Defender la vida desde el primer minuto

Una historia de liderazgo médico y vocación docente que revela cómo la atención neonatal, aun en contextos complejos, sigue salvando vidas y construyendo futuro

Miguel E. Gómez
El doctor Leonel Méndez Alarcón, especialista de segundo grado en Neonatología y profesor principal, en la sala donde cada decisión clínica puede marcar una vida desde sus primeros minuto
Miguel E. Gómez
14 Enero 2026

En la sala de neonatología del Hospital Ginecobstétrico Universitario Eusebio Hernández Pérez, en el municipio Marianao, en La Habana, cada sonido importa. El bip constante de los monitores, la respiración asistida de un recién nacido, el roce cuidadoso de unas manos entrenadas. Allí, donde la vida comienza con fragilidad, el doctor Leonel Méndez Alarcón ha construido una carrera marcada por la constancia, el rigor científico y una profunda vocación humana.

Especialista de segundo grado en Neonatología, Leonel llegó a este hospital en 2001, prácticamente recién graduado. Hoy es profesor principal de la asignatura, responsable no solo de salvar vidas, sino de formar a quienes continuarán haciéndolo.

“Cuando llegamos, el reto era enorme”, recuerda. El servicio atravesaba una etapa difícil, con indicadores de mortalidad infantil elevados y resultados que no reflejaban el potencial del equipo. En aquel primer año se registraron 33 fallecidos. “Era una cifra muy alta para nosotros”. La respuesta no fue individual, sino colectiva. Junto a sus colegas, comenzaron a transformar prácticas, fortalecer la organización del servicio y apostar por el trabajo en equipo.

El esfuerzo sostenido dio frutos. En el transcurso de la década siguiente, el hospital logró los mejores indicadores de la capital y se colocó entre los más destacados del país. “Fue un resultado muy exitoso, pero, sobre todo, muy trabajado”, subraya.

Tecnología, ciencia y cooperación para salvar más vidas

Ese proceso de transformación ha estado acompañado por la cooperación internacional. Para el doctor Leonel, el apoyo de UNICEF Cuba ha sido “extraordinario”, no solo por la llegada de recursos materiales, sino por el fortalecimiento integral del servicio.

En el Hospital Eusebio Hernández, en 2025, UNICEF contribuyó con lámparas de fototerapia, una incubadora, bombas de infusión, material gastable, kits de medicamentos y 800 fajas para el método Madre Canguro. “Las lámparas de fototerapia que usamos son el caballo de batalla del servicio”, explica. Son esenciales en casos complejos, como los recién nacidos con incompatibilidad Rh, que presentan niveles elevados de bilirrubina y requieren un descenso rápido para evitar complicaciones neurológicas.

Las fajas del método Madre Canguro también han marcado la diferencia. “Cada madre que sale con su bebé a Madre Canguro ya tiene asignada una”, cuenta el doctor. El contacto piel con piel mejora el estado inmunológico del recién nacido, favorece la ganancia de peso y fortalece el vínculo afectivo. “Es extraordinario ver cómo esos niños evolucionan”, asegura.

Un servicio que no se rinde

Este hospital es uno de los centros con mayor número de nacimientos de La Habana y, además, referencia para la atención de recién nacidos con peso inferior a 1 500 gramos. Ese volumen implica retos constantes, especialmente en contextos de limitaciones de recursos.

“Tenemos déficit de personal y de equipamiento”, reconoce el doctor Leonel. Persisten necesidades de incubadoras, cunas térmicas, ventiladores y equipos de monitorización como cardiomonitores y saturómetros. Aun así, el servicio se sostiene gracias al compromiso humano. “Los que están, están muy comprometidos”.

Ese compromiso se refleja también en la formación de relevo. Actualmente, el servicio cuenta con siete profesores de la especialidad —cinco de ellos con larga experiencia y dos menores de 30 años con un desempeño científico destacado— y 11 residentes en formación. En enfermería, conviven profesionales jóvenes con años de práctica y nuevas incorporaciones que se forman día a día. “El relevo se va viendo, y eso nos alienta”, reconoce el doctor.

El doctor Leonel Méndez, al centro, junto a Ana Olivia Pérez, jefa del servicio de enfermería del hospital Eusebio Hernández y, a su derecha, Ulises Rodríguez, jefe del servicio de neonatología de este centro.
El doctor Leonel Méndez, al centro, junto a Ana Olivia Pérez, jefa del servicio de enfermería del hospital Eusebio Hernández y, a su derecha, Ulises Rodríguez, jefe del servicio de neonatología de este centro.

Tras el impacto de los huracanes Oscar y Rafael, el apoyo de la Comisión Europea a cargo de la Protección Civil y de las Operaciones de Ayuda Humanitaria (ECHO) ha contribuido al fortalecimiento de los servicios de salud materno infantiles. Ese acompañamiento ha permitido sostener capacidades en un escenario de emergencia, apoyar la recuperación temprana y reducir riesgos adicionales para la vida y el bienestar de la población más vulnerable.

Cuando la ciencia y el cuidado sostienen una sobrevida

Entre monitores y protocolos, hay historias que han dejado una huella en la carrera del doctor Leonel. Una de ellas es muy reciente y tiene 37 días de vida. Al bebé hubo que intubarlo y asistirlo desde el primer minuto. Tras una evolución inicial hacia la estabilidad, apareció una sepsis nosocomial que mantuvo al equipo en vilo durante casi tres semanas.

“Fue un trabajo muy intenso”, recuerda Leonel. El bebé desarrolló incluso una complicación hepática, de la que logró recuperarse. Pero más allá de la gravedad clínica, lo que marcó al equipo fue la respuesta humana. “Cuando logramos la sobrevida, ver a esa madre querer tomarse fotos con las enfermeras, con los médicos, agradecer en medio de los peores momentos. Eso nos impactó”.

El doctor Leonel Méndez junto a Mislaidy y su bebé.
El doctor Leonel Méndez junto a Mislaidy y su bebé.

Hoy, el niño está con su madre en sala, con evolución favorable. Mislaidy, su mamá, lo resume con sencillez: “Fueron días muy difíciles. Yo me siento bien y muy agradecida con todas las atenciones, con todos los médicos”. Para el doctor Leonel, ese reconocimiento es el mayor aliento. “Ver a una madre feliz, una familia feliz, y saber que se hizo todo lo que se debía hacer”, asegura.

Enseñar para sostener la vida

Si algo define al doctor Leonel Méndez Alarcón es su pasión por enseñar. “Es lo que más me gusta, lo que más amo”, dice sin dudar. La transmisión del conocimiento, la comunicación científica y la formación de nuevas generaciones son parte esencial de su día a día.

En un contexto económico complejo, el equipo que permanece en el servicio lo hace por convicción y vocación. “Lo hacemos porque nos gusta lo que hacemos”, asevera.

En 2025, UNICEF apoyó la actualización nacional de los protocolos de atención a recién nacidos prematuros y de bajo peso en la atención primaria de salud, y fortaleció la implementación del Método Madre Canguro mediante un equipo multidisciplinario del Ministerio de Salud Pública. 
Ese mismo año, se equiparon 23 servicios neonatales de referencia con incubadoras, ultrasonidos, ventiladores, cardiotocógrafos e insumos médicos esenciales, beneficiando a 30.901 recién nacidos, aproximadamente el 44 % de los nacimientos del país.

Historias como la del doctor Leonel revelan que la neonatología no es solo una especialidad médica: es un ejercicio diario de ciencia, ética y humanidad. En cada recién nacido atendido y familia acompañada, se reafirma el compromiso compartido de garantizar que cada niña y niño en Cuba tenga la oportunidad de vivir, crecer y desarrollarse desde el primer minuto de vida.