Conversaciones en familia: cómo hablar con adolescentes
Poderles transmitir empatía y que puedan sentirse comprendidos es fundamental en esta etapa de sus vidas
La forma en la que nos comunicamos con nuestros hijos e hijas es una manera de demostrarles cuánto los amamos y respetamos. Cuando son adolescentes puede que como personas adultas nos sintamos cuestionados. Hasta ahora ese niño o esa niña solía responder con más facilidad, y de repente nos enfrentamos a un adolescente que, por definición, es impulsivo, cuestionador y comienza a cuestionarte a vos mismo.
De todas formas, ese es uno de los momentos en los que más necesitan a sus padres, aunque pidan distancia, que nadie entre a sus dormitorios o que los dejen en la esquina del liceo. Viven en un tiempo de mucha fragilidad y necesitan de ese adulto para poder mediar y, por qué no, confrontar, para poder chocar saludablemente con esa figura de adulto.
Te invitamos a escuchar el podcast:
Escuchalo también en Spotify
¿Cuál es la mejor manera de lograr que la comunicación con nuestros hijos e hijas adolescentes colabore con su bienestar emocional?
No existe una única respuesta, pero algunos aspectos a tener en cuenta son:
La comunicación entre los integrantes de la familia es importante desde la infancia. Si cuando eran pequeños hubo buena comunicación, será más fácil continuarla durante la adolescencia.
Interesarse por lo que es importante para hijos o hijas es demostrarles que también él o ella nos interesa.
Hablar sobre nosotros mismos, permite encontrar maneras de establecer diferentes conexiones e, incluso, encontrar intereses en común.
Para poder entender qué pasa por sus mentes debemos pedirles puntos de vista, opiniones y perspectivas de distintos temas.
Ser un oyente activo es muy importante a la hora de construir comunicaciones sanas con hijos e hijas. Eso implica mostrarse comprometidos, amables, empáticos y sin prejuicios.
No solo lo que decimos comunica. Es importante que el lenguaje corporal demuestre atención. Para eso se debe mantener el contacto visual, asentir, sonreír o mostrar preocupación.
Los elogios inmediatos colaboran en el desarrollo de la confianza y autoestima de los adolescentes. A su vez, los animan a seguir compartiendo lo que sienten o piensen con los adultos. Se les pueden decir afirmaciones como: “Puede ser difícil contarle esto a alguien, te agradezco que lo hayas hecho”.
Algunos puntos de vista u opiniones pueden ser distintas e incluso contrarias de las nuestras, debemos valorarlos y respetarlos, aunque no los compartamos.
Hacer preguntar abiertas que les permitan expresar lo que piensan y sienten permite acercarse y obtener información sobre sus opiniones. Se pueden hacer preguntas como: “¿Qué querés decir?” o “¿A qué te referís?”
Retomar lo que los hijos dicen es una forma de hacerles ver que los estamos escuchando y entendiendo.
Como adultos debemos ser conscientes que no siempre es fácil para un adolescente hablar sobre lo que le pasa o preocupa. A veces ni siquiera saben qué decir. Por eso, está bien explicarles que estamos para escucharlos y hablar cuando ellos estén preparados. No forcemos la conversación.
Cuando comuniquen algo difícil o que notoriamente no les fue fácil de expresar, es importante validarlo. “Gracias por compartilo conmigo”o “Te entiendo y me sentiría igual” son algunas validaciones que podemos expresar.
Comunicarnos con nuestros hijos e hijas no es solo compartir momentos difíciles o pensamientos negativos. Por el contrario, debemos buscar compartir cosas divertidas, qué fue lo lindo del día, encontrar oportunidades para reirnos con ellos. En suma: divertirnos en familia.