. 


La crianza transforma también a quien cría. Con la llegada de una hija o un hijo —y a medida que crecen— se movilizan emociones, recuerdos de la propia infancia, expectativas y maneras de vincularnos que muchas veces pasan inadvertidas. 


Es habitual encontrarse con límites, miedos o reacciones que nos sorprenden. La paciencia puede ponerse a prueba, aparecen preocupaciones nuevas y, a veces, resurgen experiencias personales que creíamos resueltas. Entender que la crianza es también un proceso de transformación para quien cría permite vivir esta etapa con menos exigencia y más compasión hacia los adultos que cuidan.

También nos ayuda a registrar que el autocuidado es tan importante como aprender nuevas formas de educar basadas en la crianza respetuosa. Porque el respeto es también por las necesidades de las y los adultos. 


Para muchas personas, además, pedir ayuda puede sentirse como que las cosas no las estamos haciendo suficientemente bien. Habilitarse a pedir una mano o buscar compañía también es parte de sostener la crianza con presencia.


Nene estudiando

Algunas formas de incorporar el autocuidado a la rutina, sin que se convierta en una tarea o un gasto más: 

Autocuidado
  • Un rato para uno mismo. No hace falta que sea mucho tiempo. Unos minutos de pausa, aunque sea tomar un café en silencio o salir a caminar, ayudan a recargar energía para seguir. 
  • Un espacio en la casa. Un rincón, aunque sea chico, donde podamos hacer algo que nos guste: leer, ver la tele, escuchar música, o simplemente estar ahí. 
  • Alguien con quien hablar. Identificar a una persona de confianza —pareja, familia, amigos, amigas— con quien poder contar cómo uno se siente y pedir una mano cuando la necesitamos. Puede ser un mate con la vecina, una llamada a un amigo o una charla con otro papá a la salida del jardín: lo que ayuda es sentirse acompañado en la crianza. 
  • Un momento para compartir en pareja. Puede ser bueno pedir ayuda para armar una salida o una actividad o simplemente conversar con tu pareja, que te permita conectar sin estar pendiente en ese momento del cuidado. 
  • Rutinas que se sostengan. Dormir lo suficiente, comer bien, moverse un poco. Son cosas básicas, pero son las primeras que se dejan de lado cuando las horas del día parecieran no alcanzar. 
  • Jugar también para vos. El juego conecta con las niñas y los niños, y compartirlo también puede ser una forma de autocuidado para quienes cuidan. Un rato de juego en familia alivia tensiones y renueva energía también en los adultos

Repartir las tareas de la casa  con otros cuidadores o con la propia red de apoyo es otro punto clave: el autocuidado se sostiene cuando las tareas de la crianza no recaen en una sola persona. 

Una forma de que estas ideas no queden solo como buenas intenciones es agendarlas: anotar ese rato para vos como se anota cualquier otro compromiso, y notificar el plan a la familia para que el sostén sea compartido.