Manos bien unidas
A través del arte, el juego y la palabra, adolescentes de Baracoa fortalecen su resiliencia.
El círculo de adolescentes, en la secundaria básica urbana “Glicerio Blanco Lores” de la ciudad de Baracoa, en la provincia Guantánamo, está formado por primera vez. Muchachos y muchachas se toman de las manos. Las manos que han crecido con ellos, que tienen —a sus pocos años— la memoria de los primeros dolores, más de uno relacionado con quiénes son, dónde nacieron, cómo viven: muy cerca del mar, rodeados de ríos de caudales magníficos y en un área con actividad sísmica.
Son las manos unidas que ahora reposan tranquilamente en otras, las mismas que evacúan los muebles y la vida, se apuran en ayudar a otros, se posan en la cabeza ante el desastre, amortizan la caída, son el primer apoyo al levantarse; pero también juegan, acarician, se estrechan a pesar de todo.
La primera dinámica —de las muchas contenidas en la Guía de Actividades que integra el kit para la expresión e innovación adolescente donado por UNICEF Cuba este mismo año— que propone la instructora de arte Ariniuska Acosta Labaceno, empieza justo donde duele: “Ustedes saben que en Baracoa frecuentemente ocurren penetraciones del mar, inundaciones por el río. ¿Cuántos de ustedes han sido afectados por estos fenómenos?, pregunta. La mayoría levanta la mano.
Es, básicamente, una lluvia de ideas contra la tristeza. Uno de los adolescentes, mientras la instructora explica, dibuja un árbol en cartulina mientras los otros retiran, de los envases blancos y azules que contienen los materiales donados por UNICEF para el apoyo psicoemocional de niñas y niños que viven en zonas con riesgo de desastres, pegatinas de varios colores, lápices y plumones.
El árbol ilustra la tierra, las raíces, el tronco, las hojas y algunos frutos. En cada parte, se irán colocando palabras conforme avance la actividad.
En el substrato, que es la vida misma, explica Ariniuska, están los desastres, lo que quitan, lo que provocan. Pide encerrar tanto en una palabra, sobre papel amarillo. Algunos escriben malestar, tristeza; otros, casa, colchón. En el tronco, continúa, están los sistemas de apoyo, “porque, ante el dolor, la tragedia, la pérdida, lo primero que debemos hacer es pedir ayuda, comunicarnos, expresarnos”, repite. Entonces, la mayoría escribe sobre fondo azul “madre”, seguida por “abuela”, que ya sabemos que son madres por partida doble.
Con la ayuda, con la compañía, el dolor —sin olvidarse del todo— se transforma, da paso a la vida, incluso, al servicio. Otra palabra, para colocar donde van las hojas, ahora sobre la pegatina verde. Hay amor, sonrisa, recuperarse, vivir, cantar, bailar, ayudar a otros. “¿Qué es todo esto, ¿cómo se llama a esa capacidad de sobreponerse a la adversidad, adaptarse?”, inquiere finalmente la instructora. La resiliencia, como fruto que es de muchos procesos y aprendizajes, se escribe en rosado.
La segunda actividad se llama Comunicar sin palabras. Las y los adolescentes se divierten. Van al centro del círculo, y escenifican cómo se ve la espera, la felicidad, la expectativa, la devoción, la tristeza. Que entiendan que pueden comunicarse de muchas maneras, que lo importante es expresarse, siempre, es la idea.
Los cubos de emociones entran al ruedo. Se arman dos equipos, y una cinta divide bandos, justo al centro. Cada uno, tirará por su lado el cubo y deberá escenificar la emoción que resulte. La misión del otro equipo será adivinar cuál es. No será tan fácil, se mezclarán en las historias, algún chico querrá confundir.
En algún momento, dos muchachas y un muchacho se van a la mesa donde están los materiales a prepararse para la tercera actividad, una obra de teatro donde se mezclan mensajes de cuidado al medioambiente, resolución de conflictos, responsabilidad, amistad.
Un niño que colecciona mariposas, y dos niñas que lo sorprenden. Lo enfrentan primero, pero luego negocian, explican, convencen. Hay una niña con flores pintadas en el rostro, y otra con una mariposa de papel que hace revolotear con las manos.
Las escenas y el tiempo pasan. Hay risas, muecas, juego, enseñanzas, disposición, alegría, aplausos, ojos atentos, ganas de repetir, manos bien unidas.