Vínculo
Amorosos límites y mucha paciencia
Andar, hablar, pensar… el bebé pequeñito ha hecho las transformaciones más profundas en su reciente llegada al mundo, en muy poco tiempo. Y esto, indefectiblemente, pide que -para poder sostenerlo y hacerlo crecer- el vínculo se transforme. Apego y autonomía, límites y libertad, quizás configuren las primeras paradojas de la niñez para la adultez.
Ese espacio entre dos, tejido piel a piel en los primeros tiempos, comienza a ser más grande, entra el aire, la distancia. El desafío es continuar protegiendo ese espacio interpersonal que sostiene a la crianza respetuosa, y para ello hace falta poner manos a la obra. Para tender una mano cuando se caigan y enseñarles a que siempre se pueden volver a levantar, para señalar hasta donde pueden correr y ser vistos y cuidados, para poner una mano sobre el hombro y enseñarles a compartir y convivir, para poner las palmas sobre el pecho para calmar un llanto, para contar hasta diez una y mil veces con todos los dedos de las manos cuando se nos escapa la paciencia.
Sostén, aplomo y calma ante el berrinche, límites claros y amorosos, palabras y juegos compartidos, observar la luna y las estrellas, saludar al Sol, y agradecer cada día por todo lo aprendido en compañía.