¿Cuándo tengo tiempo para mí? Consejos para balancear responsabilidades de crianza y salud mental
Ser madre o padre es un acto de amor inmenso, pero también un reto emocional profundo. Muchas veces, en medio del cuidado y la entrega, se olvida algo fundamental: cuidarse a sí mismos.
22 de mayo de 2025. San Salvador. El Salvador. Priorizar el bienestar personal, para muchas madres, parece una meta inalcanzable. No porque no lo deseen, sino porque viven en una cultura que idealiza la entrega total, como si cuidarse fuera un lujo y no una necesidad. A menudo, esta carga invisible recae más sobre las mujeres, quienes enfrentan una presión constante por ser madres perfectas, trabajadoras incansables y compañeras disponibles.
El cuerpo y la mente hablan: agotamiento extremo, irritabilidad, tristeza constante, ansiedad, dificultades para dormir. Son señales de alerta. La falta de autocuidado no solo afecta emocional y físicamente, sino que también repercute en el vínculo con las hijas e hijos. No se puede cuidar bien de los demás, si no se encuentran bien emocional y físicamente.
Buscar tiempo que les permita seguir cuidando, amando y sosteniendo es muy importante. Una madre que se permite descansar, reír con amigas, salir a caminar sola o simplemente no hacer nada, no es menos madre. Es una madre que se escucha y se respeta.
En las primeras etapas de la crianza, el tiempo se vuelve difuso. Pero “tiempo para mí” no siempre significa estar sola durante horas. A veces es una ducha sin interrupciones, una taza de té caliente, o pedir ayuda para poder salir diez minutos al sol. Se trata de encontrar momentos posibles, no perfectos. “Por eso no pasa nada, si las madres deciden solo sentarse a descansar, mientras sus hijos duermen” comenta Emilia Rivas, psicóloga.
Emilia sugiere retomar actividades que definían a las mujeres antes de la maternidad, esto puede ser una forma poderosa de recordar quiénes son.
No se trata de grandes gestos, sino de pequeñas rutinas diarias: hacer una rutina de ejercicio en casa, leer cinco páginas antes de dormir, respirar profundamente, ver un capítulo de una serie o cualquier actividad que disfrute.
La corresponsabilidad es clave.
Ninguna madre debería cargar sola con la crianza. La corresponsabilidad no es “ayudar”, es compartir. Dividir las tareas del hogar y el cuidado infantil de forma equitativa no solo libera tiempo, sino que envía un mensaje poderoso a nuestras hijas e hijos sobre igualdad y respeto. Es fundamental que exista una buena comunicación en las parejas, hablar de lo que siente permitirá tener una convivencia sana, agrega Emilia.
A veces creemos que necesitamos cambiar todo para sentirnos mejor. Pero una caminata breve, una siesta, decir “no” a una obligación extra o simplemente hablar con alguien que escuche sin juzgar, puede ser el primer paso hacia el bienestar.
Cuando ambos progenitores se cuidan emocionalmente, el ambiente familiar se vuelve más sano, más amoroso. El bienestar de los padres es el terreno fértil donde crecen niños y niñas emocionalmente seguros. No es un acto egoísta, es un acto de amor colectivo.
Por otra parte, para quienes crían solas o sin una red cercana, el desafío es mayor, pero no imposible. Establecer límites, crear rutinas que incluyan pausas, conectarse con otras madres, buscar espacios comunitarios, aunque sean virtuales, puede marcar una gran diferencia. No se debe tener miedo de pedir ayuda.
Nadie cría en soledad, aunque a veces lo parezca. La familia extendida, los vecinos, la escuela, las amistades: todos tienen un rol en el bienestar de una madre o un padre. Escuchar sin juzgar, ofrecer un plato de comida, cuidar al bebé una hora. Los gestos pequeños son los que sostienen a una familia sana.
Tanto madres y padres necesitan, y merecen, tiempo para sí mismos.
Cuidar su salud mental no es un capricho: es la base para criar con amor, paciencia y ternura. Que este artículo sea un recordatorio de que no se está solo, que pedir ayuda está bien, y que cada pequeño acto de autocuidado es una semilla de bienestar para toda la familia.