Proteger los derechos de la infancia es tarea de todas y todos
La historia de la educadora cubana Uri Ponce inspira por su compromiso con la inclusión, la formación docente y la participación activa de la familia en la educación de niñas y niños.
Cuando culminó su técnico medio en hilandería y construcción de maquinarias no imaginaba que dedicaría 20 años de su vida a trabajar con la primera infancia. La enfermedad de su abuela la llevó a buscar opciones laborales cerca de su casa. Empezó entonces como auxiliar general de servicios en un círculo infantil.
Con ese afán de superación que todavía hoy la caracteriza, pasó un curso de Administración, y luego otro de Auxiliar pedagógica. Después Uri Ponce Legrá se formó como educadora y matriculó en la Licenciatura en Educación Preescolar en el curso regular diurno del entonces Instituto de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona (en la actualidad, Universidad de Ciencias Pedagógicas). Durante un año asumió la dirección del círculo infantil "Futuros pioneros" y, posteriormente, la designaron al frente del círculo infantil "Amiguitos de Polonia", empeño al cual le ha dedicado 18 años de su vida.
«Los círculos infantiles son los primeros que, desde un punto de vista institucional, velan por el cuidado y la protección de los derechos de niñas y niños. Casi todos estos derechos están implícitos en el currículo educativo. Uno de los más importantes para la primera infancia es el derecho al juego, que es la actividad rectora de este nivel de enseñanza.
El derecho a la educación, por ejemplo, se evidencia en todas las actividades que hacemos con los niños, y también con la familia. Cuando nos reunimos con las madres, con los padres, proponiéndoles acciones para realizar en la casa, también los involucramos en el proceso educativo. Y de manera general, una vez que llegan a nuestra institución, velamos por su derecho a la salud, a la alimentación, a la educación, al juego, a la participación y a la inclusión».
Su experiencia adquirida impartiendo clases en la sede universitaria del municipio Plaza, durante diez años, le ha permitido conocer de cerca el proceso formativo de ese personal docente que asume el trabajo educativo en la primera infancia. Con conocimiento del tema, afirma que el tema de los derechos universales de niñas y niños es parte inseparable de esa formación.
«En Cuba el niño es un sujeto de derechos. Las leyes velan por su cuidado y protección. El contenido de la Convención forma parte de las asignaturas optativas de la formación docente preescolar. Sin embargo, eso no es suficiente. Aunque se trabaja mucho, siento que la sociedad no domina todo lo legislado en temas de derechos. A veces, desde la institución, sugerimos, por ejemplo, que un niño vaya a ver a un especialista, que es un derecho que tiene el niño de ser atendido, sin embargo, la familia decide no llevarlo, le niega ese derecho, que al final es para contribuir a su desarrollo psicosocial».
Protección, inclusión y compromiso comunitario
Motivada siempre por la investigación, y aunque en un principio no se sentía muy cómoda con todas las herramientas de la metodología de la investigación, considera que ese camino le ha permitido incorporar nuevos aprendizajes; entre ellos, la necesaria atención diferenciada que requieren las personas que viven en situaciones de vulnerabilidad.
«Cuando detectamos familias en situaciones de vulnerabilidad debemos atenderlas y darle un tratamiento diferente a ese niño o a esa niña. Mecanismos hay muchos. Tenemos niños que en sus casas no reciben la alimentación adecuada —todo el mundo conoce la difícil situación que está viviendo el país—; una manera que tenemos de protegerlo o aliviar su situación es que sean los primeros en merendar, en almorzar, o reforzarles un poco la alimentación».
Cuando conversamos sobre el tema, Uri hace una salvedad importante, porque hay familias que aún en estas situaciones logran ser funcionales y se preocupan por el niño en la medida de sus posibilidades. Para ella es innegable que cada familia tiene características diferentes y, por lo tanto, requieren distintos tratamientos.
«Cuando detectamos estas situaciones lo primero que orientamos es hacer una observación más detallada sobre ese niño y su familia. Luego los citamos para el círculo. Hay familias que a partir de un primer encuentro, o de que les damos determinadas herramientas, reaccionan de manera favorable. Pero otras familias necesitan mayores apoyos, otras ayudas, y para eso están los especialistas del Centro de Diagnóstico y Orientación».
Entre las acciones que deben realizarse ante signos de alertas o conductas desfavorables, nos explica Uri, están las visitas al hogar. Esto permite tocar la realidad de una manera más directa.
«Por ponerte un ejemplo, yo tengo una familia muy vulnerable, una madre que vive sola y tiene tres hijos. Como consecuencia de una enfermedad que padece, ella tiene episodios de convulsiones. Cuando eso pasó, le pedimos que no se quedara con los niños en la casa, sino que viniera con ellos para el círculo. Si aquí le daba un dolor podíamos correr con ella, y los niños se quedaban a buen cuidado. Después supimos que estaba teniendo esos episodios porque no tenía los medicamentos necesarios. Fuimos entonces a su comunidad, nos acercamos a la Federación de Mujeres Cubanas y allí se logró buscar el medicamento. Es cierto que la sociedad tiene establecidos determinados mecanismos para la atención de personas vulnerables, pero a veces eso no es suficiente. Hay personas que no saben cómo hacerlo o no están en condiciones de acceder a ese mecanismo, o de acercarse al trabajador social y explicarle su situación. A veces tenemos que tomar a esa persona de la mano y llevarla al Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, por ejemplo. Eso también es prevención».
Basta con revisar la página en Facebook del círculo Amiguitos de Polonia para constatar que el derecho a la educación en esta institución infantil se materializa con un conjunto inmenso de actividades que contribuyen a lo establecido en el currículo. Los niños y las niñas asisten con frecuencia a festivales de cultura, organizan galas artísticas en cines y teatros del municipio, hacen jornadas vocacionales en las que les enseñan los oficios, visitan museos, organizan excursiones.
«Debemos estimular y trabajar con los niños en una educación nutricional, en la formación de sentimientos y valores patrióticos, sacarlos de su entorno habitual, llevarlos a museos y parques. En esta etapa de la vida los niños necesitan mucho de la observación, y percibir emociones. No es lo mismo aprender a través de una lámina, que caminar por la casita donde nació José Martí».
A raíz del paso del huracán Oscar por Guantánamo (octubre de 2024), la provincia más oriental de Cuba, se gestó un fuerte movimiento de solidaridad en el pueblo cubano. Inmediatamente Uri contactó con la directora nacional de los círculos infantiles para preocuparse por los círculos de los municipios más afectados.
«Inmediatamente pensamos en las familias de nuestra institución. Pues ellos podían donar zapatos, ropas, objetos de niños de la primera infancia, que podrían hacerles falta a los niños guantanameros. Incluso, la dirección de esos lugares podrían optimizar su distribución a partir del conocimiento que tienen de las realidades de sus niños: quiénes son las familias que lo perdieron todo, cuáles son las familias más vulnerables, qué necesidades tienen las propias seños del círculo. Hicimos la convocatoria y la respuesta fue increíble. Realmente me siento privilegiada y estoy muy orgullosa de las familias de mi círculo infantil. La respuesta a la convocatoria nos sobrepasó. La alegría fue inmensa cuando vimos llegar los donativos al círculo infantil en Guantánamo».
Entre otras múltiples condecoraciones, Uri ostenta la Distinción por la Educación Cubana, la Medalla José Tey y el Premio Especial de la ministra de Educación. En 2023 fue seleccionada miembro del comité de la Organización Mundial de la Educación Preescolar en Cuba. Como parte de su investigación para el doctorado, pertenece al proyecto Fomento de una cultura audiovisual del niño y la familia de la primera infancia, y al proyecto Infancia en pantalla, ya que el consumo audiovisual es una de sus inquietudes investigativas. Cuando le preguntamos por sus múltiples logros acumulados, la primera mención fue otra vez para las familias de los niños y las niñas de Amiguitos de Polonia.
«El tercer perfeccionamiento del sistema educativo cubano permite la construcción del proyecto educativo institucional, que debe ser flexible, contextualizado, integrador. Y uno de los principios de la educación cubana en la primera infancia es el vínculo familia-institución. Pienso que uno de nuestros logros más importantes ha sido involucrar a la familia en todas las actividades que hacemos en la institución. Cuando sumamos las familias a las actividades conjuntas demostrativas les estamos dando herramientas, no para que asuman nuestro trabajo, sino para que le den continuidad en el hogar. Cuando la familia es parte de ese quehacer en pos del bienestar de niñas y niños, lo valora más. Nuestras familias participan en la limpieza del círculo, en su decoración, construyen juguetes con materiales desechables. Todo eso motiva, involucra, sensibiliza y educa. Es una manera más de proteger sus derechos».