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Pequeños exploradores de 1 y 2 años

Cómo acompañar el movimiento, el lenguaje y la autonomía

Nene jugando con globos

Caminar, tocar, tirar, subir, correr hacia allá y volver. El segundo año de vida es una explosión de movimiento, lenguaje y las primeras señales de autonomía.

Todo parece convertirse en una oportunidad para descubrir cómo funciona el mundo. Por supuesto, los ritmos y conquistas del desarrollo motor no son iguales para todas y todos. Habrá bebés que llegado el año ya comienzan a caminar y otros que siguen gateando varios meses más. Más allá de las diferencias, en esta etapa las niñas y los niños atraviesan infinidad de cambios. Te contamos cómo acompañarlos desde una crianza respetuosa. 

La gran transformación 

Hace apenas unos meses era un bebé que pasaba gran parte del tiempo en brazos o acostado sobre una manta, descubriendo sus manos y sus pies. Ahora abre cajones, trepa al sillón, empuja objetos, señala todo lo que le llama la atención, dice "no" con convicción y sale corriendo en cuanto encuentra la oportunidad. 

Detrás de esos cambios hay un cerebro trabajando a toda velocidad: entre el primer y el segundo año de vida el cerebro atraviesa uno de los períodos de mayor crecimiento de toda la existencia.

Las conexiones entre neuronas se multiplican a una velocidad extraordinaria y cada experiencia —tocar, probar, equivocarse, volver a intentar— ayuda a construir nuevas habilidades. No necesitan actividades complejas para aprender, pero sí espacio y tiempo para investigar y probar cosas nuevas. 

El movimiento y la exploración 

Nena jugando con bloques

 

Cuando una niña de catorce meses tira una cuchara al piso una y otra vez, está conociendo fascinada cómo funciona el mundo que la rodea. Observa qué ocurre cuando un objeto cae, qué sonido produce, si siempre pasa lo mismo. Observa nuestra reacción, se ríe y así  empiezan sus primeros pasos de comprensión de cómo son las cosas, y qué se puede hacer con ellas. Cuando un niño sube y baja un escalón veinte veces seguidas, está desarrollando coordinación, equilibrio, planificación motora y confianza en su cuerpo. 

Jugar y moverse libremente es, para esta edad, la forma más natural de aprender. El desafío consiste en ofrecer entornos donde puedan moverse y explorar con libertad, sin poner en riesgo su seguridad. 

Algunas ideas sencillas: 

  • Bajar los juguetes y materiales a su altura. 
  • Reservar cajones o cajas que puedan abrir y mirar sin problemas. 
  • Crear un espacio donde puedan trepar, empujar o transportar objetos de manera segura. 
  • Permitir que participen de pequeñas actividades cotidianas, como alcanzar una cuchara, guardar juguetes o llevar un pañal. 
Nenes jugando a los bloques

El lenguaje

Entre el primer y el segundo año de vida aparecen las primeras palabras y, con ellas, una nueva manera de relacionarse con el mundo. Al principio el vocabulario es reducido, muchas palabras resultan difíciles de comprender para los adultos y suelen apoyarse en gestos, miradas y señalamientos para comunicarse. 

Aunque todavía hablen poco, (algunos niños y niñas aún no hablan prácticamente nada en este período), entienden mucho más de lo que pueden expresar. El lenguaje se desarrolla principalmente a través de las interacciones cotidianas. 

Algunas formas de acompañar este proceso son: 

  • Nombrar lo que está ocurriendo: "ahora te pongo los zapatos", "vamos al parque", "ese perro es muy grande". 
  • Leer cuentos, aunque parezca que prestan atención solo unos segundos. 
  • Responder ampliando lo que dicen. Si piden "aua", podemos contestar: "Sí, querés agua. Acá está el agua", sin señalar errores ni exigir una pronunciación correcta. 
  • Dar tiempo para responder, evitando completar automáticamente aquello que intentan decir. 

Cada conversación, incluso la más simple, fortalece el desarrollo del lenguaje. 

El "no" también es un logro 

Uno de los hitos más visibles —y muchas veces más desafiantes— de esta etapa es la aparición del "no". Por primera vez, el niño o la niña descubre que tiene deseos propios, que pueden no coincidir con los de las personas adultas. Aunque resulte agotador, esta afirmación de la propia voluntad forma parte del desarrollo saludable. 

Al mismo tiempo, el cerebro todavía (y por mucho tiempo más) está aprendiendo a regular emociones e impulsos. La corteza prefrontal —la parte del cerebro que ayuda a calmarse y a pensar antes de actuar— recién empieza a formarse, y por eso cuando se desborda su cerebro reacciona con un cóctel de cortisol, la hormona del estrés, sin poder calmarse solo. Las áreas encargadas del autocontrol continuarán desarrollándose durante muchos años. Los berrinches en esta etapa son la expresión de las primeras frustraciones y emociones intensas que todavía no pueden gestionar sin ayuda. 

En esos momentos necesitan adultos que los acompañen mientras aprenden a hacerlo.


Podemos: 

  • Validar la emoción sin modificar un límite necesario: "Entiendo que querés seguir jugando y ya es hora de irnos". 
  • Poner en palabras lo que parece estar sintiendo: "Estás muy enojado porque no podés llevar eso". 
  • Ofrecer opciones cuando sea posible: "¿Querés ponerte los zapatos vos o preferís que te ayude?"

Mamá y nena límites
UNICEF Argentina
Ppá con nena a upa

El vínculo sigue siendo la base  

Durante este segundo año aparece el juego de ir y venir a nuestro encuentro: alejarse para investigar por su cuenta y volver para reencontrarse. Van corriendo hacia el tobogán y, unos segundos después, miran hacia atrás para comprobar que seguimos ahí. Se animan a investigar algo nuevo y vuelven para buscar una mirada, una sonrisa o un abrazo antes de seguir. 

Nuestra tarea consiste en estar disponibles cuando regresan, ofrecer una presencia atenta, y la certeza de que, cuando necesiten volver, encontrarán una base segura desde la cual seguir investigando. 


Los niños y las niñas en esta etapa quieren conocer cómo funciona el mundo que los rodea: para eso necesitan de adultos que los cuiden y también les permitan moverse, ensuciarse, desordenar un poco los ambientes. Estos primeros descubrimientos forjarán su fuerza interna y curiosidad para el resto de su vida.