«Hay gente que no quiere acercarse a mí»

La prevención de la transmisión del VIH de madre a hijo, prioritaria en la lucha contra el sida en Guinea Ecuatorial

Andreu Abuín
Mujer se asoma a una terraza frente al mar
UNICEF/Guinea Ecuatorial/Carlos E Gómez

10 Septiembre 2018

El Centro de Salud María Ràfols, en Bata, está concebido como un claustro. De hecho, fue fundado por la congregación religiosa de Hermanas de la Caridad de Santa Ana. Las pocas monjas que quedan siguen teniendo sus celdas en el interior del edificio. Las salas de consulta se abren hacía el exterior. Los pacientes esperan su turno sentados en bancos de madera dispuestos alrededor, o apoyados contra los pilares que aguantan los soportales.

El fotógrafo y yo nos dividimos para encontrar al doctor que ha de presentarnos a Begoña, la protagonista de esta historia. El nombre es ficticio. Quiere preservar su anonimato en un país donde, pese a lo mucho que se ha avanzado en este sentido, el virus del sida sigue siendo tabú.

El doctor da con nosotros más que nosotros con él. «Sois los de UNICEF, ¿no?». Le respondemos que sí y nos hace pasar de inmediato al interior claustro. Se trata de un jardín mal cuidado enmarcado por galerías por donde deambulan enfermeras, doctores y algún que otro paciente despistado.

Una vez en su despacho, el doctor se sienta. Entran también su asistente y una religiosa española vestida de paisano. Carraspeo mientras busco con la mirada a Begoña. Todavía no sé que se llamará Begoña. Quizá ni ella lo sepa. El doctor espera una introducción oficial, supongo. Le vuelvo a explicar el motivo de la visita. Como es debido. Noto un cierto nerviosismo. O curiosidad. O quizá precaución. De todo un poco, a la vez, supongo.

Hechas las presentaciones y dadas explicaciones de rigor, deslizo mi mirada del doctor a la asistente y de ésta a la religiosa. La monja asiente al doctor y sale de la sala por la puerta que da al exterior. Vuelve con una chica joven Begoña, quien me atraviesa brevemente con la mirada y se sienta en la silla dispuesta en frente de mí. Me sonríe con la mirada. Una mirada picarona. Un pelín maliciosa, un pelín burlona.

Nuestras sillas están colocadas a medio metro una de la otra, así que me acerco con la grabadora en la mano. «Por el sonido», le digo y sonrío. No pestañea. Sigue observándome con su sonrisa de Mona Lisa, en silencio. Me presento de nuevo, ahora a ella, y paso a la primera pregunta que tenía preparada.

Hace ya varios años que le diagnosticaron el virus. Tiene cuatro hijos. Tres partos. Parece más joven de lo que es. Se toma lo del virus con tranquilidad, con naturalidad. «Son cosas del destino». Todos sus hijos son seronegativos. «Simplemente consulté con los médicos. Me dijeron cuáles eran los pasos que tenía que seguir. Cumplí con lo que me dijeron».

Desgraciadamente no todas las madres son tan valientes. Algunas temen que su entorno se entere y ni siquiera se atreven a hacerse las pruebas. Miedo del qué dirán. Un miedo irracional. Mal invertido. Sin tratamiento, las posibilidades de transmitir el virus al hijo son de más del 40%. Con el tratamiento adecuado, no llegan al 1%.

A Begoña no le importa lo que diga la gente. O eso dice. «Bueno, me encuentro con gente que habla mal de eso». Casi le pregunto que qué es «eso», por provocarla, pero me retengo. «Gente que no quiere acercase a mí. Todo eso. A mí me da igual. Cuando empiezan a hablar mal de eso, salgo de ahí. Me voy a otro lugar y nada más. No me afecta nada» dice, tal como lo haría Luz Casal.

Fui yo la que la calmó. “Cálmate, no pasa nada. No pasará nada”, y ya está. Ahora mi mamá lo acepta.

Su madre se asustó, al principio. «Fui yo la que la calmó. “Cálmate, no pasa nada. No pasará nada”, y ya está. Ahora mi mamá lo acepta». Implacable. «¿Y tú pareja?». Suspira. «Mi pareja… Llevo tiempo pidiéndole que venga a hacerse los análisis. Porque yo he sido sincera con él, pero no se lo quiere creer. Dice que no, que no pasa nada. Que no pasa nada. Ya no sé qué hacer».

Guinea Ecuatorial está clasificado como país de epidemia de VIH generalizada. Según los últimos datos que maneja ONUSIDA, 53.000 personas conviven con el virus en el país, los peores resultados, a nivel proporcional, de la región. El Ministerio de Sanidad y Bienestar ha tomado diversas medidas para tratar de poner remedio a la situación.

En 2015 se puso en marcha, con el apoyo de UNICEF, la OMS y el Instituto de Salud Carlos III, la Estrategia de prevención de la transmisión madre-hijo de VIH. Está basada en tres ejes: capacitación del personal sanitario, suministro de insumos y un plan de monitorización. El objetivo es disminuir la transmisión madre-hijo a menos del 5% en todo el país. Begoña es uno de los muchos ejemplos de que la estrategia funciona.

Se me pasa por la cabeza que debería contratarla UNICEF. Que no hay mejor capacitación que escucharla hablar con la naturalidad y con la claridad con la que se expresa. Sería una suerte que otras jóvenes en su situación pudieran charlar con ella.

«Cualquiera que pase por lo que estoy pasando, que no tenga miedo. Que se enfrente a la realidad porque las cosas son como son. Que, si te encuentran que estás así, no te enojes o hagas tal o tal, porque nada va a cambiar. Si uno está así, tiene que asumir su responsabilidad. Y seguir su tratamiento para poder llevar una vida normal. Nada más».