El invierno plantea nuevos peligros para la infancia en Gaza
Las inundaciones, las bajas temperaturas y la propagación de enfermedades agravan las consecuencias del devastador conflicto
En la Franja de Gaza, la llegada del invierno pone en grave peligro a cientos de miles de niños y niñas desplazados y sus familias, que se encuentran instalados en refugios improvisados por todo el territorio en unas condiciones de vida ya de por sí muy precarias.
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El estado de destrucción en que han quedado los sistemas de agua y alcantarillado como consecuencia de la guerra es tal que, con las intensas lluvias, el agua insalubre se ha extendido por las zonas pobladas, ha empapado la ropa y las sábanas y ha destrozado las tiendas de campaña.
Las condiciones de hacinamiento, junto al deterioro de los sistemas de saneamiento, generan una situación que puede llegar a ser mortal. Por si esto fuera poco, el frío aumenta las necesidades energéticas del cuerpo en un contexto en el que los recursos escasean. Sin el calor de una manta o la seguridad de un suelo seco, niños y niñas con sistemas inmunitarios que ya se encuentran muy debilitados ahora se enfrentan a diario al riesgo de padecer hipotermia o enfermedades transmitidas por el agua.
UNICEF ha documentado los efectos del invierno con una serie de imágenes y testimonios personales recopilados tras una tormenta en noviembre de 2025, un material que muestra las tremendas dificultades que deben afrontar familias que lo han perdido casi todo, así como los esfuerzos incansables de los padres y madres para proteger a sus hijos frente a las adversidades del clima.
Maysaa explica que su familia no tuvo tiempo de reunir ninguna de sus pertenencias antes de huir del barrio de Al-Zaytoun, en la ciudad de Gaza. Los azotes del viento y la lluvia durante una tormenta han derribado la tienda de campaña que habían instalado.
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“El agua también caía dentro de la tienda. Mi hija solamente tiene dos prendas de ropa. Las dos están empapadas, así que ahora, con este frío, debe llevar pantalones cortos”, declara Maysaa.
Malak se ha instalado con su familia en las ruinas de una mezquita junto a la costa.
“No encontramos ningún otro lugar al que ir”, explica.
“La guerra nos lo ha quitado todo: nuestra casa, e incluso nuestra tienda de campaña”, dice Mayar, la hija de 14 de años de Malak, antes de añadir que tiene miedo de que la mezquita destruida se derrumbe.
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“Esta mañana, la lluvia atravesó las grietas y empapó nuestros colchones y nuestra ropa. Antes de la guerra llevaba una vida normal: iba a la escuela y luego volvía a mi casa. Solíamos disfrutar de la lluvia”, nos cuenta Mayar. “Ahora, tratamos de huir de ella”.
Samah explica que había escuchado que se acercaba una tormenta, por lo que intentó preparar la tienda de campaña para proteger a sus hijos.
“Pero la lluvia entró como un torrente. No sabía qué hacer ni cómo contener el agua”, nos dice.
“Me gustaría tener al menos una caravana, en lugar de una tienda. Tras dos años de guerra y numerosas tiendas de campaña, estoy agotada”.
Bisan y su familia proceden de Shuja'iyya. Han tenido que desplazarse varias veces, hasta terminar en el puerto de Gaza.
“Esta mañana cayó una lluvia muy intensa. Como nuestra tienda de campaña estaba rota, el agua entró por todas partes”, explica.
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“Rápidamente, llevamos a los niños con el abuelo, y mi marido y yo levantamos los colchones para evitar que toda esa agua siguiera entrando por los agujeros”.
Baghdad, de 12 años, explica que la tienda de campaña de su familia también quedó inundada durante la tormenta.
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“Tratamos de sacar el agua. Hemos estado arreglando la tienda y secando la ropa desde por la mañana”, explica Baghdad.
“Antes de la guerra, el invierno era una época bonita. Por la noche, la familia se reunía para beber un sahlab caliente”.
Desde el anuncio del alto al fuego en octubre de 2025, en el marco de nuestro plan de preparación para el invierno, UNICEF ha distribuido miles de tiendas de campaña familiares y cientos de miles de mantas y kits de ropa de invierno en Gaza.
Este invierno, la respuesta de UNICEF ha incluido el suministro de asistencia en efectivo para las familias vulnerables, el bombeo del agua estancada o el refuerzo de los depósitos de agua de lluvia, así como la limpieza de los residuos acumulados en los cursos de aguas y las tuberías para evitar la inundación de los espacios que albergan a los desplazados internos.
Suha, madre de dos hijos, se ha pasado la mañana intentando secar las sábanas y la ropa de su familia después de que su tienda de campaña quedara anegada.
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“Antes de la guerra, pasábamos el invierno tomando sopa caliente en casa mientras los niños miraban alegremente la lluvia por la ventana”, nos dice. “Ahora, le tienen miedo”.