Las mujeres de Bioko cultivan un futuro mejor para todos

UNICEF promueve la inclusión social en la periferia de Malabo con un curso de gestión de recursos

Andreu Abuín y Mariana Coolican
Niño sentado con una mujer mayor en un banco
UNICEF/Guinea Ecuatorial/Carlos E Gómez

25 Septiembre 2018

Cuando llegamos, nos encontramos con una gran olla sobre una hoguera en el centro del espacio donde se reúnen las llamadas emprendedoras rurales. «Aquí hay una ley: cuando viene alguien, se hace comida para todos», exclama, a modo de bienvenida, Elisa Toichoa, coordinadora de las Escuelas de Campo para Agricultores (ECA) de Guinea Ecuatorial.

Se trata de una iniciativa de la FAO, que inició su recorrido a finales de los 80 en el sudeste asiático. En África, se implantaron más tarde. En Guinea Ecuatorial, hace solo un par de años, en los distritos urbanos de Baloeri, Basupú y Batoicopo.

Hoy visitamos la escuela de Batoicopo. Llegamos un poco —bastante— tarde porque nos hemos entretenido en Basupú con un joven agricultor, Graciliano Sambo. Elisa insistió en que lo encontrásemos. Es un chico tímido, vestido de negro integral. «Su madre murió hace dos meses», me informa Elisa, «debe guardar luto todo el año».

Gracialiano sueña con ser 'basquetero', pero confiesa su amor por la agricultura
UNICEF/Guinea Ecuatorial/Andreu Abuín
Gracialiano sueña con ser 'basquetero', pero confiesa su amor por la agricultura
Graciliano participó, junto a su madre, en el curso de inclusión financiera organizado por el Gobierno, la FAO y UNICEF para las Escuelas. La formación se llevó a cabo en 2017. Estaba enfocada sobre todo a las mujeres rurales a las que se quería capacitar en la gestión de los pocos recursos de los que disponen. También se procuró alentar la adopción “de estilos de vida saludables, promoviendo la educación e información para personas en riesgo de pobreza extrema”, explica Miguel Luba Bahosi, economista y uno de los formadores del curso. Graciliano era el más joven de los participantes.  «Yo era un aprendiz, claro. He aprendido cómo ahorrar, cómo invertir… menos caprichos, o sea, minimizar los gastos». Nos explica que la finca, el huerto familiar, está lejos de la ciudad. Así que aprovecha al máximo del espacio que comparten con los vecinos que participan en la Escuela de Campo. Es un terreno experimental donde plantan todo tipo de productos. Allí intercambian experiencias y se ayudan los unos a los otros. También buscan soluciones naturales para tratar las plagas o para mejorar el rendimiento del terreno. Luego venden sus productos en el mercado local o en el de Malabo. «Mis planes son ser cantante…», se lo piensa, «…basquetero, porque me encanta el deporte… actor… y agricultor». Parece un poco perdido, pero no debo insistir mucho para que Graciliano confiese su amor por la agricultura. «Lo que más me gusta es el momento de la cosecha. El momento en el que ya se ve todo ahí bien florecido, y los frutos… me apasiona ir a recoger, con todo bien bonito». En Batoicopo, las emprendedoras rurales están ya a sus cosas, dispersadas por el terreno, arrancando hiervas y charlando entre ellas. También hay hombres. Cuatro hombres y cinco mujeres en total. Una de las emprendedoras se ocupa del fuego. Han cocinado yuca y atangas para almorzar. Es la primera vez que los pruebo. Son como olivas grandes de color violeta. Me dicen que saben a aguacate y limón. A mí me recuerdan a las ostras. Saben a mar, les digo. Parece que cada cual proyecta sus propios deseos en el sabor de los atangas.
Daniel acude con su abuela a la Escuela de campo para agricultores de Batoicopo.
UNICEF/Guinea Ecuatorial/Andreu Abuín
Daniel acude con su abuela a la Escuela de campo para agricultores de Batoicopo.
Daniel acude con su abuela a la Escuela de campo para agricultores de Batoicopo
UNICEF/Guinea Ecuatorial/Andreu Abuín
Daniel acude con su abuela a la Escuela de campo para agricultores de Batoicopo

Daniel Ángel Ehate tiene 12 años. Se acerca cuando reparten la comida. Estaba jugueteando entre los bananeros. «Suele venir a la finca conmigo cuando no hay clase», comenta su abuela. Ella participa en la Escuela desde su fundación. «Me ayuda un poco, pero no gran cosa».

Le pregunto a Daniel si le gustaría trabajar aquí cuando sea grande. Me dice que no. «Me gusta venir a la finca, pero de mayor no me gustaría ser agricultor. El trabajo de agricultura es muy “fuerte”» —no se lo discuto— «A mí me gustaría trabajar en las empresas… como conducir coches… Arreglar luz… Poner luz…». Podemos decir, sin temor a equivocarnos, que Daniel es más representativo de la juventud ecuatoguineana que Graciliano.

Los jóvenes del país, como la de medio mundo, sueñan con un trabajo fácil, en la ciudad, que esté bien pagado. La modernidad ha llegado a Guinea Ecuatorial para quedarse. El país se va abriendo lentamente al exterior, y los productos congelados llegados de España, Brasil o China, inundan las estanterías de los supermercados.

La dieta tradicional basada en productos de la agricultura, pesca y caza se ha sustituido por alimentos procesados y congelados, muchas veces sin respetar la cadena de frío. Esto da lugar a deficiencias en micronutrientes, principalmente de vitamina A. También provoca anemia en dos tercios de los niños.

UNICEF trabaja con el Gobierno para la promoción de prácticas de nutrición mejorada en un proyecto conjunto con la FAO. Se capacita a las madres para explicarles la importancia de la dieta tradicional. Iniciativas como las formaciones en capacitación financiera incluyen módulos de cambio de comportamiento para retomar hábitos saludables, en particular para los niños pequeños y adolescentes. También se les enseña a ahorrar, a emprender y a organizarse mejor para lograr que su Escuela se convierta en una de las primeras cooperativas del país.

Pese a la situación de vulnerabilidad de las familias que participan en este programa, Daniel disfruta de una dieta rica en productos de la huerta. «Desde que mi abuela viene a la huerta, comemos más cosas. Si ayer comimos banana, otro día podemos comer mangüeña, papaya… Pero si es de verdura, si hoy hemos comido yacató, mañana comeremos patata leave, otro día comeremos green, otro día comeremos otras cosas».

Las escuelas de campo para agricultores se han implantado de manera tímida en el país. Solo existen tres Escuelas en el área periurbana de Malabo. Los recursos siguen siendo escasos. «Si tuviéramos una máquina para cortar las malas hierbas nos ayudaría mucho», me explica Jeremías Diote, presidente de la escuela de Batoicopo.

Enlace al video en su sitio alojado.
UNICEF/Guinea Ecuatorial
Los participantes en el programa de capacitación financiera de agricultura periurbana de UNICEF-FAO explican su experiencia. La formación se realizó la segunda mitad del año 2017, dentro de la iniciativa Escuelas de campo para agricultores de la FAO, en Guinea Ecuatorial.