La gran labor de los docentes para que los niños sigan estudiando en áreas rurales
Con o sin pandemia, Nancy Rebolledo despierta de lunes a viernes con un mismo propósito: que sus estudiantes no dejen de aprender.
En una adornada casa de colores turquesa y rosa, en Sucumbíos, oriente de Ecuador, vive la maestra Nancy Rebolledo (41) y su hija Micaella (17). Por las ventanas de su hogar entran los rayos del sol, indicando el comienzo de un nuevo día.
Para Nancy, Micaella no es su única hija. Mientras se peina y se prepara para salir, habla con orgullo de sus 11 estudiantes, a quienes considera también como sus hijos. Desde marzo, cuando se anunció el cierre de las escuelas como medida de protección frente a la pandemia por el COVID-19 en Ecuador, Nancy se ha fijado la meta de visitar sus hogares y de seguir en contacto con cada uno de ellos con el fin de que su aprendizaje no se detenga.
Después de desayunar con su hija, prepara el material de estudio y alista todos los implementos de protección personal para evitar el contagio del virus. Cada día debe recorrer una ruta diferente. En esta ocasión debe desplazarse por casi una hora, tomando dos buses y luego caminando por una carretera sin asfalto hasta llegar a la casa de uno de sus estudiantes.
“Muchos padres de familia no tienen teléfono, tampoco hay señal, ni internet, nada…”, dice la maestra. “Y cuando hay días con lluvia, como el de hoy, peor porque nos quedamos sin energía. Por esta razón yo paso dejando las actividades a cada guagua para que puedan seguir estudiando en casa”, agrega Nancy.
A lo lejos se ve a Marlon (12) vestido de blanco, quien saluda moviendo su mano a Nancy. Detrás de él se divisa su hogar, una tradicional casa de madera, rodeada de cafetales y animales de campo. Al acercarse, se perciben las ganas que tiene de abrazar a su profesora, pero su intención se detiene al recordar que en tiempos de pandemia los abrazos deben esperar.
Marlon le cuenta a su profesora lo que ha hecho en los últimos días. “Además de hacer las tareas de la escuela, le ayudo a mi papá a recoger café y alimentar a los pollitos, los chanchos y al ganado. En las tardes me gusta jugar fútbol con mi hermano”, dice el estudiante.
“Hace unos meses que no estoy yendo a la escuela para protegernos del coronavirus”, cuenta Marlon. “En el cuadernillo me ponen tareas de multiplicación, división, español e incluso actividades del hogar como cocinar recetas para hacer con mi mamá”, continúa explicando mientras revisa las nuevas actividades que su profesora le ha dejado.
Los padres de Marlon reconocen que, durante el confinamiento, se ha invertido mucho más tiempo en la educación de sus hijos y en disfrutar en familia. “Aquí en casa les ayudamos a hacer sus tareas, estamos pendientes siempre de ellos para que no se descuiden en el proceso de educarse y preparase”, dice Jesús, el padre de Marlon.
La maestra Nancy se despide de Marlon y continúa con su recorrido. En la tarde visita otro niño que vive en la misma zona y luego regresa a su hogar. Aunque se siente cansada por la jornada y por todo el riesgo que implica movilizarse durante estos tiempos, también tiene la satisfacción de estar en contacto con sus estudiantes, ver en qué condiciones están y cómo sobrellevan en familia los retos que ha impuesto la pandemia.
Programa de Nivelación Pedagógica
Marlon, como estudiante, y Nancy, como docente, forman parte de un programa de nivelación académica dirigido a niños con rezago escolar, que surgió en el 2016, año en el que Ecuador sufrió un terremoto que dejó muchas pérdidas y destruyó varias escuelas en la Costa del país. Este hecho, produjo que cientos de niños interrumpieran sus estudios. El rezago escolar puede presentarse como consecuencia de situaciones de vulnerabilidad como la migración, el trabajo infantil, la situación económica o la violencia intrafamiliar.
En el caso de Marlon, su rezago se debe a un periodo de tiempo en el que su familia se trasladó a la ciudad, tomando posteriormente la decisión de regresar al campo. A través de este programa, y con el debido acompañamiento pedagógico, Marlon puede hacer dos grados escolares en un año para nivelar sus estudios.
Para responder a la emergencia actual, con el apoyo de UNICEF y su socio implementador Desarrollo y Autogestión (DyA), los docentes adaptaron las guías de estudio impartidas por el Ministerio de Educación para ayudar a cerca de 1.200 niños en Ecuador, que podrían estar en riesgo de quedarse atrás debido a los cierres de escuelas por el COVID-19.
"Una vez que se termine la emergencia por el COVID-19, sabemos que existe un riesgo de que los estudiantes no retornen a las aulas por motivos de una situación económica que se endurece en sus hogares, a tal punto que muchos de nuestros estudiantes están pensando en salir a apoyar a sus padres en el trabajo, pero gracias al programa y a lo que se ha venido haciendo en estos últimos meses, podemos indicar que ese riesgo se reduce", expresó Nancy Torres, coordinadora del Programa de Nivelación y Aceleración Pedagógica, en DyA.
Esta iniciativa de aprendizaje, apoyada por Diners Club del Ecuador y ejecutada por UNICEF, a través de su socio implementador Desarrollo y Autogestión, es parte de la respuesta educativa de UNICEF Ecuador para apoyar la continuidad de la educación durante la emergencia por el COVID-19.
Las estrategias de UNICEF incluyen el acompañamiento pedagógico y apoyo psicosocial a docentes y Departamentos de Consejería Estudiantil para orientarles en la interacción con las familias y estudiantes durante la emergencia; la dotación de dispositivos digitales y planes de datos para que el personal educativo se mantenga en contacto con los estudiantes; la producción de material educativo y programas para radio y televisión; y la entrega de guías de autoaprendizaje para la educación intercultural bilingüe.
UNICEF acompaña al Estado ecuatoriano en la respuesta a esta emergencia tanto para prevenir la transmisión del virus como para mitigar los efectos colaterales en los niños y niñas, en especial de los más vulnerables.
Se requiere el compromiso de todos los actores para poder garantizar plenamente los derechos de los niños en el contexto de la pandemia por el COVID-19.