Los mitos sobre la violencia hacia niños y niñas

En Uruguay, la violencia hacia niños, niñas y adolescentes está naturalizada. Estos son algunos de los mitos que UNICEF recabó en torno al tema y por qué no son justificaciones válidas.

UNICEF Uruguay
Habitación de fondo, y sobre el espacio distintas frases o mitos sobre la violencia hacia niños, niñas y adolescentes
UNICEF/Uruguay/2020
18 Junio 2020​

En Uruguay la violencia contra los niños, niñas y adolescentes está naturalizada. Esto significa que el uso de métodos violentos en la crianza de los niños al interior de las familias es visto como algo normal y no reprobable. En muchas ocasiones responde a la repetición del modelo de crianza que tuvo el adulto durante su infancia, por lo que no solamente lo considera “normal”, sino que lo identifica como un método eficaz a la hora de poner límites a los niños. Según investigaciones realizadas por UNICEF en Uruguay estos son algunos de los mitos o creencias de los adultos respecto a la puesta de límites con violencia.

Te pego porque te quiero

La realidad: el cariño nunca se demuestra a través de los golpes, ni la humillación. Utilizar métodos violentos para educar o corregir a los niños es hacer uso abusivo del poder que los adultos tienen sobre ellos. Lo único que les genera es miedo, daño y sufrimiento.

La violencia que ocurre dentro de las familias es una cuestión privada, no debemos meternos

La realidad: la violencia hacia la infancia es un tema que concierne a la sociedad en su conjunto. Todos tenemos la responsabilidad de actuar si estamos en conocimiento de una situación de violencia hacia un niños o niña, ya sea denunciando o relatando la situación a una institución cercana a la vida del niño.

Se aprende mejor a través del dolor
“La letra con sangre entra”

La realidad: los niños que son educados con métodos violentos, solo aprenden qué tienen que hacer y que no tienen que hacer para evitar el enojo del castigador. Si a los niños les ponemos límites de forma no violenta les ayudamos a fortalecer el control de sus impulsos, a actuar de acuerdo con su voluntad y pensamiento, y no por imposición o miedo.

Los gritos e insultos no dejan secuelas en los niños

La realidad: las agresiones verbales dejan consecuencias en la autoestima de los niños. Las palabras que los adultos utilizan para referirse a los niños se convierten en verdades absolutas para ellos, sobre todo si estas provienen de sus referentes afectivos más significativos.

Mis padres me pegaron y yo crecí bien

La realidad: los niños que crecen con adultos que emplean métodos de disciplina violentos tienden a mostrar una menor autoestima y peores resultados académicos, son más hostiles y agresivos, menos independientes y más proclives a al abuso de sustancias peligrosas durante la adolescencia.

Una palmada a tiempo es más efectiva para poner límites que hablar o intentar convencer

La realidad: la única aparente “ventaja” de utilizar el castigo físico para que el niño haga caso es que se consigue obediencia rápida, pero de corto efecto. La violencia física no enseña a portarse bien, sino a evitar el castigo.

Los niños de hoy no son como los de antes. No respetan la autoridad de los adultos

La realidad: los adultos de hoy tampoco son como los adultos de antes. Las relaciones familiares se han democratizado y nos desafían a ser más tolerantes, comprensivos y menos autoritarios. Los adultos son quienes deben encontrar alternativas a la puesta de límites en forma violenta.

Te pego por tu propio bien

La realidad: así sea con el fin de educarlos o de hacerlos “mejores personas”, la violencia física como forma de disciplinamiento afecta negativamente y compromete el desarrollo físico, social y emocional de los niños.