Videojuegos en la infancia y adolescencia: qué hacer cómo madre, padre o cuidador
Conocer a qué juegan, estar atentos a sus riesgos y ser consciente de sus beneficios es un primer paso.
Que a niñas, niños y adolescentes suele encantarles jugar frente a una pantalla no hay dudas. Que esos juegos están cada vez más extendidos entre sus pares, tampoco. Sin embargo, las interrogantes para los adultos surgen a la hora de saber qué videojuegos pueden usar, por cuánto tiempo y qué peligros pueden existir.
Las dudas se repiten y, por eso, compartimos aquí algunas recomendaciones para promover uso responsable de los videojuegos en familia, que permita impulsar los aprendizajes y su creatividad, reduciendo los riesgos.
El primer paso: jugar con ellos
Una de las mejores maneras de fomentar un vínculo sano de niños, niñas y adolescentes con los videojuegos es que sus madres, padres y cuidadores jueguen con ellos. Es importante tomarse un tiempo para sentarse frente a la pantalla junto a hijos e hijas, conocer los videojuegos y las dinámicas de interacción con otros, y dejar que les enseñen a jugar, que les muestren ese mundo muchas veces ajeno para las personas adultas.
Esto, deriva en que se pueda mantener un diálogo más abierto sobre los videojuegos. Es importante terminar con la idea de que los adultos piensan que jugar frente a una pantalla es una “pérdida de tiempo”. Compartir esa actividad es un paso firme para eso y para poder dialogar sobre qué juegos son los apropiados, cuáles no, y cuándo o con quiénes jugarlos.
A diferencia de un jugador adulto sano, los niños, niñas y adolescentes no han desarrollado aún las competencias relacionadas con el autocontrol como para darse cuenta de sus sentimientos: “Ahora sería un buen momento para tomarme un descanso”. Y ciertamente, ¡los jugadores adultos tampoco aciertan siempre!
No pierdas de vista este aspecto e intentá ayudar a tus hijos e hijas a conocer las señales que indican que ya han jugado lo suficiente y cuándo sería mejor dar un paseo de media hora o realizar otro tipo de actividad.
Reflexionar sobre el tiempo frente a la pantalla
El tiempo dedicado a los videojuegos adecuado varía mucho. Si estamos en mitad del año escolar y el niño o niña tiene que hacer un montón de deberes para el día siguiente, una buena estrategia sería habilitar los videojuegos luego de cumplir con esas tareas.
Si son las vacaciones escolares y ayer se fueron a la playa y mañana van a un museo, entonces puede que hoy esté bien jugar un buen rato. También depende del niño, de su edad y del tipo de juego.
En términos más generales, puede resultar muy útil explicarles a los niños y niñas que todos tenemos que gestionar nuestra relación con la tecnología (ya sean teléfonos, juegos, redes sociales, etc.). Aprovechá la posibilidad de reflexionar y reconocer las dificultades que vos mismo tenés para gestionar tu propio uso de la tecnología, las técnicas que te han funcionado y las que no, así como las ventajas generales de adoptar un enfoque equilibrado.
Fomentar la confianza
Es fundamental, también, que niñas, niños y adolescentes sepan que pueden recurrir a sus adultos de confianza si algo vinculado a los juegos en línea les preocupa o incomoda, sin miedo a meterse en problemas. Es difícil ayudarlos si no sabemos lo que les pasa.
Los beneficios
Cuando están bien diseñados, los videojuegos pueden fomentar la autonomía, los aprendizajes, satisfacen la (sana) necesidad de competir y colaboran en las relaciones con los otros. Estos son algunos de sus beneficios:
Los videojuegos ofrecen beneficios para el aprendizaje y permiten -en la mayoría de los casos- desarrollar la creatividad. Jugar videojuegos implica una gran actividad cognitiva.
Los videojuegos suelen plantear dificultades y jugarlos es una manera de enfrentarse a algo que, a priori, no nos creemos capaces de lograr. Jugarlos es una manera de intentar, fracasar y volver a intentar.
El juego en general fomenta los vínculos con los demás. Los videojuegos no tienen por qué ser la excepción. Aunque cueste comprenderlo, jugar en línea es relacionarse con otros, conectar -incluso a distancia-, ampliar las redes y fomentar lazos con los allegados.
Los riesgos
Como en tantas otras actividades de la vida, los videojuegos también presentan riesgos. Los presentamos para estar atentos y minimizarlos:
Es una realidad: hay personas con malas intenciones en la web. Padres, madres y cuidadores deben conocer con quiénes comparten su tiempo en internet niños, niñas y adolescentes. Y hacerles saber que es fundamental que ellos mismos sepan quién está del otro lado.
A eso se le pueden sumar herramientas como los controles parentales del juego, que desactiva la posibilidad de jugar con extraños. Al activarlo, es importante explicarles que lo hacemos porque es mucho mejor que compartan ese tiempo con personas de su edad y que conocen.
Si bien no es tan frecuente como se cree, es cierto que es posible desarrollar un vínculo poco saludable con los videojuegos. Según investigaciones realizadas, eso ocurre cuando hay otros aspectos de la vida que son poco satisfactorios. Por ejemplo, si el niño, niña o adolescente tiene problemas de vínculos en la escuela o el liceo puede que establezca una relación poco saludable con los videojuegos para satisfacer sus necesidades de “estar con otros”.
A diferencia de lo que podría pensarse, la solución no es eliminar los videojuegos de sus vidas. Lo que se debe intentar es buscar otras actividades de las que disfruten. Por ejemplo, alentarlos a hacer actividades al aire libre, invitar a otros niños a casa o salir a pasear.
Algunos videojuegos están diseñados con técnicas que se conocen como “patrones oscuros” (o patrones engañosos) que incitan al usuario a hacer algo que de otro modo no haría, como gastar más dinero. Por ejemplo, el uso de falsas rebajas que crean una presión temporal para comprar, o el uso de planes de descuento que incitan a comprar más.
Si madres, padres o cuidadores detectan este tipo de prácticas en videojuegos que se juegan en casa deben alertar a niñas, niños y adolescentes y persuadirlos para que jueguen a otra cosa. Otro motivo más por el que saber a qué juegan es fundamental.
Reconocer estas técnicas de diseño ayuda a estar mejor preparados para detectarlas y resistirse a ellas.
Las comunidades que se crean en torno a algunos de los juegos pueden ser problemáticas (lo que a menudo se denomina “toxicidad”) y pueden incitar al ciberacoso, el racismo, la homofobia y la misoginia, entre otras cuestiones negativas.
Es importante que padres, madres y cuidadores conozcan las comunidades en las que juegan sus hijos e hijas y decidan si quieren que estén expuestos a ellas habitualmente. Hablá con tu hijo o hija sobre qué tipo de cosas están bien y cuáles no, y cuándo debes optar por salirte de una conversación.
En lo que respecta a la violencia y la agresividad en los videojuegos, es importante tener en cuenta cuáles son los juegos y su grado de pertinencia para el momento del desarrollo en el que se encuentra tu hijo o hija. Las clasificaciones por edades y los comentarios en línea de otros progenitores pueden ser recursos útiles para decidir qué juegos son apropiados y cuáles no.
Consejos para los madres, padres y cuidadores de niños y niñas más pequeños sobre cómo iniciarse en los juegos
Los sistemas de clasificación de contenidos, como el de las películas que especifica si un contenido es apto para todo público, recomendaciones o para qué edades, pueden ser muy útiles. Sin embargo, muchos de los contenidos de las tiendas de los teléfonos móviles no tienen clasificación clara.
También es importante aprender qué controles y opciones del juego puede activar y desactivar un adulto. Por ejemplo, si podés desactivar la posibilidad de conectar con extraños, o exigir que las solicitudes de amistad pasen por ti en lugar de ir directamente a tu hijo o hija.
Es muy recomendable que acompañes activamente con tus hijos e hijas. Compartí con ellos ese momento de juego y aprovechá a conocer el contenido del juego, ver cómo reaccionan y decidir cuál es el mejor enfoque.