Se triplican los ataques que dañan los sistemas de agua y privan a la infancia de agua potable en zonas de conflicto, según UNICEF

El informe El agua bajo el fuego, volumen 4 documenta diferentes tipos de ataques que han causado daños a los sistemas de agua, saneamiento e higiene, sus trabajadores, y los niños, niñas y familias que dependen de ellos en 23 países y territorios

05 Noviembre 2026
Niño caminando para buscar agua
UNICEF/UNI934849/Al-Basha Un niño vestido de rojo camina por una calle polvorienta. A lo lejos, una torre de agua se alza contra el cielo, mientras un fragmento de muro de adobe bordea el camino.

NUEVA YORK, 5 de noviembre 2026 – Según un nuevo informe publicado hoy por UNICEF, entre 2021 y 2025, el número de ataques notificados que dañaron o destruyeron los sistemas de agua y saneamiento en situaciones de conflicto se incrementó hasta triplicarse, lo que provocó una mayor exposición de la infancia a los brotes de enfermedades, la malnutrición y la violencia.

El informe El agua bajo el fuego, volumen 4 documenta los ataques que entre enero de 2021 y junio de 2026 causaron daños tanto a los sistemas de agua, saneamiento e higiene (WASH) como a sus trabajadores y usuarios en 23 países y territorios. Constata una tendencia al alza de los ataques, que, además de ser más frecuentes y diversos, también afectan a zonas geográficas más amplias en todo el mundo.

“Los ataques que causan daños en los sistemas de agua y saneamiento privan a la infancia de agua potable y de los servicios esenciales que dependen del agua para funcionar de forma eficaz”, ha declarado Catherine Russell, Directora Ejecutiva de UNICEF. “Pese a que los ataques son cada vez más frecuentes, los trabajadores humanitarios hacen todo lo posible por mantener el suministro de agua. Sin embargo, las reparaciones no pueden sustituir la protección que el derecho internacional humanitario exige para estas instalaciones”.

El informe describe siete tipos de ataques, que abarcan desde los ataques contra plantas de tratamiento, tuberías y pozos, hasta la contaminación de las fuentes de agua y las restricciones de acceso a las piezas de repuesto y a los productos químicos para el tratamiento del agua. En el Sudán, en marzo de 2024 solamente permanecía en funcionamiento una de las 13 plantas de tratamiento de agua del estado de Jartum. En Burkina Faso, los ataques destruyeron más de 145 puntos de abastecimiento entre 2020 y 2025, lo que dejó sin acceso al agua a unas 830.000 personas (más de la mitad, niños y niñas). En Gaza, más de 130.000 metros de tuberías de alcantarillado habían sufrido daños desde octubre de 2023, y las aguas residuales sin tratar se vertían en el mar Mediterráneo o en zonas de almacenamiento temporales.

El informe también muestra cómo puede interrumpirse el suministro de agua incluso cuando las tuberías y las bombas permanecen intactas. En Ucrania, en diciembre de 2022, los ataques que causaron daños a las infraestructuras energéticas habían dejado a casi 7 millones de niños y niñas sin acceso estable a la electricidad, la calefacción y el agua. En el Iraq, en noviembre de 2025, un ataque con drones contra un yacimiento de gas redujo en alrededor de un 80% la producción de electricidad en toda la Región del Kurdistán, y las autoridades se vieron obligadas a racionar la electricidad entre las instalaciones de abastecimiento de agua, los hospitales y las ciudades.

Los efectos reverberantes de esos ataques van más allá del acceso al agua potable. Sin agua limpia, las instalaciones sanitarias no pueden esterilizar los equipos, garantizar la seguridad de los partos ni preparar la leche terapéutica utilizada en el tratamiento de los niños y niñas que padecen malnutrición grave. Las enfermedades diarreicas constantes provocadas por el agua insalubre impiden que los niños y niñas absorban los nutrientes que necesitan y merman su capacidad para combatir las infecciones que proliferan cuando el agua no es apta para el consumo o es inaccesible.

En los campamentos del este del Chad que albergan refugiados del Sudán, la OMS vinculó un brote de hepatitis E al acceso deficiente a agua potable y a servicios de saneamiento. Los niños y niñas de entre 6 y 17 años representaban la mitad de los 2.092 casos sospechosos registrados entre enero y abril de 2024.

El informe también expone las muertes, lesiones o daños sufridos por los niños y niñas en las colas para conseguir agua, y se han documentado varios ejemplos en Gaza. Cuando las familias deben salir de casa para ir a buscar agua, las mujeres y las niñas asumen esa tarea en siete de cada diez hogares. Los trayectos más largos y peligrosos las exponen a un mayor riesgo de sufrir violencia sexual y reducen el tiempo que pasan en la escuela.

Las personas que se ocupan de mantener el suministro de agua también corren peligro. Por ejemplo, las Naciones Unidas registraron la muerte de 14 miembros del personal de los Establecimientos de Agua del Líbano durante el conflicto de 2024.

El informe también expone cómo se están adaptando los trabajadores humanitarios. En Afganistán, alrededor del 65% de los sistemas de agua que reciben ayuda de UNICEF ahora funcionan con energía solar, lo que reduce la dependencia del combustible y de la red eléctrica nacional. En otros contextos, los equipos están capacitando a los mecánicos locales, almacenando piezas de repuesto antes de que se produzcan los daños y construyendo sistemas locales más pequeños para que un solo ataque no interrumpa el suministro de toda la población.

Sin embargo, esta labor está en peligro debido a los importantes recortes aplicados a la financiación. En los países que cuentan con una respuesta humanitaria coordinada en materia de WASH, 137,9 millones de personas necesitan asistencia en este ámbito, pero solo se ha recibido el 26% de la financiación necesaria para 2026.

UNICEF insta a las partes en conflicto, a los Estados Miembros, a los donantes y a los agentes humanitarios y de desarrollo a tomar las siguientes medidas:

  • Considerar que, en situaciones de conflicto, los sistemas de WASH son indispensables para la supervivencia de la población civil, especialmente de los niños y niñas, y que es esencial protegerlos para que se respeten sus derechos fundamentales.  
  • Crear un mecanismo para recopilar de forma sistemática datos sobre los ataques que causan daños a las infraestructuras de WASH en situaciones de conflicto.
  • Proteger a los niños y niñas y a las comunidades que tratan de acceder a los servicios de WASH, así como a los trabajadores de los sectores de WASH y de la energía.  
  • Garantizar a los agentes humanitarios y a los trabajadores de los sectores de WASH y de la energía un acceso seguro, oportuno y sin trabas a las personas que necesitan ayuda y a los suministros esenciales necesarios para mantener en funcionamiento los sistemas de agua y energía. 
  • Invertir en enfoques de WASH resilientes a los conflictos y en mecanismos de continuidad de los servicios dirigidos por agentes locales. 

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Recursos adicionales

Una torre de agua en el estado del Nilo, Sudán.
El 14 de octubre, uno de los sistemas de filtración de la antigua planta de tratamiento de agua de Atbara, en el estado del Nilo, Sudán. La planta sufrió daños durante el conflicto, lo que afectó gravemente su funcionamiento y obligó a unas 600.000 personas a depender de fuentes de agua no seguras. Actualmente, está siendo rehabilitada con el apoyo de UNICEF. UNICEF también está suministrando cloro y polímeros para facilitar el tratamiento del agua antes de su distribución a las comunidades. La rehabilitación permitirá restablecer la capacidad de producción de la planta a 8.500 m³ diarios, mejorando el acceso al agua para los hogares, las escuelas y los centros de salud afectados.

Acerca de UNICEF

UNICEF, la agencia de las Naciones Unidas dedicada a la infancia, trabaja en algunos de los lugares más difíciles para defender los derechos de todos los niños y niñas del mundo, especialmente de los más desfavorecidos. En más de 190 países y territorios, hacemos todo lo necesario para ayudar a los niños y las niñas a sobrevivir, prosperar y desarrollar su potencial. 

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