Enmanuel se reencuentra con su comunidad y comienza su nueva historia
Enmanuel, de 9 años, ya vivió la travesía del migrante a bordo de los vagones del tren conocido como “La Bestia”. Su conclusión es que no volvería a intetnarlo porque lo considera peligroso y más si se viaja con toda la familia.
Santa Ana, 30 de octubre de 2025. En la memoria de Enmanuel, de 9 años, quedaron grabadas las historias de cuando jugaba a las escondidas con su hermano, Johnny, en un bosque lleno de nieve, de una familia de osos que pasaron por su casa buscando comida, una cascada con el agua fría que desembocaba en un río y lo fácil que fue aprender inglés en una escuela que le gustaba mucho porque tenía canchas de fútbol, de béisbol y parques.
Lo que también recuerda con bastante exactitud fue el viaje que hizo con sus padres y su hermano para llegar a ese destino. Recuerda que viajaron por México en el techo de los últimos vagones del tren conocido como “La Bestia”, en las curvas tenía miedo y se mareaba, no podía dormir ni jugar con los otros 16 niños que iban en el tren y durante once días, Enmanuel solo comió pan y agua hasta que llegó el momento de atravesar un río que le pareció muy ancho y peligroso. “Lo recuerdo como un viaje difícil”.
El primer año en ese nuevo lugar, el niño relata que su papá encontró trabajo en la construcción y su mamá limpiando casas, llegaron a vivir con su tío y la casa era pequeña, pero estaba frente a un bosque donde iban a jugar con su hermano.
“Al principio yo les traducía a mis papás las conversaciones con amigos que solo hablaban inglés”, comenta el niño.
Sin embargo, Enmanuel explica que también ocurrieron situaciones que pusieron a toda la familia en riesgo y eso le causo incertidumbre y miedo.
Al final, mi tía dijo que era mejor que regresara con ella a El Salvador “Yo estudiaba cuarto grado y me sentí muy triste cuando nos íbamos a subir al avión para regresar a El Salvador. Todavía extraño mi escuela, a mis papás, mis tíos y mis amigos”, expresa.
Al salir del aeropuerto en El Salvador y vio a sus abuelos fue “cuando me sentí feliz”.
Ahora, Enmanuel estudia segundo grado en el Centro Escolar Lomas de San Marcelino, en Santa Ana y participa en las actividades de buenas prácticas de higiene y lavado de manos impulsadas por UNICEF y ejecutadas por su socio Plan Internacional.
El niño cree que lo mejor ha sido regresar:
“Este tiempo en el país ha sido bonito porque creo que es un ambiente más tranquilo, ando en bicicleta, juego fútbol, mi fruta favorita es el jocote y la casa de mis abuelos me gusta porque hay espacio”, concluye.
UNICEF trabaja para proteger los derechos de los niños y adolescentes migrantes, proporcionando asistencia humanitaria como atención médica, agua potable, kits de higiene y apoyo psicosocial. También aboga por políticas migratorias que pongan el interés superior de la niñez en primer lugar, y trabaja con los gobiernos para garantizar que las familias permanezcan unidas.


