Criar con amor: lactancia materna y corresponsabilidad
Este segundo domingo de mayo, Erica celebra su primer Día de las Madres, lactando a su hijo Matteo, de siete meses. Ella y su pareja, Juan, saben que esta etapa es clave para nutrir el cuerpo y el alma de su bebé
En una casa de La Habana, el corazón de la vida familiar late diferente desde la llegada de Matteo. Aunque aún pequeño, ya ha transformado el hogar en un espacio de juegos, risas y aprendizaje compartido. Cada rincón, desde la sala hasta la cocina, ha sido tomado por este “remolino en miniatura” que se abre paso en la vida de sus padres, Erica y Juan, una joven pareja de 19 y 20 años, respectivamente.
“Matteo fue un bebé planificado y deseado”, cuenta Erica. Y esa decisión, tomada desde el amor consciente, es hoy una historia de entrega cotidiana, donde la maternidad no es una tarea solitaria, sino compartida, guiada por el respeto mutuo, la paciencia y el acompañamiento.
Durante el día, Erica y la abuela materna se encargan de los cuidados principales. La casa se llena de juegos, canciones, abrazos. Y al caer la tarde, cuando Juan regresa del trabajo, la familia se completa. Entonces llega la “merienda de mimos”, ese momento de pura ternura en el que el pequeño Matteo se acomoda entre los brazos de su padre. “Cachete a la carta”, bromean entre risas.
La paternidad también se construye en los pequeños gestos: el baño compartido, la cucharadita de papilla, el paseo en familia por La Habana Vieja, o la compra en el agromercado del barrio.
Como pareja joven, Erica y Juan saben que criar no es fácil, pero también han descubierto que es mucho mejor cuando van de la mano el cariño, la corresponsabilidad y el respeto. “A las parejas jóvenes les aconsejo, que si van a tener un bebé, lo atiendan de verdad, que le dediquen tiempo. Se necesita mucha paciencia, dedicación y sacrificio. Todo cambia: la mente, el cuerpo, la relación de pareja. Pero también creces como ser humano”, dice ella.
Entre las rutinas de cuidado, la lactancia materna ocupa un lugar central. Aunque Matteo ya comenzó a recibir alimentos blandos, Erica ha elegido continuar amamantando, incluso en los momentos más demandantes. “Hubo días difíciles, como cuando pasaba por los brotes de crecimiento y solo quería estar pegado a la teta. Pero para mí la lactancia es un acto de amor donde se crea un vínculo especial. Además, es el alimento perfecto, con todos los nutrientes que necesita para crecer sano”, reconoce.
Fuera de casa, en cada salida, cada banco del parque o rincón tranquilo de la ciudad, Erica ha encontrado en la lactancia ese “refugio donde ayudas al bebé a sentirse seguro”. No importa el lugar: lo esencial es el contacto, el calor, la conexión.
Su experiencia en la Liga de la Leche le ha dado herramientas y confianza, pero también ha reafirmado algo fundamental: amamantar es más fácil cuando no se hace sola. “La lactancia une mucho a la familia. Es un proceso que necesita apoyo, y contar con él es algo que no todas tienen. Yo he tenido la suerte de sentirme acompañada”.
Hoy, mientras Matteo duerme plácido, Erica reflexiona sobre el mundo en el que están criándolo. “Lo más difícil es educar con valores, en una sociedad donde a veces parece que se han perdido. Intentamos hacerlo sin pantallas, con mucho diálogo y amor”.