La educación abre caminos para crecer sin violencia
En Esmeraldas, donde la inseguridad y las dificultades económicas afectan la continuidad escolar, UNICEF acompaña a niños y niñas para fortalecer sus aprendizajes y su bienestar emocional.
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Daniel Quiñónez, de 23 años vuelve cada día a la escuela en la que estudió y donde se destacó como el mejor estudiante. Allí, en la Unidad Educativa “Carlos Concha Torres”, en la ciudad costera de Esmeraldas, en Ecuador, Daniel hoy apoya a niños, niñas y adolescentes como tutor del programa de Apoyo Escolar de UNICEF, implementado por Humboldt Zentrum. Desde julio acompaña a 75 estudiantes, muchos de ellos marcados por la pobreza, la violencia y el miedo. A pesar de los desafíos, Daniel asume su labor con entusiasmo y compromiso, convencido de que el aprendizaje empieza por ofrecer un espacio seguro.
Uno de sus alumnos es Enot, de 8 años, quien cursa quinto de básica. Su madre, Ángela lo cría sola, por lo que mantenerlo en la escuela es un esfuerzo constante. "Lo más retador que he tenido que sortear con mi hijo es el estudio, porque hay momentos en que uno no tiene cómo darle lo que necesita", cuenta. Docentes y vecinos del barrio se organizan para ayudar con uniformes, útiles y otros gastos necesarios para que Enot pueda seguir estudiando. Él asiste al programa de Apoyo Escolar los martes y jueves, un espacio que le permite reforzar sus aprendizajes y mantenerse vinculado a la escuela.
En Esmeraldas, la violencia, la inseguridad y la falta de recursos económicos afectan la asistencia regular a clases y dificultan la continuidad escolar. En 2024, alrededor de 18.739 niños, niñas y adolescentes —el 9,6% de la población entre 5 y 17 años— se encontraban fuera del sistema educativo en la provincia. Esa situación se refleja en el día a día del aula. “Hay papitos y representantes que me han escrito ‘profesor no puedo mandar a mi hijo hoy día, no tengo para el pasaje’ o ‘profesor, mi hijo no puede salir de la casa porque en mi barrio hubo un tiroteo’. Son cosas que a uno como tutor de verdad le duelen”, relata Daniel.
Apoyo escolar para seguir aprendiendo
El programa de Apoyo Escolar acompaña a más de 460 niños y niñas en situación de vulnerabilidad en Esmeraldas. A través de este espacio, fortalecen sus habilidades en lectura, escritura y matemáticas, mientras reciben acompañamiento para su bienestar emocional. El programa promueve un entorno seguro y cercano que les permite expresarse, recuperar la confianza en sí mismos y reencontrarse con el gusto por aprender.
Actualmente, el programa se implementa en siete instituciones educativas de zonas vulnerables de la provincia de Esmeraldas y acompaña a estudiantes de tercero a séptimo de básica. Siete tutores, como Daniel, trabajan directamente con niñas y niños de entre 7 y 12 años, adaptando las actividades a las necesidades de cada grupo, para que aprender vuelva a ser posible.
Desde que se integró al programa de Apoyo Escolar, la experiencia de Enot en la escuela ha cambiado. Su madre comenta que ahora disfruta de las clases, “porque el profesor le enseña con paciencia”. Antes, las matemáticas eran una de sus mayores dificultades y en casa no siempre podían reforzarlas. Hoy, ese esfuerzo empieza a dar frutos: Enot llega a casa entusiasmado y le comparte que aprendió a hacer divisiones. “Ha cambiado bastante”, dice su madre contenta. Como tutor, Daniel también percibe ese cambio en el aula: “Yo veo que los alumnos están con muchas ganas de aprender, los padres también están muy motivados”. Para él, además de reforzar los conocimientos, lo más importante es la confianza en sí mismos que los niños y niñas han ido construyendo.
Mirando hacia adelante, Daniel tiene claro qué lo motiva. Sueña con ver a sus alumnos crecer y cumplir sus metas. Y añade un deseo que va más allá del aula: que la ciudad mejore para que niñas y niños puedan aprender y crecer sin miedo, en un entorno más seguro y con oportunidades para todos.
El programa de Apoyo Escolar de UNICEF se implementa en Esmeraldas y Guayaquil, unas de las provincias más afectadas por la violencia en Ecuador, beneficiando cada año a cientos de niños y niñas. Esto es posible gracias a la Ayuda Humanitaria de la Unión Europea y a las personas que donan a UNICEF.