El tiempo de la ternura
La gira de La Vía Láctea continuó en el círculo infantil “Agujita laboriosa” como parte de un proyecto que fortalece la educación integral y promueve el arte como herramienta clave en la primera infancia
La mañana comienza distinta en el círculo infantil “Agujita laboriosa”, en el municipio 10 de Octubre, en La Habana. Esta vez no se trata solo de una actividad especial, sino de una parada de la gira de La Vía Láctea, un colectivo artístico que recorre 21 círculos infantiles de la capital del país como parte del proyecto Incremento de la cobertura educativa para la primera infancia, mediante la modalidad institucional. Fortalecimiento de la educación integral e implementación de programas de parentalidad con enfoque de género en Cuba, implementado por el Ministerio de Educación, con el acompañamiento de UNICEF Cuba.
La propuesta es sencilla y profunda a la vez: acercar el arte —la música, el teatro de títeres, la narración— a niñas y niños en sus primeros años de vida, y al mismo tiempo fortalecer las capacidades de las educadoras para incorporar estos recursos en su práctica cotidiana.
En el salón de tercer año de vida ya están sentados Adlesig, Asha, Cataleya, Milán, Cristofer, Fabiana y Diego. Observan en silencio cómo se organizan los títeres. El movimiento inusual despierta curiosidad. Cristofer se asusta un poco. La seño Mercedes lo carga con calma. Quienes integran La Vía Láctea lo saben: en estas edades, cada gesto cuenta. Por eso hablan bajito, se quitan los zapatos y se sientan en el suelo, a la altura de las niñas y los niños.
Brenda comienza a tocar el violín. Los acordes suaves transforman el ambiente. Suena “Tin, tin, la lluvia”, de Teresita Fernández. Poco a poco, el llanto se disipa. La seño Mercedes canta en voz baja. Niurbis se acerca con una mascarita, buscando cercanía. Las primeras sonrisas aparecen con timidez.
Adlesig se levanta primero. Su cuerpo responde a la música. Baila. Cataleya toca los títeres con atención minuciosa. Milán explora el caracolito junto a su educadora. Fabiana y Cristofer descubren la rana y la araña. Asha observa y luego se suma. Cada niña y niño encuentra su propio ritmo, su manera de participar.
La experiencia suele durar 30 minutos para estas edades. Sin embargo, en “Agujita Laboriosa” el tiempo se estira. Cuando el equipo piensa en cerrar, es justo cuando la confianza florece por completo. Quieren seguir escuchando el violín. Seguir tocando los títeres. Seguir jugando.
La gira de La Vía Láctea no es solo una presentación artística. Al integrar el arte en la vida diaria de los círculos infantiles, se amplían las oportunidades de desarrollo cognitivo, emocional y social en una etapa decisiva para el aprendizaje.
El proyecto, implementado junto al Ministerio de Educación, también apuesta por la formación de educadoras y educadores en metodologías innovadoras, con enfoque de género y parentalidad positiva, reconociendo que invertir en la primera infancia es sentar bases sólidas para el futuro.
La experiencia en “Agujita laboriosa” deja la enseñanza de que cada espacio tiene un tiempo diferente. Y el tiempo de la ternura no se mide con relojes, ni con números, porque es un tiempo milagroso.