Lactancia materna, el amor que alimenta a Isa
En el barrio del Sevillano, una madre demuestra que la lactancia materna es un acto de amor, ciencia y corresponsabilidad familiar que rompe mitos y fortalece vínculos
A pesar de haber tenido dos experiencias positivas de lactancia, a Gisela la rondaban dudas sobre si sería suficiente la leche materna para alimentar a su beba. Su cuerpo ya no era el mismo: tenía 43 años y las condiciones económicas eran más difíciles que cuando nacieron sus dos hijas anteriores. Ella, como especialista en Fisiología, bien sabía sobre el mecanismo de la lactancia y cuánto el estrés podía alterar este proceso.
Felizmente, la calma fue llegando de a poco, en la medida en que lactaba y se entregaba de a lleno a esta experiencia. Es así como ha ido creciendo fuerte y sana Isabella (de casi dos años) o, como la llaman sus padres, Isa: “la niña más feliz del Sevillano”.
Isabella disfrutó plenamente los seis meses de lactancia materna exclusiva. Luego de ese tiempo, se le introdujo el método BLW (Baby- led weaning), donde se les brindan los alimentos a los bebés sin triturar, en trozos blandos y sin cuchara para que sean ellos quienes guíen su alimentación.
Es un viaje hacia la autonomía y la sensorialidad en su máxima expresión. Tanto la tía materna como la madre de Isa confiaron en la comunidad cubana “Cocinando por amor”, estudiaron este método y, gracias a ello, esta etapa ocurrió de manera feliz. Actualmente, Isa es muy independiente para comer y en el círculo infantil ya aprendió a usar la cuchara. No obstante, “aunque la niña tome agua puede ocurrir que, en medio de la comida, tome la leche materna y luego siga comiendo”, ríe Gisela.
En las tardes, “yo llego al círculo a recoger a Isabella y es la teta. Otras madres deben llevar el paquetico de galletas, el juguito de merienda y yo no. Ella viene corriendo arriba de mí, me da el bolsito de la ropa y me pide la teta. Y tú ves a los demás niños del salón que me miran así… uy, ¡la gloria!”, asegura Gisela.
Al principio, fue difícil porque casi todas las “seños” no veían bien la lactancia de Isabella en el círculo porque tenían miedo que afectara su adaptación, su alimentación y existían dudas de si realmente ella tendría suficiente leche materna. “Incluso, había madres que, al principio de la adaptación de sus hijos, lactaban; pero les fueron quitando la teta o no querían reconocer que lo hacían, porque creían que no era necesario o que era una malacrianza del bebé”. Pero en el caso de Gisela, ganó la perseverancia.
“Isabella es de las que mejor come en el círculo y se adaptó súper bien. Este mito sobre la lactancia ya no existe en la actualidad y cuando yo llego, las “seños” son las primeras que dicen: ¡dale corre, dale la tetica!”- dice Gisela y ríe.
Más tarde, cuando llegan a casa: la niña del círculo, la madre de su trabajo, Isa tiene el ritual de sentarse en el “sillón de la teta”. Ese es su sitio sagrado. Luego no para de revolotear y jugar. En ese momento, comienza la otra jornada para Gisela: la doméstica. Para ella, asumir la dinámica hogareña y estar disponible para lactar la ha hecho enfocarse en sus prioridades. Reconoce que ha debido tomar todo con más calma. Y en tanto, su esposo no llegue del trabajo, intenta no atormentarse si hay vasijas por fregar, o ropa por acomodar. “Lo importante es que el piso esté limpio para que la niña juegue. Ella es lo más importante: ella y la teta”, expresa convencida.
A Gisela le han dicho en ocasiones que parece “la abuela de la niña porque los padres suelen estar muy ocupados siempre”; o que “seguro tiene a alguien que le cocine en casa” por cómo se detienen (ella y su beba) a disfrutar ciertos detalles en la calle: hacer un barquito y ponerlo a navegar en algún charco, adivinar los colores de los carros, enseñarle a cuándo cruzar la calle con ella de mano… es que las madres también pueden ser niñas.
La tarde se anima más aún cuando llega el papá de Isa de su trabajo. En ese momento nacen otros rituales lúdicos: ver juntos muñes, jugar con peluches o subir a la azotea de la casa.
En este hogar, cada miembro de la familia aporta su sazón. Isabella tiene dos hermanas mayores que viven cerca de su casa y cada vez que se encuentran, aportan otras experiencias para su crecimiento. En efecto, ¡los referentes femeninos en este hogar son abundantes y diversos!
Otra presencia importante en la vida de la niña es su tía materna. En cada una de sus visitas, no pueden faltar los juegos a los escondidos, a la peluquería, los cuidados y los mimos. La primera vez que la bebé dijo “mamá” fue en medio de una videollamada de Gisela con su hermana, cuando esta todavía no había regresado de la misión médica.
La crianza de una niña, así como sostener la lactancia más allá de los seis meses, implica un reto para toda la familia. Aunque son innumerables las ventajas, también es un gran sacrificio “porque limita las interacciones sociales o las salidas con la pareja. En el trabajo no tengo problemas de que se bote la leche, como sí ocurría en mis lactancias anteriores”- expresa Gisela, quien, aunque aspire a superarse profesionalmente, sabe que es complejo: “antes, podía estudiar de madrugada y lactar si la bebé se despertaba, ahora no”. Reconoce que no tiene las mismas energías.
La lactancia en la madrugada supone también un reto para el padre y la madre. Pero “esto es parte de lo que la pareja debe vivir y habrá que buscar entonces otros espacios”, refiere la mamá de Isabella.
Aunque en Cuba se promocione mucho el valor de la lactancia materna, todavía existen mitos instaurados respecto a ella. “Ha habido pediatras y enfermeras que no están de acuerdo con que yo siga lactando a Isabella que tiene un año: “esa leche es agua, ya no alimenta”, suelen decir. ¿Por qué? Si la lactancia les trasmite nutrientes, seguridad y confianza a los bebés. De hecho, recuerdo que hace poco Isa tuvo neumonía y permaneció 17 días en casa: no quería comer, solo quería teta y teta. Fue terrible para mí. Pero esta niña cuando llegó al círculo, ¡estaba más gorda!”, bromea Gisela.
“Si yo, siendo doctora y conociendo este proceso, sentía mis dudas, ¿qué pasará con las madres que a veces no tienen ningún conocimiento, y que ante el más mínimo obstáculo deciden abandonar la lactancia materna?”, expresa Gisela.
Por eso, ella refiere que deberían crearse grupos de apoyo en las áreas de salud a fin de educar y acompañar más a las mujeres y a las familias sobre el proceso de embarazo, el parto y después de él. Justo en este momento se enfrentan diversos retos, como: la lactancia materna, los traumas post partos, las inseguridades respecto a la imagen corporal o la autoestima de las madres. El camino de educar a un o una bebé no debe ser recorrido por una mujer a solas… es un camino donde todos debemos ir juntos.