“Somos una familia”, treinta años al cuidado de la vida

Entre incubadoras y esperanza, la enfemera Nely Hernández ha hecho de la neonatología una misión de vida

Miguel E. Gómez
Nely Hernández ha dedicado más de 30 años de su vida al cuidado de recién nacidos en la sala de neonatología del hospital "Ana Betancourt", en Camagüey.
UNICEF Cuba
15 Mayo 2025

Nely Hernández Denis es una de esas personas que encarnan el compromiso silencioso y constante. Desde que se graduó como enfermera, 30 años atrás, ha trabajado sin interrupciones en el hospital ginecobstétrico “Ana Betancourt” de Camagüey, específicamente en el Servicio de Neonatología. Allí, entre incubadoras, alarmas y llantos de recién nacidos, ha convertido su vocación en una entrega total.

—Es mi vida —asegura—. A veces he tenido que dejar a mi familia para estar aquí.

Compromiso más allá del deber

La rutina de Nely dista mucho de ser rutinaria. Su jornada no tiene horarios estrictos. Llega antes de lo establecido y se marcha después de cumplir con todas las tareas necesarias. Si algo sucede fuera de su turno, responde al llamado. A veces, incluso, acude sin que nadie se lo pida.

—El teléfono suena a cualquier hora —relata—. Si hay una emergencia, yo estoy disponible. A veces, simplemente paso a revisar en la noche. Vivo cerca y me preocupo. Les doy “la vueltecita”. 

En 2024, UNICEF, con fondos del Cabildo de Canarias, fortaleció 22 de los 48 servicios neonatales del país, con equipos especializados y suministros médicos, incluyendo incubadoras, mantas térmicas y material gastable, alcanzando a 31.259 recién nacidos de alto riesgo.
Miguel E. Gómez

Esa dedicación inquebrantable ha requerido sacrificios personales. Su esposo ha estado enfermo por semanas y, sin embargo, ella continúa cumpliendo con sus obligaciones, confiando en el apoyo de su familia.

—Sin el respaldo familiar, no podría. No hay forma, asevera.  

Retos diarios en un contexto adverso 

El Servicio de Neonatología enfrenta importantes desafíos. La falta de insumos materiales es una constante. En medio de estas limitaciones, el recurso humano se convierte en el pilar fundamental. Pero incluso este enfrenta obstáculos: más de la mitad del personal proviene de municipios alejados de la ciudad cabecera de la provincia. Llegar al hospital implica costos económicos significativos y viajes agotadores.  

—Pagan 500 o 600 pesos para venir, después de haber pasado la noche sin electricidad. Llegan trasnochados, pero llegan, dice Nely con orgullo. 

Recientemente, gracias al apoyo de UNICEF, con fondos del Cabildo de Canarias, el hospital recibió dos nuevas incubadoras, una mesa de reanimación y material gastable para el servicio de neonatología. La mejora ha sido sustancial. Nely no oculta su alivio.
Miguel E. Gómez

Un nuevo aire para la sala de neonatología

Recientemente, gracias al apoyo de UNICEF, con fondos del Cabildo de Gran Canaria y el Gobierno de Canarias, el hospital recibió dos nuevas incubadoras, una mesa de reanimación y material gastable para el servicio de neonatología. La mejora ha sido sustancial. Nely no oculta su alivio.  

—Estamos recuperando el parque de incubadoras. Ahora podemos ofrecer condiciones más seguras a los bebés más críticos. Eso nos da tranquilidad, y también a las familias.

La renovación de estos equipos no solo permite una mejor atención médica. También devuelve la confianza al personal de la Sala, algo esencial en un entorno donde cada segundo cuenta y cada decisión puede marcar una diferencia vital.

En 2024, UNICEF, con fondos del Cabildo de Gran Canaria y el Gobierno de Canarias, fortaleció 22 de los 48 servicios neonatales del país, con equipos especializados y suministros médicos, incluyendo incubadoras, mantas térmicas y material gastable, alcanzando a 31.259 recién nacidos de alto riesgo. 

Una historia que nunca se olvida

Entre los muchos casos que han pasado por sus manos, hay uno que Nely nunca olvida. Un niño prematuro, trasladado desde el municipio Florida, llegó en estado crítico. Durante su estancia en la sala, sufrió tres paradas cardíacas, convulsiones y complicaciones graves. Contra todo pronóstico, se recuperó.

—Ese niño nos marcó a todas. Hoy está en Estados Unidos con su madre, pero mantienen el contacto. Nos visitan, nos escriben. Se creó un lazo profundo con su familia.

Ese vínculo, nacido en medio de la fragilidad, representa para Nely el verdadero sentido de su trabajo. No se trata solo de salvar vidas, sino de construir humanidad. 

Más que un equipo, una familia

El ambiente en la sala de Neonatología no se limita a lo profesional. Nely insiste en que su grupo de trabajo es más que un equipo: es una familia.

—Aquí compartimos más que turnos. Compartimos vivencias, problemas personales, preocupaciones. Nos apoyamos entre todas y todos, y también a las familias.

Ese espíritu de comunidad, de afecto genuino, es lo que permite que el servicio funcione incluso en los momentos más difíciles.

—Siempre damos el hombro donde apoyarse. Escuchamos, orientamos, acompañamos. Esa es nuestra forma de trabajar.

El legado de una vida dedicada

Después de tres décadas, Nely continúa con la misma energía y vocación que al principio. Sus palabras son sencillas, pero reflejan la profundidad de su entrega y compromiso sin condiciones, a pesar de la complejidad del contexto.

—Vale la pena. Siempre vale la pena — afirma.

En los pasillos del hospital “Ana Betancourt”, donde comienza la vida para tantos, hay personas que no buscan reconocimiento, pero que merecen todos los aplausos. Nely es una de ellas.