Un año y medio sin escuela: la historia de Margarita

Al igual que muchos niños en zonas rurales de Ecuador, Margarita espera ansiosa la reapertura de su escuela para retomar sus estudios y ver a sus amigos.

Ana María Castro
Un año y medio sin escuela: la historia de Margarita
UNICEF/ECU/2021/Vega
08 Septiembre 2021

Es muy temprano en El Cebadal, una comunidad rural de Pimampiro, un cantón de la provincia de Imbabura en la sierra de Ecuador. Mientras aparecen los primeros destellos de sol entre las montañas, los gallos anuncian a Margarita que es hora de levantarse. En medio del frío del amanecer, sale al corral que está junto a su casa y toma los huevos que la gallina acaba de poner. Regresa a la cocina con ellos y los mezcla con harina y aceite para hacer pan.

Margarita prepara pan en su casa
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Preparar el desayuno es su primer quehacer doméstico. Después tendrá que alimentar a las gallinas y cuyes, lavar platos, cocinar el almuerzo y regar las flores que cuida con cariño. También ayuda a su padre, Darwin Guamán, en el cultivo de granadillas en su pequeña parcela. Es la rutina que la pandemia le dejó, pues, debido al COVID-19, ya no pudo continuar sus estudios.

Para acudir a clases, Margarita debía bajar desde su casa, ubicada en las faldas de un cerro, a través de una trocha que se abre paso entre charcos de lodo, piedras y maleza crecida. Luego debía tomar un bus para recorrer un sinuoso camino empedrado y bordeado de precipicios que los lugareños llaman la “Ruta del Vértigo”. Desde que su escuela cerró por la pandemia y el bus dejó de funcionar, hace más de un año y medio, Margarita extraña hacer cada día ese difícil trayecto hasta sus aulas.

En la zona donde vive no hay señal de internet y su familia no cuenta con dinero para contratar un servicio satelital. Esta es una realidad frecuente en Ecuador. Según la Encuesta Nacional sobre el Bienestar de los Hogares ante la Pandemia (Encovid-Ec) realizada por UNICEF, para continuar la educación de manera virtual, 1 de cada 2 hogares con niños, niñas y adolescentes necesitan un computador y la misma proporción de familias requiere internet o mejorar su conectividad. Esto ocurre principalmente en zonas rurales y de nivel socioeconómico bajo.

Margarita no tiene acceso a Internet
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Como lo retrata el caso de Margarita, cuando los niños dejan de estudiar, dedican más tiempo a labores domésticas o en el campo, y están más expuestos a trabajo infantil, explotación y otros riesgos. En Ecuador, el trabajo infantil en el área rural afecta a 1 de cada 5 niños y niñas, entre 5 y 14 años, según la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo de junio de 2021, del INEC.  

Como consecuencia de la pandemia, al menos 90.000 niños, niñas y adolescentes que estaban matriculados ya no están estudiando. Esta cifra se suma a los 268.000 que habían abandonado la escuela previamente.

En El Cebadal, con 150 habitantes, nadie ha enfermado de COVID-19. “No hemos tenido casos, hemos escuchado de parientes que viven en las ciudades y se contagiaron. Para nosotros la pandemia significó problemas económicos y de conectividad”, afirma Miguel Anrango, dirigente comunitario. Esta falta de internet deja en los hogares una sensación de aislamiento, por eso el líder local cree que ya es hora de que retomen las clases presenciales y evitar más casos como el de Margarita.

En la zona rural, donde los hogares se encuentran muy lejos entre sí, las escuelas son espacios de reunión. Margarita es hija única y desde que se interrumpió su educación, cuando cursaba el séptimo año de escuela, no ha visto a sus amigas. Además de afectar su aprendizaje, no ir a clases impacta en el bienestar y desarrollo de los niños porque es en las escuelas donde también reciben alimentación y ejercen su vida social con compañeros y maestros.

Margarita ayuda a su padre a limpiar un árbol
UNICEF/ECU/2021/Vega

El año pasado, UNICEF y el Ministerio de Educación realizaron una encuesta a 4.500 representantes de niños, niñas y adolescentes para conocer el impacto del cierre de las escuelas en la salud mental de los niños, niñas y adolescentes. Ese estudio reveló que 4 de cada 10 estudiantes se sentían angustiados o con tensión. De ellos, solo 3 de cada 10 habían recibido atención de los Departamentos de Consejería Estudiantil (DECE).

Cuando los niños atraviesan adversidades frecuentes o prolongadas sin el soporte adecuado se puede afectar su desarrollo cognitivo, capacidad de aprendizaje y regulación emocional a largo plazo. Para los niños y niñas, el estar fuera de las aulas puede ocasionar efectos negativos no solo en su aprendizaje sino también en su salud física y mental, debido a que tienen menor actividad física, pasan más tiempo en frente de una pantalla, pueden desarrollar patrones de sueño irregulares y dietas menos saludables. Su salud mental puede verse gravemente afectada por la falta del contacto personal con compañeros de clase, amigos y docentes.

Después de un año y medio lejos de las aulas, Margarita añora regresar. “Quiero volver a la escuela, cuando nos dan todo uno no valora. A mí me sacaron y ahora aprendí a valorar los estudios”, reflexiona.

Margarita leyendo sus cuadernos escolares
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Su padre la apoya. Él sabe que la educación puede significar una gran diferencia en la vida de su hija. “Quisiera que el próximo año escolar ya vuelva, así sea que estudie a distancia”, comenta. Todo dependerá de que la escuela a la que iba Margarita reabra sus puertas. 

Acorde a los datos provistos por el Ministerio de Educación de Ecuador, tras más de un año y medio de emergencia sanitaria, solo el 6% de las escuelas ha reabierto, lo que representa 47.038 estudiantes, de un total de 4.3 millones que se han perjudicado con el cierre de instituciones educativas.

Esperando volver a su escuela, Margarita tiene lista la mochila en la cabecera de su cama. Allí guarda sus libros y cuadernos, especialmente el de dibujo, su materia favorita. Las hojas están decoradas con formas y trazos de claveles y rosas, los mismos que crecen afuera de su casa y que la niña riega todas las mañanas.

UNICEF Ecuador