Lactancia materna: en el pecho lo tienes todo

Amanda López Martínez (31 años) y su familia apuestan por la lactancia materna en tándem en tiempos de Coronavirus, porque es “la mejor vacuna del mundo”

Celia Medina
La lactancia materna fue la respuesta de las madres cubanas
Celia Medina
10 Junio 2020

Una visita a casa de Amanda, Amelia, Amalia y Alejandro significa, antes de los saludos, un profundo proceso de desinfección. Luego, un lugar único para sentarse, la mascarilla siempre colocada y una conversación a metro y medio de distancia porque toda medida es poca para prevenir la COVID-19. Por estos días, en los que el virus se ha robado el protagonismo de titulares y conversaciones y apenas reciben visitas, este encuentro es todo un privilegio. La familia tiene una prioridad: la salud de las pequeñas Amalia (14 meses) y Amelia (días de nacida).

Para garantizar que ambas niñas estén sanas, además de los protocolos de desinfección con papá, que trabaja fuera del hogar, y el control de con quiénes comparten, la familia se vuelca sobre la lactancia materna, “la mejor vacuna del mundo”: Amanda actualmente amamanta a sus hijas Amalia y Amelia en lo que se conoce como lactancia en tándem, término que se aplica cuando una madre que lacta queda embarazada, continúa dando el pecho durante la gestación y mantiene la práctica con ambos bebés una vez da a luz.

Para garantizar que ambas niñas estén sanas, además de los protocolos de desinfección con papá, que trabaja fuera del hogar, y el control de con quiénes comparten, la familia se vuelca sobre la lactancia materna
Celia Medina

Sin dejar espacio a dudas, Amanda afirma: “la lactancia materna es lo máximo”. Cuando se le pregunta cómo se ha reorganizado la familia en función de esta decisión, que fue consensuada y movida por el interés de la madre de garantizar esta forma de alimentación a sus niñas, Amanda explica: “mi casa ha funcionado perfectamente. Están abuela y papá”.

En un escenario signado por el Coronavirus, la atención médica a la bebé de 14 meses y a la embarazada se mantuvieron, al igual que la lactancia. El mismo día del ingreso, para que no se enfermara y estuviera segura, “corrí para darle el último chupito (de leche materna) a Amalia y lo primero que hice cuando regresé fue darle el pecho”.

Con una cesárea programada para la que tomaron todas las precauciones, Amanda cuenta de cómo su mamá ingresó con ella en el hospital, mientras su esposo se quedaba a cargo de la niña mayor (Amalia) en casa. Alejandro, el papá, aseguró la retaguardia y el cuidado de Amalia: “al principio pensamos que mi mamá se quedara con la niña, pero el hecho de no estar los dos nos pareció muy fuerte, porque siempre hemos estado con ella”. Así que “a Alejandro le tocó quedarse con la niña mayor, para evitar el peligro de contagio (por la COVID-19). La pasaron bien, con papá estaba de maravillas”.

“Mi mayor miedo fue al momento de ingresar, porque tenía mayor riesgo ante el nuevo virus. Me estresó, me asustó. Pero me tocaba y todo salió bien. El hospital tenía sus protocolos para la prevención y control de la infección: la limpieza, la mascarilla, no se permitían visitas externas al hospital... y el cirujano excelente”.

“Los días del hospital fueron tensos, que si la mascarilla, que si las medidas; pero son cosas que había que asumir por la salud de la bebé y de Amanda”

Asela Martínez, abuela
Madre con bebé lactante
Celia Medina

Mientras Asela y Amanda rememoran las nuevas condicionantes que impuso la COVID-19 a aquellos días, Amalia se mueve inquieta en el coche y Amelia se acurruca sobre mamá. Acaban de regresar de una consulta de pediatría con la más pequeña, servicio que forma parte del Programa de Atención Materno-Infantil en el nivel de Atención Primaria de Salud (APS) y que mantiene sus protocolos aun en contexto de emergencia sanitaria.

Por la salud de las niñas, a pesar del entorno complejo, Amanda no se inquieta; en cambio se ocupa. Junto a su familia: toman todas las medidas para evitar la COVID-19, las orientadas por el área de salud para el cuidado de sus bebés y el mantenimiento de la lactancia materna. “Amelia ha aumentado de peso perfectamente y mi hija mayor no se ha enfermado en un año. Solo tuvo un catarro (gripe), que solucionamos sin antibiótico, con pecho. Ha tenido un desarrollo psicomotor adecuado, come perfectamente. A sus 6 meses comenzó la alimentación complementaria y fue una maravilla: todos los alimentos le gustaban: las frutas, los vegetales… Comía muy bien siguiendo nosotros su guía de alimentación y manteniendo el pecho”.

Amanda espera que el desarrollo de Amelia sea como el de su hermana, por eso ha apostado por la lactancia materna en todo momento: “esta bebita (Amelia) no podía perderse el privilegio que tiene Amalia de ser amamantada”. Pero esta no siempre ha sido la decisión más sencilla: “los primeros 6 meses de Amalia fueron muy fáciles: no dio trabajo, el pecho fue una divinidad, no tuve que preocuparme por buscar alimentación de otro tipo para ella. A los 6 meses, que me doy cuenta de que estoy embarazada, comenzó el verdadero esfuerzo: primero eran las dudas, la barriga iba creciendo, mi cansancio -porque te cansas más-, la niña llevaba más trabajo y energía…”.

No obstante, con la información adecuada de su lado (indagó con sus médicos y con personas que habían pasado por la experiencia, buscó en internet y otras plataformas) y el apoyo de su familia, “no me pasó por la mente dejar de lactar. Eso es salud. Y es algo cómodo: el hecho de no estar pensando en que hay que buscar comida… en el pecho lo tienes todo: el agua, la proteína, el carbohidrato y la protección contra las infecciones... están en mí y yo se las aporto”.

Cuando Amanda y Asela conversan sobre las decisiones que han llevado a la familia a la lactancia materna, aun en condiciones tan peculiares, cuentan que de alguna manera se trata de una tradición familiar: Asela lo hizo con Amanda, como su madre con ella. Pero ambas coinciden en subrayar la importancia de la información: “me asesoré bien –dice Amanda-. Saber ayuda a no abandonar la lactancia materna, que lleva esfuerzo y sacrificio, son horas… A veces lo que le sucede a la madre es que se desespera: un niño llorando, no saber qué tiene, qué está pasando... La solución más fácil es pensar que tiene hambre, que una no produce leche. Pero no es así. Yo estoy en una crisis de lactancia: esta bebé (Amelia, la pequeña) no deja de chupar, necesita más leche, ¿qué hago?, pegarla a la teta. Muchas personas no saben solucionar este tema.” Por eso “la información es importante: saber qué va a suceder, qué está sucediendo, prepararte”.

Para Amanda la lactancia materna significa salud, seguridad, comodidad. Por eso, cuando le preguntan hasta cuándo la extenderá, siempre responde lo mismo: “mientras tenga pecho para las dos”. ¿Aunque el Coronavirus sea todavía noticia?, indago, ya en las despedidas. Amanda apunta con una sonrisa: “yo no me he replanteado la lactancia, al contrario, la mejor vacuna del mundo es esa”.