Proteger a los niños más vulnerables de los efectos de la COVID-19: Programa de Acción

Se necesita urgentemente una coordinación global para evitar que esta crisis de salud se convierta en una crisis de los derechos de los niños

UNICEF
In April 2020, a mother in Côte d'Ivoire wears a mask to protect herself and her baby, whom she holds in front of her, from coronavirus disease (COVID-19).
UNICEF/UNI316644/Frank Dejongh
08 Abril 2020

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La pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) está teniendo una dimensión precedentes para la mayoría de la gente. En todo el mundo, el brote se está llevando la vida y el sustento de muchas personas a medida que se sobrecargan los sistemas de salud, la educación ha sido interrumpida y las familias luchan para mantenerse a flote.

Las comunidades de todo el mundo están asumiendo el desafío: desde los profesionales sanitarios y los trabajadores sociales, que están poniendo sus vidas en juego para proteger a los más vulnerables, hasta los jóvenes que están inventando formas innovadoras de difundir mensajes sobre la salud pública.

Aun así, y aunque la transmisión del virus está empezando a reducirse en algunos países, las repercusiones han sido duras y, en muchos países, afectan sobre todo a los niños más marginados.

Si no se toman medidas urgentes, esta crisis de la salud amenaza con convertirse en una crisis de los derechos de los niños.

Los trastornos que ha provocado en la sociedad tienen una profunda repercusión sobre los niños: sobre su seguridad, su bienestar y su futuro. La cooperación multilateral es la única forma de lograr que millones de niñas y niños (incluidos los afectados por la pobreza, la exclusión o la violencia, y las crisis humanitarias) permanezcan sanos, protegidos y sigan recibiendo una educación.

UNICEF hace un llamamiento mundial para:

1. Garantizar que todos los niños estén sanos y bien alimentados.

Los esfuerzos internacionales para fortalecer los sistemas de salud (como garantizar que los suministros y los equipos de protección lleguen a las comunidades afectadas y formar a los profesionales sanitarios para prevenir, diagnosticar y tratar la enfermedad por coronavirus) servirán de gran ayuda para la lucha contra el virus. Sin embargo, los sobrecargados sistemas de la salud no amenazan solamente a las personas que se enferman por COVID-19.

En las zonas más pobres del mundo, los niños que necesitan servicios básicos y esenciales (como aquellos que los protegen de enfermedades como la neumonía, el paludismo y la diarrea) corren el riesgo de no recibirlos. Las interrupciones en las cadenas de suministro y la atención de la salud amenazan con socavar los avances conseguidos recientemente en materia de salud, nutrición y desarrollo infantil y, al mismo tiempo, tienen el potencial de dar lugar a un aumento significativo de la mortalidad infantil. La suspensión de sistemas alimentarios y programas de nutrición significa que los niños desnutridos dejarán de recibir tratamiento, aumentando el riesgo de desnutrición que puede causar retraso en el crecimiento. Además, las interrupciones en los servicios de inmunización podrían desencadenar brotes de enfermedades para las que ya existe una vacuna.

A medida que los sistemas de salud llegan al límite de sus capacidades, muchos niños morirán por causas que se pueden evitar.

UNICEF insta a los gobiernos y a los aliados a garantizar el mantenimiento de servicios de salud vitales para las madres, los recién nacidos y los niños. Esto implica seguir atendiendo las urgentes necesidades planteadas por la COVID-19 al tiempo que se siguen realizando intervenciones fundamentales en materia de salud, como la financiación de los programas de nutrición e inmunización, que hacen posible que los niños puedan sobrevivir y prosperar. Nuestra respuesta a la COVID-19 debe centrarse en reforzar los sistemas de salud y garantizar una atención médica universal, accesible y de calidad a largo plazo.

2. Llegar a los niños para proporcionarles agua, saneamiento e higiene

Es más importante que nunca que nos protejamos a nosotros mismos y a los demás cuidando nuestra higiene y lavándonos bien las manos. Sin embargo, las instalaciones básicas de agua e higiene siguen estando fuera del alcance de muchos niños.

Algunos no disponen de acceso al agua potable porque viven en zonas remotas o en lugares donde el agua no está tratada o está contaminada. Otros niños carecen de acceso a las instalaciones porque no tienen hogar, viven en un barrio marginal o en la calle.

Aproximadamente un 40% de la población mundial sigue careciendo de instalaciones básicas para lavarse las manos con agua y jabón en su hogar; un porcentaje que en los países menos desarrollados asciende a casi tres cuartas partes. UNICEF insta a los gobiernos a dar prioridad a los niños más vulnerables. Hacemos un llamamiento de fondos y ayuda de emergencia para poder llegar a más niñas y niños y proporcionarles acceso a instalaciones básicas de agua, saneamiento e higiene.

3. Facilitar el aprendizaje de los niños

La educación de toda una generación de niños ha quedado interrumpida. En su máximo pico, el cierre nacional de las escuelas ha interrumpido la educación de más de 1.570 millones de estudiantes, un 91% de los escolares en todo el mundo, con consecuencias devastadoras.

Los niños marginados pagan el precio más alto a medida que aumentan las desigualdades en el aprendizaje. Unos 346 millones de jóvenes no tienen acceso a internet para continuar su edicación a distancia. Además, el cierre de las escuelas ha dejado a aquellos que dependen de los programas escolares de nutrición sin los alimentos que necesitan para aprender y prosperar.

La experiencia obtenida con los casos de aislamientos anteriores también ha demostrado que los niños que dejan de ir a la escuela durante periodos de tiempo prolongados tienen menos probabilidades de regresar, sobre todo las niñas.

Debemos hacer todo lo posible para cerciorarnos de que todos los niños tengan un acceso equitativo a educacnecesarias para hacerlo de manera segura. Donde las escuelas permanecen cerradas, los gobiernos deben ampliar las opciones de aprendizaje en el hogar, tanto las que requieren el uso de la tecnología como las que no, con un enfoque inmediato en los niños más marginados.

Este no es el momento de desviar los fondos nacionales destinados a la educación. Los gobiernos deben invertir en educación y unir fuerzas para cerrar la brecha digital. Si la comunidad internacional trabaja unida, podemos conectar a internet a 3.500 millones de niños y jóvenes para el año 2030, asegurando que todos los niños, en todas partes, puedan aprender en línea. UNICEF y sus aliados seguirán trabajando juntos para que los niños puedan conectarse y continuar su educación.

Una niña pela una naranaja en Wuhan, China. Febrero de 2020.
UNICEF/UNI304657/Cui
Yuanyuan (nombre cambiado), de cinco años, pela una naranja en la sala donde ahora vive, en un hospital en Wuhan, China, el 17 de febrero de 2020. Yuanyuan era la única en su familia que no estaba infectada con COVID-19. La dejaron en casa hasta que el personal médico del hospital se ofreció a cuidarla.

4. Ayudar a las familias a cubrir sus necesidades y cuidar a sus hijos

El impacto socioeconómico de la COVID-19 se hará notar más duramente entre los niños más marginados del mundo. Muchos ya viven en situación de pobreza y las consecuencias de la respuesta a la COVID-19 amenazan con agravar aún más sus dificultades -y a millones más-.

Mientras madres y padres en todo el mundo luchan para mantener sus medios de vida, los gobiernos deben ampliar las medidas de protección social, como los programas y las políticas que vinculan a las familias a los ingresos y los servicios fundamentales de atención de la salud, nutrición y educación.

La protección social abarca también las transferencias de efectivo y las ayudas para la alimentación y la nutrición. Además, implica que los gobiernos contribuyan a proteger los puestos de trabajo y unir fuerzas con los empleadores a dar apoyo a las madres y los padres trabajadores.

Si no se toman medidas urgentes para mitigar la repercusión social y económica del brote de COVID-19 y su respuesta, decenas de millones de niños que ya viven en circunstancias de extrema dificultad caerán en la pobreza.

5. Proteger a los niños de la violencia, la explotación y el abuso

Los factores de riesgo de la violencia, la explotación y el abuso están aumentando para los niños que viven en entornos donde se han restringido los desplazamientos y en situaciones de declive socioeconómico.

La experiencia obtenida de anteriores emergencias de la salud ha demostrado que las niñas se enfrentan a un riesgo mayor de ser víctimas de la violencia por razón de género, el matrimonio infantil y los embarazos.

A causa del cierre de las escuelas y el aislamiento, los niños que sufren la violencia en su hogar o por internet están más alejados de la ayuda, especialmente cuando quedan aislados de profesores, trabajadores de servicios sociales y otras formas clave de apoyo. Simultáneamente, el estrés y el estigma de la enfermedad y la presión financiera exacerban la ya inestable situación de muchas familias.

Los gobiernos deben priorizar los servicios críticos de prevención y respuesta a la violencia para los niños; deben mantener y adaptar estos servicios, teniendo en cuenta los riesgos únicos de las niñas y los niños más vulnerables al planificar el distanciamiento social y otras medidas de respuesta a la COVID-19. Debemos ayudar a los niños que deban separarse de sus padres temporalmente debido a la enfermedad y a los que se les priva de su libertad, y trabajar juntos a fin de prepararnos para responder ante el aumento del número de jóvenes que van a necesitar protección a distancia y soluciones para la salud mental.

6. Proteger a los niños refugiados, los migrantes y los afectados por un conflicto

Cada día, los niños refugiados, los migrantes y los afectados por un conflicto se enfrentan a terribles violaciones de los derechos humanos, así como a amenazas a su seguridad y su bienestar, incluso cuando no hay una pandemia. Para muchos de esos niños y niñas, el acceso a servicios e instalaciones básicos de atención de la salud es extremadamente limitado, y las condiciones de hacinamiento en las que viven hacen que el distanciamiento social sea impracticable.

En la respuesta a la COVID-19 no podemos olvidarnos de esos niños a los que el mundo no suele prestar atención. Ya se esperaba que 2020 fuese el año en el que más personas que nunca necesitarían asistencia humanitaria, y esta pandemia no hará más que agravar las vulnerabilidades de los niños de los países afectados por la crisis.

El Secretario General de las Naciones Unidas ha presentado un Plan de Respuesta Humanitaria Mundial para la COVID-19. Es responsabilidad de la comunidad internacional trabajar juntos para ayudar a los niños que han tenido que abandonar a sus familias y sus hogares, con el fin de defender sus derechos y protegerlos del peligro. Debemos trabajar juntos para proteger a los niños en tránsito o que viven en situaciones de conflicto, para incluirlos en las respuestas clave de la COVID-19 y solidarizarnos con ellos.

Niños en Siria se cubren la boca y la nariz mientras un miembro de la Defensa Civil siria desinfecta un antiguo edificio escolar, ahora habitado por familias desplazadas, para evitar la propagación de COVID-19.
UNICEF/UNI316131/Haj Kadour/AFP
El 26 de marzo de 2020, niños en la ciudad de Binnish, Siria, observan a un miembro de la Defensa Civil siria desinfectar un antiguo edificio escolar, ahora habitado por familias desplazadas, como parte de las medidas para evitar la propagación de COVID-19.

¿Qué está haciendo UNICEF para ayudar a los niños durante la COVID-19?

Nuestra respuesta a la enfermedad por coronavirus debe reimaginar un mundo adecuado para cada niño. La historia ha demostrado que UNICEF, junto con sus aliados, cuenta con la experiencia y el alcance para mejorar la vida de millones de niños y sus familias. Estuvimos ahí en la crisis de refugiados después de la Segunda Guerra Mundial, y desde entonces hemos respondido a cada desastre natural, cada conflicto armado, cada hambruna y cada enfermedad.

En la actualidad seguimos aquí, en 192 países, trabajando con las comunidades, los gobiernos y los aliados para frenar la transmisión de la COVID-19 y minimizar las repercusiones sociales y económicas que pueda tener sobre los niños y sus familias.

Nuestro compromiso se centra en:

  • Trabajar con los gobiernos, las autoridades y los aliados de la salud a nivel mundial para garantizar que los suministros y los equipos de protección lleguen a las comunidades más vulnerables.
  • Dar prioridad a la distribución de medicamentos, alimentos y vacunas fundamentales para la supervivencia, así como trabajar estrechamente con los gobiernos y las redes de logística con el fin de mitigar el impacto de las restricciones a los viajes en la distribución de estos suministros.
  • Trabajar con nuestros aliados para proporcionar de manera urgente instalaciones de agua, saneamiento e higiene para las comunidades más vulnerables.
  • Difundir mensajes y recomendaciones importantes sobre la salud pública para frenar la transmisión del virus y reducir la mortalidad.
  • Apoyar a los gobiernos para que den proridad a las escuelas en sus planes de reapertura y tomen todas las medidas necesarias para hacerlo de manera segura.
  • Ofrecer asesoramiento y ayuda a las familias, los cuidadores y los educadores para promover el aprendizaje desde casa y a distancia donde las escuelas permanecen cerradas, y trabajar con nuestros aliados para diseñar soluciones innovadoras en materia de educación.
  • Trabajar con nuestros aliados para cerrar la brecha digital y llevar el acceso a internet a 3.500 millones de niños y jóvenes para el 2030.
  • Proporcionar directrices a los empleadores acerca de la mejor forma de ayudar a las madres y los padres trabajadores, así como diseñar nuevas soluciones de protección social que garanticen que las familias más pobres puedan acceder a fondos esenciales.
  • Facilitar la difusión de información y el aprendizaje de igual a igual entre los niños, los adolescentes y los jóvenes, con el fin de proteger su salud mental y combatir el estigma, la xenofobia y la discriminación.
  • Trabajar con los gobiernos, las autoridades y otros aliados para garantizar que los derechos de los niños y las medidas de protección de la infancia formen parte de la respuesta inmediata a la COVID-19 y de los planes de recuperación a largo plazo.
  • Reforzar nuestra labor en favor de los niños refugiados y migrantes y aquellos afectados por conflictos para garantizar que estén protegidos contra la COVID-19.
  • Promover la participación significativa de los niños en la elaboración y la puesta en marcha de programas de respuesta a la COVID-19.