Palabra
La suavidad de los primeros sonidos
En los primeros meses de vida las voces de quienes criamos van conformando una atmósfera en la que quienes nacen y recién llegan al mundo pueden reconocer a ese nuevo entorno exterior como un espacio seguro. Llamarlos por su nombre, hablarles con claridad y calma, pausadamente, les da seguridad.
Imaginar ese pasaje de la vida intrauterina al entorno que les da la bienvenida, puede ayudarnos a crear nuevas envolturas que den cobijo, nutran, protejan y aporten calor a partir de la elección de nuestras palabras, tonos, sonidos, silencios y músicas para dirigirnos hacia ellas y ellos.
En este período existe una fuerte ligazón entre el habla y la musicalidad. El ingreso al universo del lenguaje se da desde el sentir, lo sensorial y sensible. En las culturas de todos los pueblos encontraremos arrullos y canciones de cuna para cantar y tararear al ritmo del suave y mágico movimiento de mecer.
Los sentidos son como puentes entre nuestro interior y el lugar y tiempo que habitamos, con todo lo que nos rodea y de lo cual somos parte. En las y los bebés estos puentes recién comienzan a gestar sus primeros peldaños y mientras ello va aconteciendo, acorde a su desarrollo, su corporalidad entera es como un gran órgano de percepción. Son sensibles a todos los estímulos y puede suceder que aquellos ruidos que naturalizamos como telón de fondo constante y permanente en nuestro ambiente, para ellas y ellos sean estruendos y perturbaciones. Por eso, bajemos el volumen, habituémonos a conocer el silencio, elijamos un paseo al aire libre antes que dentro de un centro comercial y evitemos, siempre, exponerlos a las pantallas.