Una casita infantil que cambia vidas en Vado del Yeso
"Meñique" es una apuesta por un futuro mejor para la primera infancia, donde convergen los sueños de madres, padres y familias.
Hace poco más de un año, Telma Rodríguez enfrentaba un futuro incierto en Vado del Yeso, una pequeña comunidad rural del municipio Río Cauto, distante a 50 kilómetros de Bayamo, la ciudad capital de la provincia Granma. En un lugar donde las oportunidades laborales son limitadas, la preocupación por encontrar un trabajo se sumaba a la angustia de no tener un sitio seguro donde dejar a su niña, Esther Anay, de 2 años.
“Pasaba los días en casa, sin saber qué hacer. Tenía miedo de que mi hija creciera sin relacionarse con otros niños, sin aprender cosas nuevas. Y yo sin poder trabajar para darle una mejor vida”, recuerda Telma con la mirada cargada de nostalgia.
Todo cambió cuando una edificación, que funcionó durante mucho tiempo como residencia temporal de médicos que laboraban en el cercano policlínico “Ernesto Guevara”, se transformó en la casita infantil “Meñique”. Este espacio educativo, coordinado por el policlínico, abrió sus puertas para atender a 20 niñas y niños. La casita no solo significó un lugar seguro para Ester Anay, sino que también le dio a Telma una oportunidad laboral como auxiliar de limpieza en el mismo centro.
“Fue como un milagro. No solo encontré un lugar donde mi hija está bien cuidada, sino que también tengo un trabajo que me permite mantenerla y verla crecer cada día”, cuenta Telma con una sonrisa que ilumina su rostro. “Antes era muy tímida, pero desde que está en la casita se desenvuelve mejor, hace cuentos en casa, reconoce los colores y ha aprendido mucho. Esto me da tranquilidad y esperanza”, asevera.
Telma es una de las más de 800 madres cubanas que, en 2024, lograron reincorporarse al ámbito laboral, gracias al proyecto “Incremento de la cobertura educativa para la primera infancia mediante la modalidad institucional”, implementado por UNICEF Cuba en coordinación con el Ministerio de Educación, el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social y la Federación de Mujeres Cubanas, con el apoyo financiero de la Generalitat Valenciana.
Un proyecto que transforma vidas
La casita infantil “Meñique” forma parte de este proyecto que busca garantizar el desarrollo integral de niñas y niños. En Vado del Yeso, donde la población no supera los 6.500 habitantes, y la vida parece girar alrededor del parque central, equidistante de los principales centros de la comunidad, como el círculo infantil y el policlínico, la casita no solo ha brindado atención educativa de calidad, sino que también ha sido un espacio de transformación para las familias.
Daniel Pupo, enfermero del policlínico “Ernesto Guevara”, ha experimentado los beneficios de este espacio educativo. Su hijo Diego, de 2 años, fue uno de los primeros en ingresar al centro. “Yo soy quien lo lleva en la mañana y lo recoge en la tarde. Aquí ha aprendido a jugar con otros niños, ha mejorado mucho el lenguaje y ya dice oraciones completas. Las educadoras son muy buenas, y eso se refleja en los avances de los niños”, comenta Daniel con orgullo.
Pero la experiencia ha significado más que un espacio de cuidado para su hijo. Daniel reconoce cómo la casita le ha enseñado sobre paternidad responsable y esto le ha permitido involucrarse más en el desarrollo de Diego. “Antes pensaba que cuidar y educar era solo cosa de su mamá, pero al ser yo quien lo lleva y recoge todos los días, me he dado cuenta de lo importante que es mi rol como padre. Ahora participo más en sus juegos, en sus aprendizajes, en su vida”, asegura Daniel quien es uno de los 850 madres, padres y personas cuidadoras que, como parte del proyecto, han participado activamente en programas de formación que promueven métodos positivos de crianza y educación, con un enfoque en la paternidad responsable y la superación de estereotipos de género.
La sostenibilidad de la casita ha sido posible gracias a la colaboración entre instituciones locales, el sector privado y la comunidad. El Dr. Eudecel Espinosa Vilchez, director del policlínico “Ernesto Guevara”, resalta la importancia de estas alianzas. “La casita es un ejemplo de cómo, con voluntad y compromiso, se pueden encontrar soluciones a problemas reales. No solo ha aliviado la carga económica para los trabajadores del policlínico, sino que ha generado una red de apoyo donde todos aportan”, explica.
En ese sentido, como parte de las acciones del proyecto se sensibilizaron a 962 representantes de sectores claves para la apertura y continuidad de casitas infantiles en todo el país desde un enfoque de sostenibilidad y con énfasis en territorios con un menor número de este tipo de instituciones.
Desde una cooperativa agropecuaria que suministra leche y proteínas para la alimentación de niñas y niños, hasta un emprendimiento privado que donó mobiliario, el esfuerzo colectivo ha permitido que la casita funcione de manera sostenible.
“Si analizamos el costo de mantener la casita, podría parecer elevado, pero entendemos que el ser humano es lo más importante. Ver la satisfacción de un trabajador al saber que su hijo está bien cuidado no tiene precio”, afirma el Dr. Espinosa. “Atender al ser humano es una de las razones que nos ha permitido obtener buenos resultados; el policlínico tiene la mortalidad infantil en cero y sobre cumplimos los indicadores de la atención primaria de salud”, asevera.
En 2024, el proyecto generó un impacto profundo en las comunidades más necesitadas de Cuba, al ampliar las oportunidades de educación para la primera infancia y fortalecer las capacidades de las familias. En las 44 casitas infantiles implementadas en 40 municipios de 13 provincias, más de 1.000 niños y niñas encontraron un espacio seguro y adecuado para su desarrollo integral.
Compromiso con el desarrollo de la primera infancia
Misleni Mora Santos es la educadora responsable de la casita. Vive a más de 30 minutos del centro de Vado del Yeso y la movilidad diaria desde y hacia su hogar, en un contexto de escasez nacional de medios de transporte, representa un gran desafío; pero ella lo asume con mucha responsabilidad, porque asegura sentirse muy bien en “Meñique” y cuenta con el apoyo de las familias. “Nos ayudan en todo lo que haga falta y siempre están dispuestos a colaborar. La casita no solo es un espacio educativo, es un punto de encuentro donde se construyen lazos y se fortalece la comunidad”, asegura.
Un futuro construido en comunidad
Yadilis López Rodríguez, viceintendente encargada de temas económicos en el municipio de Río Cauto, subraya el impacto positivo de la casita en la comunidad. “Contamos con 14 niñas y niños cuyos padres trabajan en el sector de la salud, y estamos evaluando la incorporación de más niñas y niños, provenientes de familias en situación de vulnerabilidad múltiple. Nuestra meta es abrir otras cinco casitas infantiles en el municipio”, explica.
En este rincón de Río Cauto, la casita infantil no es solo un espacio educativo. Es un hogar y una apuesta por un futuro mejor, donde convergen los sueños de Telma, Daniel y Misleni.
“Si volviera a otra época, incluso con nuevas capacidades para círculos infantiles, volvería a abrir la casita, porque son nuestros hijos, y no hay inversión más valiosa que la que hacemos para el futuro”, concluye el Dr. Espinosa.