DANZAR POR LA PAZ a beneficio de UNICEF – 17 de junio, 20:30hs – Teatro El Nacional Sancor Seguros
Click to close the emergency alert banner.

Apuestas online: de la preocupación a la acción

En la Argentina, el 24% de las y los adolescentes de entre 12 y 17 años ya apostó dinero en línea alguna vez, según el reciente estudio Kids Online Argentina de UNICEF. De qué se trata esta problemática y cómo abordarla.

Por Mercedes Funes
Un nene juega con su celular
UNICEF/UNI914094/Kruchkova
23 Enero 2026

Todas las alarmas sonaron juntas cuando docentes, psicólogos y especialistas empezaron a llamar la atención sobre chicas y chicos que estaban apostando con sus teléfonos dentro de la escuela. Luego, llegaron los primeros casos a los medios; adolescentes en situaciones dramáticas por endeudamientos de juego. ¿Qué nivel de gravedad tenía el fenómeno?

El estudio Kids Online Argentina desarrollado por UNICEF Argentina y UNESCO, que relevó la voz de más de 5.900 niñas, niños y adolescentes del país, aporta luz sobre esta problemática. El resultado fue claro: el 24% de las y los adolescentes de entre 12 y 17 años ha apostado en línea alguna vez.  Entre los adolescentes de 9 a 17años, más del 60% conoce a alguien que apostó dinero online. No se trata de un consumo aislado, sino de una práctica masiva que avanza con rapidez y pone en riesgo derechos básicos de niñas, niños y adolescentes. 

Para ofrecer información fundamentada y herramientas para familias y docentes, UNICEF junto a la organización Bienestar digital presentó la Guía Zoom sobre apuestas online en adolescentes. El documento hace foco en los derechos y responsabilidades dentro del marco de la ciudadanía digital y propone orientaciones prácticas: conversar sobre los usos digitales, habilitar las billeteras virtuales desde la autonomía progresiva, acordar reglas y límites, debatir el rol de los influencers y la publicidad de apuestas, concientizar sobre estafas y fraudes, y fomentar alternativas al uso intensivo de tecnología. 

Riesgos reales en un mundo virtual

Lucía Fainboim, cofundadora de Bienestar Digital, propone esta imagen: “Si yo pienso en un chico que está solo hasta las 3 de la mañana en un casino, me va a parecer un espanto, un horror. Las apuestas virtuales son exactamente lo mismo, no es menos real lo que pasa ahí. Está la sensación de que lo que ocurre en Internet es menos grave, que no pasa nada. Pero hay que empezar a entender que ambos son mundos reales”, explica la especialista. También destaca el rol de la escuela en detectar estos problemas, al señalar que fueron los y las docentes los primeros en advertir que no era raro ver a chicos y chicas apostando en el recreo o sacando el celular dentro del aula. “No hay otro caso donde en tan poco tiempo haya penetrado tan masivamente una práctica como esta, que identificamos después del último Mundial de fútbol”.

En la Argentina, el juego de azar está prohibido para menores de 18 años. Existen sitios de apuestas online legales (regulados por las jurisdicciones provinciales) y sitios ilegales. En estos últimos, basta con tildar una casilla para indicar que quien ingresa es mayor de edad; no tienen ninguna regulación, no pagan impuestos. La oferta es diversa: hay deportes, pero también un casino virtual y videojuegos monetizados en los que se puede participar a través de las billeteras virtuales. Una estrategia habitual y muy efectiva que suelen utilizar es el bono de bienvenida, una suerte de anzuelo con el cual los chicos pueden jugar sin poner dinero, lo que hace difícil rastrear el comienzo, aun para aquellos padres que siguen los movimientos de las billeteras virtuales de sus hijos. 

Por otro lado, tienen un rol muy relevante los “cajeros”, personas que funcionan como intermediarios entre quienes apuestan y las plataformas, a cambio de una comisión. Las chicas y los chicos también entran en contacto con prestamistas, que les permiten seguir apostando. Javier Quesada, especialista de UNICEF en Primera Infancia y Salud, explica que las apuestas online pueden derivar en endeudamiento, aislamiento social, extorsiones y pérdida de autoestima. “El drama profundo no es solo económico, sino la desvalorización de sí mismos –subraya–. Lo que más nos alarma es la sensación de fracaso que sienten cuando pierden y la vergüenza que los lleva a ocultarlo de sus familias. Eso genera un círculo de silencio muy dañino”.

Si bien esta explotación financiera tiene consecuencias graves para las chicas y los chicos y su entorno, para Fainboim, “hay que romper un poco esa asociación de que hay un problema cuando hay una pérdida económica. En general los colegios convocan a las familias y les explican que sus hijos están apostando y como la familia no ve una pérdida económica significativa no pasa nada. Sólo les parece grave cuando el chico les roba los ahorros o cuando lo está viniendo a buscar el prestamista. Y lo que hay que poder ver es que, aunque nos asuste lo económico, lo más preocupante es una conducta, un patrón de consumo que es problemático y que impacta en su vida cotidiana”. 

En efecto, es necesario intervenir aun cuando no haya riesgo financiero. ¿Por qué? Porque se trata de una conducta que impacta sobre el bienestar psicosocial y las relaciones de los adolescentes, que diluye el valor del esfuerzo y los aísla. Como señala Quesada, la trampa es perfecta: “Montones de influencers o referentes que las chicas y los chicos siguen y respetan, están en las redes promocionando sitios de apuestas. Los datos de inicio dicen que entran desde los 13 o 14 años. Varones jóvenes que se enganchan tres horas y no tienen un freno inhibitorio que los detenga”.  

Placa donde se describen signos de alerta
Ilustración: Jimena Tello

¿Qué pueden hacer las familias?

¿Qué significa “jugar”? Se trata de una actividad que cumple funciones esenciales para el desarrollo cognitivo, emocional y psicofísico en la vida de todo ser humano; favorece la construcción de la identidad, el bienestar y la salud mental. Reduce el estrés, promueve la socialización, favorece el vínculo con otros y facilita la gestión de las emociones. Implica también internalizar reglas, normas y tiempos de espera y activa el interés por nuevos focos de atención, la diversión y el compartir con otros. Por eso mismo, una actividad que implica gratificaciones inmediatas, recompensas monetarias y estimulación continua no puede considerarse un juego. 

Los especialistas coinciden en una clave: el diálogo abierto. “Hablar con ellos. Hablar con ellos. Hablar con ellos”, insiste Quesada. La sanción, el castigo o cortarles Internet no resultan efectivos. “En cuanto no les des plata, van a pedir prestado y se endeudan más. Eso genera encubrimiento entre compañeros”, advierte. La propuesta es acompañar desde la autonomía progresiva: revisar juntos los gastos, conversar sobre estrategias de las plataformas de apuestas, acordar límites y fomentar actividades alternativas. 

Es importante que las familias sean mediadores positivos en el acceso de las niñas, niños y adolescentes a las pantallas. Es decir, participantes activos de lo que está sucediendo, para discriminar también entre juego y socialización, y otras actividades. “Yo no dejo solo en la calle ni en la plaza a mi hijo de 8 años, ¿por qué lo estoy dejando solo jugando online? Hoy un niño en su cuarto con un celular ya no está solo. Ese es el desafío”, señala Fainboim.

Placa con recomendaciones de la Guía de apuestas online
UNICEF Argentina