“Invertir en la primera infancia es invertir en el futuro de nuestra comunidad”
La casita infantil “Ismaelillo” ha transformado la vida de las familias en Yara y se ha convertido en un ejemplo a seguir
Yosvany Reyes Fernández sabía que su comunidad necesitaba más que palabras de aliento. Yara, un municipio rural granmense, donde viven más de 55.000 personas, separado a 35 kilómetros de Bayamo, y que se enorgullece de su historia pasada, vinculada con las luchas por la independencia, afrontaba enormes desafíos.
Como viceintendente encargado de la esfera social en Yara, Yosvany había escuchado una y otra vez las preocupaciones de madres y padres que no encontraban un lugar seguro donde dejar a sus niñas y niños mientras trabajaban. Los dos círculos infantiles del municipio no alcanzaban para cubrir la demanda, y las opciones informales no ofrecían garantías.
En un contexto en el que existe la voluntad de incrementar la cobertura educativa, mediante casitas infantiles, el viceintendente identificó en este escenario una oportunidad para su territorio. La solución fue crear “Ismaelillo”, un espacio ubicado en la escuela primaria “Carlos Amengual García”, al que asisten 25 niñas y niños y que hoy es un orgullo para la comunidad.
El nacimiento de un sueño compartido
“Esto no es un gasto, es una inversión en el futuro de las nuevas generaciones”, asegura Yosvany al rememorar los argumentos que utilizó para convencer a los indecisos sobre la viabilidad de la iniciativa. “Entendimos que, al crear un espacio seguro para la primera infancia, no solo apoyábamos a madres y padres trabajadores, sino que también estábamos contribuyendo a que niñas y niños crecieran en un entorno estimulante y educativo”. Con esa convicción se llevó la propuesta al gobierno municipal y se destinaron recursos del 1% de los ingresos por impuestos al desarrollo local. Esa decisión marcó el punto de partida para hacer realidad la casita infantil.
“Ismaelillo” es una de las casitas infantiles apoyadas por el proyecto “Incremento de la cobertura educativa para la primera infancia, mediante la modalidad institucional”, implementado por UNICEF Cuba, en coordinación con el Ministerio de Educación, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, la Federación de Mujeres Cubanas, y con el apoyo financiero de la Generalitat Valenciana.
Desde el inicio, Julio Jiménez Ariaga, director general de Educación en el municipio, apoyó la idea. De hecho, tanto él como Yosvany forman parte de los 962 representantes de sectores clave del país que, en 2024, con el apoyo del proyecto, fueron sensibilizados para la apertura y continuidad de las casitas infantiles.
“La casita infantil surgió gracias a la voluntad y el empeño de muchas personas que supimos que debíamos ofrecer un espacio adecuado y seguro para niñas y niños. Además, el acompañamiento de UNICEF fue determinante, no solo con el apoyo logístico para mejorar las condiciones del espacio, sino también para capacitarnos en metodologías educativas innovadoras que hoy nos permiten trabajar de manera sostenible”, asegura.
Experiencias educativas en “Ismaelillo”
Si en “Ismaelillo” se siente el palpitar de un sueño comunitario, es también en cada sonrisa y juego donde se plasma el trabajo diario de quienes están en primera línea. Yamila Leyva Roselló, la educadora responsable del centro, es una de esas personas que, con pasión y entrega, hacen posible que cada jornada sea una experiencia única para niños y niñas.
“Llevamos un año funcionando. Desde muy temprano en la mañana, a las 7, la auxiliar pedagógica recibe a niñas y niños. A lo largo del día desarrollamos actividades que estimulan tanto su desarrollo cognitivo como afectivo. La comunicación con las familias es excelente, y cada vez que oigo que me llaman ‘seño’ o ‘tía’, siento que todo el esfuerzo vale la pena”, explica Yamila con genuina emoción.
Cada actividad planificada en “Ismaelillo” está pensada para favorecer la adquisición del lenguaje, el manejo del estrés, la creatividad y la capacidad de establecer relaciones saludables. Es un trabajo que, día a día, siembra las semillas del futuro. Yamila es una de las 373 agentes educativas que, en todo el país, gracias al proyecto, actualizaron y perfeccionaron sus métodos de enseñanza, garantizando así una educación de calidad y acorde con las necesidades de cada niña y niño.
El enfoque de acompañamiento familiar no solo ha favorecido a niñas y niños, sino también a sus cuidadores. En 2024, 800 mujeres trabajadoras o con condiciones para incorporarse al ámbito laboral se beneficiaron con la creación de 44 nuevas casitas infantiles, en 40 municipios de 13 provincias. Una de estas beneficiadas fue Lisbet Castro Romero, estomatóloga y madre de uno de los pequeños que asisten a “Ismaelillo”. “Antes dependía de una vecina o de mi madre para cuidar a mi hijo mientras trabajaba. Era difícil concentrarme, porque siempre me preocupaba si estaba bien cuidado. Ahora puedo desempeñarme mejor en mi trabajo, sabiendo que mi hijo está en un lugar seguro y aprendiendo”, asegura.
El testimonio de Lisbet es una muestra de cómo la inversión en la primera infancia tiene un efecto dominó: al cuidar de niñas y niños se fortalece la capacidad de las personas adultas, especialmente mujeres, para crecer profesionalmente y contribuir a la economía local. Además, gracias a los talleres y espacios de capacitación ofrecidos en el marco del proyecto, Lisbet ha aprendido cómo practicar la crianza respetuosa, lo que refuerza los lazos familiares y promueve una educación basada en el cariño y la atención personalizada.
Mirando hacia el futuro
La historia de “Ismaelillo” ha impactado a las familias de Yara y también se ha convertido en un modelo a seguir. Motivados por el éxito de la iniciativa, ya se encuentran en planificación nuevas casitas infantiles que beneficiarán a otros sectores del municipio, incluyendo el de la Salud. “Esto es solo el principio. Queremos que más familias tengan acceso a un espacio como este, porque sabemos que invertir en la primera infancia es invertir en el futuro de nuestra comunidad”, asegura Yosvany con la firmeza de quien ha visto el cambio de cerca.
La coordinación entre organismos gubernamentales, organizaciones internacionales y la comunidad local ha demostrado que, con voluntad y trabajo en equipo, es posible superar las barreras y construir espacios que transforman vidas.
El efecto multiplicador de “Ismaelillo” se nota en cada rincón del municipio: en el brillo de los ojos de niñas y niños al aprender algo nuevo, en la tranquilidad de padres y madres al saber que sus hijos están en buenas manos y en el compromiso de educadoras como Yamila Leyva que, día a día, transmiten valores y conocimientos que perdurarán en el tiempo.