Mitos y realidades de la salud mental de las madres embarazadas.

Aunque la maternidad suele estar envuelta en imágenes de alegría y plenitud, la salud mental durante el embarazo sigue siendo un tema cargado de mitos, silencios y expectativas poco realistas.

UNICEF El Salvador
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UNICEF El Salvador/ROD Studio
23 Mayo 2025

21 de mayo de 2025. San Salvador. El Salvador. La idea de que el embarazo debe ser un periodo exclusivamente feliz es uno de los mitos más extendidos. Sí, hay momentos de conexión profunda, esperanza e ilusión. Pero también puede haber cansancio, miedo, inseguridad y tristeza. Las emociones durante el embarazo son tan variadas como válidas. Obligar a una mujer a sentirse bien en todo momento es negar su experiencia y silenciar su necesidad de apoyo. 

Emilia Rivas, psicóloga, explica que hoy en día las mujeres embarazadas suelen ver en redes sociales una romantización de la maternidad, viendo cómo otras mujeres siempre están muy arregladas y felices, las hace sentir que no están viviendo la maternidad como la que la sociedad muestra. 

Esto puede hacer que las mujeres experimenten ansiedad o tristeza durante el embarazo, pero esto no significa que muestren una señal de debilidad, sino más bien que están pasando por una experiencia humana. Estudios indican que hasta una de cada cinco mujeres puede experimentar síntomas de ansiedad o depresión durante la gestación. Sin embargo, hablar de malestar emocional sigue siendo un tabú. Muchas mujeres temen ser juzgadas o sentirse inadecuadas como madres si expresan su sufrimiento. 

La sociedad ha puesto sobre las madres una carga simbólica enorme: la del sacrificio silencioso, la fortaleza inquebrantable, la alegría obligatoria. Romper ese molde es incómodo, pero necesario. Nombrar nuestras emociones es el primer paso para poder atenderlas. 

Otro mito dañino es pensar que, si la madre está triste, el bebé estará “mal”. 

Esto solo genera más culpa y ansiedad. Lo cierto es que las emociones maternas influyen en el desarrollo del bebé, pero no de manera simplista. Lo que realmente impacta es cuando el malestar emocional no se reconoce ni se trata. Un entorno de apoyo, comprensión y acompañamiento puede mitigar estos efectos y fortalecer el vínculo madre-hijo. 

Por otra parte, se cree en el mito de que las hormonas sí influyen en los cambios emocionales del embarazo, pero no son las únicas responsables. Hay factores psicológicos, sociales, económicos y de salud que también juegan un papel. Culpar únicamente a las hormonas invisibiliza otras causas reales del sufrimiento emocional y limita las posibilidades de intervención efectiva, comenta Emilia.

Restar importancia a lo que sentimos puede ser muy peligroso. Minimizar los síntomas emocionales, ignorarlos o pensar que “ya pasarán” puede derivar en complicaciones mayores. La atención oportuna es necesaria para prevenir cuadros más graves y garantizar el bienestar tanto de la madre como de su bebe.

Las mujeres que han tenido antecedentes de trastornos mentales están en mayor riesgo de experimentar síntomas durante el embarazo. Por eso, es fundamental que reciban un seguimiento cercano y respetuoso desde el inicio. Pedir ayuda no es señal de debilidad, sino de valentía y amor hacia una misma y hacia el bebé.

Es de suma relevancia considerar que la maternidad no comienza en el momento del parto, comienza mucho antes, el cuerpo de una mujer se transforma. En ese proceso, hay días claros y otros nublados.

Reconocer que no todo es alegría no las hace menos madres: las hace más humanas.

Hablar de salud mental durante el embarazo es una forma de cuidarse. Pero también es importante hablar abiertamente sobre este tema utilizando canales como las redes sociales, difundir mensajes en los que las mujeres se sientan acompañadas y no se sientan solas, que está bien no sentirse bien, y que pedir ayuda es parte del camino, no un desvío. No es debilidad, es sabiduría.

Que este sea un llamado a mirar a las embarazadas con más escucha, con menos juicio. A dejar de idealizar el embarazo como un cuento perfecto y a empezar a vivirlo como lo que es: una experiencia profunda, real, a veces luminosa, a veces difícil. Y siempre, siempre digna de ser acompañada con ternura y verdad.