Vocación que desafía los vientos
La enfermera Yanelin Betancourt recuerda cómo preservaron la vida de recién nacidos en la sala de neonatología del hospital “Ciro Redondo García”, la noche en la que el huracán Rafael golpeó con fuerza en Artemisa
En la madrugada del 6 de noviembre de 2024, el huracán Rafael golpeó con fuerza la provincia de Artemisa. La furia de la tormenta dejó a su paso techos arrancados, ventanas destrozadas, y salas inundadas en el Hospital general docente “Ciro Redondo García”. Sin embargo, lo que Rafael no pudo destruir fue la fuerza y determinación de quienes trabajaron incansablemente para garantizar la vida de los pacientes, como Yanelin Betancourt Mora, jefa del Departamento de Enfermería.
Yanelin lleva más de 30 años vinculada al hospital, y esa noche se enfrentó a una de las pruebas más difíciles de su carrera. A pesar de la angustia que vivía en el exterior, su única preocupación era el bienestar de los pacientes. El viento desgarraba las paredes del hospital, el agua comenzaba a infiltrarse en los pasillos; pero, en medio del caos, Yanelin y su equipo mantuvieron la calma.
Aquella noche, en la sala de neonatología, tres niñas y niños estaban bajo el cuidado del personal médico. “La lluvia entraba con fuerza, el agua comenzaba a inundar, pero no podíamos dejar que eso interfiriera. Nos agrupamos, movimos las incubadoras a un cubículo más seguro, y logramos mantener a los bebés estables", cuenta Yanelin con una serenidad que solo los años de experiencia pueden otorgar.
"Estábamos enfrentando una de las situaciones más difíciles de nuestras vidas, pero sabíamos que no podíamos fallar. Esos bebés no podían defenderse por sí mismos. El equipo se convirtió en su protector, en su fuerza", agrega.
La situación también fue muy complicada en la sala de terapia intensiva de adultos. Tres pacientes intubados luchaban por su vida. De repente, una ráfaga de viento violenta arrancó una ventana y parte del falso techo. En ese instante, el caos se desató. Sin embargo, la respuesta fue inmediata. "Trasladamos a los pacientes a otro lugar con rapidez. Fue un trabajo angustiante, pero necesario. Esa es nuestra misión, nuestra razón de ser", recuerda Yanelin con emoción.
La noche fue larga, pero no hubo tiempo para el pánico. Cada miembro del hospital, desde los médicos hasta el personal de limpieza, trabajaron al unísono. Aunque los daños materiales fueron significativos, el hospital continuó funcionando sin interrupciones. “No dejamos de atender a nadie. A las 3 de la madrugada, ya estábamos listos para el proceso de recuperación", asegura Yanelin.
Uno de los momentos más conmovedores fue cuando, en medio de la adversidad, llegó un bebé al mundo y fue nombrado Rafael. “Fue un gesto simbólico, una forma de rendirle homenaje a la fortaleza con la que enfrentamos esa noche”, comenta Yanelin, al recordar la solidaridad que se vivió entre los familiares, el personal del hospital y la comunidad.
“Todo el personal estaba unido, trabajando de la mano. No importaba la hora, la tormenta, ni el cansancio. El hospital nunca cerró, nunca se detuvo. Lo logramos porque confiamos los unos en los otros. La gente se unió y apoyó, y al final, fue eso lo que nos permitió seguir adelante”, dice con firmeza.
Como parte del apoyo a la recuperación de la provincia tras el huracán Rafael, UNICEF Cuba, con el apoyo financiero del Fondo Central para la Acción en Casos de Emergencia (CERF), contribuirá al fortalecimiento del sistema de salud en Artemisa con un nuevo ultrasonido, tabletas prenatales, polvos de múltiples nutrientes, insumos médicos para antropometría, laringoscopios de neonato y pediátrico, desfibrilador, ventilador y monitor cardiaco.
Yanelin es una mujer profundamente comprometida con su trabajo. A lo largo de su carrera, ha enfrentado muchas adversidades, pero la vocación que la impulsa nunca se ha apagado. “El hospital es mi segunda casa”, dice con una sonrisa. Su dedicación es evidente no solo en los momentos de crisis, sino también en el día a día, cuando su equipo la sigue con respeto y cariño.
"Siempre intento transmitirles confianza, darles seguridad. Es la mejor manera de asegurar que los pacientes reciban el cuidado que merecen", explica.
El impacto de Rafael no solo fue físico; también fue un recordatorio de la importancia de estar preparados, de la necesidad de cuidar y de no rendirse ante lo imposible. Para Yanelin y su equipo, esa noche fue una prueba de lo que significa ser parte de algo más grande que uno mismo.
Más allá de los desafíos que ha enfrentado, Yanelin se siente orgullosa de su trabajo. “Cuando atendemos a un niño, la sensibilidad es aún más fuerte. Aunque no somos un hospital pediátrico, siempre recibimos emergencias de niñas y niños. Eso nos obliga a estar aún más preparados, a trabajar en equipo”, explica.
La historia de Yanelin es una de dedicación, valentía y esperanza. En cada palabra, en cada gesto, se refleja el compromiso inquebrantable de aquellos que, como ella, hacen de la salud su misión y, en momentos de crisis, se convierten en los guardianes de la vida.