Enseñar para la vida
Las Escuelas de Oficios en Cuba potencian las habilidades sociales, el crecimiento personal y la independencia
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Casi en medio de la escuela está el árbol. Guarda toda la sabiduría de varias décadas. Su simple presencia abraza, acoge, acompaña. Su sombra invita a soltar, a relajar, a empezar de nuevo.
Raro es el día en que no hay alguien a su amparo. Meditando. Escribiendo. Conversando… bajo el árbol de los secretos.
“Es un espacio simbólico donde las y los estudiantes pueden compartir sus experiencias, preocupaciones y logros de forma confidencial”, cuenta Liudmila Linares Consuegra, psicopedagoga de la Escuela de Oficios Abel Santa María Cuadrado, en Villa Clara.
“Este árbol representa la confianza, la solidaridad y el apoyo mutuo entre los miembros de la comunidad educativa. Atesora testimonios inspiradores de superación, colaboración y crecimiento personal que han surgido a través de este espacio de diálogo y reflexión”, comenta Leticia desde su rol de acompañamiento a la comunidad educativa.
Precisamente el árbol resulta una metáfora que aplica a cada una de las 52 Escuelas de Oficios (EO) del país. Un elemento que simboliza la resiliencia, la perseverancia, el refugio y el amor. Porque la educación no es completa si no lleva una importante cuota de amor; sobre todo en modalidades de enseñanza como esta, que cargan con estereotipos y estigmas sobre sus estudiantes, muchos de ellos con grandes historias de desafíos familiares y de aprendizaje.
Al respecto Linares Consuegra opina: “Si tuviera que romper un mito sobre las EO elegiría cambiar la percepción de que son una opción educativa de menor valor que la educación académica tradicional. Mostraría cómo brindan una formación práctica y especializada que puede ser igualmente valiosa y gratificante para los estudiantes”.
La procedencia de las y los adolescentes de las EO es de fuentes diversas. Su composición es heterogénea y está marcada por estudiantes con barreras en el aprendizaje, situaciones de conducta o que viven en situación de discapacidad. Tales elementos llegan a configurarse en un estigma discriminatorio que incluye no solo al estudiantado, sino a la propia función social de dichos centros educativos. Hoy las 52 escuelas acogen 2 mil 552 estudiantes, de ellos el 42,6% en situación de discapacidad.
Estas instituciones educativas tienen una orientación de tipo vocacional, que incluye la formación y desarrollo de habilidades para el trabajo en diversas ramas de la industria, la agroindustria, los servicios, así como para una adecuada inserción social de sus egresados.
Para Lázaro Garbán Guerra, director de la Escuela de Oficios Camilo Cienfuegos Gorriarán, de Matanzas, más que las etiquetas que minimizan el trabajo en esta enseñanza, son válidos la inclusión y la preparación que reciben sus alumnos.
Sobre este tema Garbán Guerra amplía: “En lo personal, he aprendido a trabajar con las diferencias individuales de los educandos, la diversidad, la inclusión educativa y he fortalecido el valor humanismo. Además, las y los adolescentes con discapacidad intelectual que asisten a nuestro centro reciben mayor preparación para sus vidas”.
“Estas escuelas tienen un potencial de ofrecer oportunidades de formación y desarrollo laboral inclusivas, donde todos los estudiantes puedan aprender y crecer juntos, respetando sus diferencias y potencialidades”, desde su experiencia argumenta Liudmila Linares.
Para el presente año 2024, UNICEF continúa el acompañamiento a la estrategia de cambio social y de comportamiento, con la implementación de una estrategia integral de género.
Como parte de este foco en los proyectos de vida personales, en una visión más empoderada en cuanto a los oficios y las capacidades individuales de quienes egresan de las EO, también está la preparación de su personal docente y de las familias.
UNICEF contribuye en la gestión del conocimiento de docentes y directivos de las EO del país con la implementación y desarrollo de nuevos programas de estudios.
Actualmente, en alianza con PNUD, trabaja en el fortalecimiento de las competencias digitales docentes, para promover una transformación tecnológica en el proceso de enseñanza de las escuelas de oficios. Para ello ha dispuesto de 18 aulas multimedia en igual número de centros del país e inicia un plan de capacitación para el claustro y el personal directivo.
“Debemos dar a conocer en las escuelas familiares de las enseñanzas primarias y secundaria las características de nuestros centros; además de promover encuentros directos entre los y las adolescentes y sus familias con especialistas de las EO”, explica el director matancero.
Por su parte, la psicopedagoga de la escuela en Villa Clara refuerza el interés en este vínculo: “Las familias deben conocer más sobre esta opción educativa porque es una elección relevante y pertinente para muchos jóvenes. Es importante que sepan de las oportunidades que ofrecen estas escuelas en términos de formación profesional y desarrollo de habilidades específicas”.
Alcanza doble impacto entonces la promoción de la formación en oficios entre adolescentes, así como la sensibilización y capacitación de docentes y familias sobre la necesidad de inculcar las habilidades para la vida, para el empleo y un trabajo digno.
- Los oficios que se enseñan en la escuela Camilo Cienfuegos Gorriarán, de Matanzas, son: dulcería, panadería, ayudante de cocina, jardinería, artesanía, ayudante de mecánica, ayudante de tornería, ayudante de albañilería y ayudante de carpintería.
- Los oficios que se enseñan en la escuela Abel Santa María Cuadrado, de Villa Clara, son: Gastronomía y comercio, albañilería, carpintería, mantenimiento, auxiliar general, peluquería, elaboración de alimentos y agricultura.