Gaby Sabatini: “Nunca debemos perder de vista nuestros sueños”
Desde sus primeros pasos hasta la actualidad, la tenista argentina es una referente indiscutida para muchas generaciones. Conversamos con ella sobre su trayectoria y qué mensaje quiere dejar a los chicos y las chicas.
Empezó a jugar al tenis un poco por casualidad, a los 6 años. Con el tiempo, se convirtió en la tenista argentina más importante del país. Llegó a ubicarse N°3 en el ranking mundial de la Women's Tennis Association (WTA), sumó 27 títulos, incluido un Grand Slam, dos Masters y una medalla olímpica en los Juegos de Seúl. Pero su fama fue mucho más allá del deporte. Su calidad humana y su compromiso con la sociedad le permitieron llegar a los corazones del público, además de recibir numerosos reconocimientos fuera de las canchas. Su humildad y profesionalismo hicieron que Gabriela Sabatini se ganara el respeto y la admiración de sus colegas y del mundo entero.
Con apenas 26 años, y siendo aún muy joven, dejó el circuito para dedicarse a su marca de fragancias y a desarrollar nuevas pasiones deportivas como el ciclismo. Hoy es una referente para niñas, niños y jóvenes deportistas que desean alcanzar sus sueños. Gabriela es una fiel defensora del tenis femenino en la Argentina, expresando la importancia de apoyar más a las deportistas mujeres para que desarrollen su talento, y ha acompañado iniciativas de la Asociación Argentina de Tenis. Pero su vocación solidaria no termina ahí. A lo largo de los años participó de numerosas acciones, entre ellas, proyectos y campañas de UNICEF en favor de niñas, niños y adolescentes. Hoy, a sus 55 años, Gabriela pedalea por montañas (y hasta participó del Tour de France de forma amateur), juega al paddle con amigos e incentiva a jóvenes deportistas. Desde UNICEF, conversamos con ella sobre su trayectoria y los desafíos que la convocan en su día a día.
La niña de oro
La familia de Gabriela pasaba todos los fines de semana en una quinta de La Reja, provincia de Buenos Aires. Cuando vendieron esa casa, se hicieron socios del Club Atlético River Plate. Su hermano comenzó a tomar clases de tenis y ella lo acompañaba jugando frente al paredón. Con solo 6 años, el entrenador Daniel Fidalgo vio cómo le pegaba a la pelota y la sumó al equipo. La raqueta de madera le quedaba gigante, pero su talento innato era innegable. Sus padres, Osvaldo Sabatini y Beatriz Garófalo, acompañaron su deseo, y a los 8 empezó a participar en torneos; ese mismo año terminó 12ª en la clasificación nacional. A los 12 ya había ganado el Mundialito Infantil en Caracas y, dos años más tarde, se consagró Campeona Mundial Juvenil en Roland Garros Junior. De este modo, se posicionó como una de las grandes promesas del tenis argentino. “Le encantaba jugar por algo. Por eso, cuando ya la veía cansada, la desafiaba por un chocolate. Jugábamos un último game y si yo ganaba se lo compraba igual”, cuenta su entrenador en una entrevista. En 1985, con 15 años recién cumplidos, debutó en el circuito profesional y se convirtió en la semifinalista más joven de la historia de Roland Garros.
Empezaste en el tenis desde muy chica. ¿Cuándo comenzó la conexión con este deporte? ¿Cómo se transformó con el correr del tiempo?
A los 6 años agarré una raqueta por primera vez y me enamoré del tenis. Sentí una pasión enorme y no podía dejar de pegarle a la pelota. Cuando no jugaba en la cancha, me pasaba horas en el frontón y cuando volvía a casa seguía jugando contra la pared del patio. Al poco tiempo de anotarme en la escuela de tenis de River Plate, empecé a jugar torneos. Todo se fue dando muy naturalmente, me gustaba mucho competir. Cuando comencé a viajar más seguido, extrañaba mi casa, mi perro, mi familia, pero una vez que estaba en los partidos, me olvidaba de todo, era muy feliz.
Llegaste a la cima mundial siendo muy joven, compitiendo en escenarios de máxima exigencia. ¿Qué significó alcanzar el éxito deportivo?
Una aspira a ser la mejor o, por lo menos, intentarlo. Cuando todo el trabajo de tantos años se ve reflejado en un gran triunfo, es la satisfacción más grande, es el momento en el que una siente que todo valió la pena.
El deporte: escuela de vida
La familia Sabatini acompañó los compromisos de Gabriela a lo largo de toda su carrera. Primero, sus viajes a torneos en Córdoba, Santiago del Estero, Santa Fe, Tucumán, Mendoza y luego a nivel internacional. A los días de competición (sábado y domingo), se sumaban las horas de entrenamiento en River durante la semana y las horas de clase en la primaria. La pequeña niña encontró en el deporte un lugar de conexión. Mientras cursaba séptimo grado, apareció por primera vez en medios nacionales. “Gabriela Sabatini a sus doce años es un caso excepcional. Sus golpes, sus movimientos, su tenis parecen los de una jugadora de primer nivel. Debe ser llevada sin apresuramientos y sin crearle presiones excesivas. Su naturalidad es su más preciada arma”, aseguraban en la nota de El Gráfico.
A partir de entonces, su carrera solo creció: ganó 632 partidos, representó a la Argentina en los Juegos Olímpicos y en la Copa Federación, fue finalista de Wimbledon en 1991 y se mantuvo dentro del Top 10 durante más de 500 semanas, incluidas 312 dentro del Top 5. Y a sus 26 años, en la cima de su carrera, Gabriela Sabatini anunció su retiro del tenis profesional en una emotiva ceremonia que tuvo lugar en el Madison Square Garden de Nueva York.
¿Cuáles son los valores que el deporte forjó en tu personalidad?
El deporte me enseñó la disciplina, la constancia, la perseverancia, el respeto, y el valor del esfuerzo y del trabajo. Yo soy una persona muy introvertida y el deporte me ayudó a conectarme más con el afuera. Me enseñó a ser más fuerte mentalmente, a tener templanza, a desafiar cada obstáculo que se presentaba. Siento que todas estas herramientas me favorecieron y las sigo aplicando en la vida: a seguir para adelante a pesar de las dificultades.
¿Cuáles son las actividades que disfrutás hacer hoy? ¿Qué proyectos y sueños te motivan?
Sigo disfrutando mucho del deporte. Me fascina el ciclismo de ruta, siento mucha libertad y me encanta conocer lugares a través de la bici, sentir y meterme en las calles de una ciudad. Me apasiona ir a cafecitos, juntarme con amigos y compartir ese momento. También me gusta mucho apoyar y alentar a otros deportistas, tratar de ayudarlos, ya sea con un consejo o dándoles alguna herramienta para competir.
Un ejemplo para las y los jóvenes
Gabriela ingresó al Hall of Fame del Tenis en 2006 y fue distinguida con el Premio Mujer y Deporte por el Comité Olímpico Internacional. En el 2008 recibió la Raqueta de Oro en Roma y fue nombrada Personalidad Destacada de la Ciudad de Buenos Aires. Pero todos sus títulos no equivalen al efecto que generó y genera en los jóvenes. Es que la fascinación por Gabriela y la motivación que produce su historia continúa aún hoy, casi treinta años después de su retiro.
“Con su estampa casi mágica, con su luminosidad, atrajo un público nuevo. Los cuadros de los torneos de niñas doblaban a los de varones. En los torneos abiertos por series, que podía jugar cualquier afiliado a la Asociación Argentina de Tenis, había más mujeres que hombres. Entre 1980 y 1990 fue muy marcada esa influencia. En el exterior, su atracción era impresionante: solía jugar a cancha llena, incluso cuando jugaba dobles”, explica Eduardo Puppo, periodista e historiador del tenis, en una nota en La Agenda.
Además de apoyar numerosas acciones en pos del tenis femenino, Gabriela motiva activamente a jóvenes deportistas. En el último Roland Garros, fue invitada como embajadora junto a Juan Martín del Potro para contar su experiencia y contagiar de entusiasmo a las y los jóvenes tenistas que sueñan con jugar en el polvo de ladrillo parisino. También participó de cerca de los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018, donde inspiró a jóvenes de todo el mundo y contó sobre sus propios aprendizajes olímpicos: el compartir y la unión de los atletas.
El equilibrio que logró Gabriela Sabatini entre el buen rendimiento en la competición con la presión de los medios de comunicación y el público es ejemplo para las y los deportistas de élite. Ella jugó en una época en la que no había tantos conocimientos sobre la salud mental de los jugadores, que tenían que enfrentarse solos a los reveses de su carrera.
En el deporte individual, como el tenis, uno es su propio equipo. ¿Qué te enseñó esa experiencia sobre liderarse y tomar decisiones bajo presión?
Siempre existe la presión. Creo que es lo más difícil de enfrentar: las expectativas y las exigencias externas. Si hoy te va bien, mañana te tiene que ir mejor. Yo trabajé con un psicólogo deportivo que me ayudó en diferentes etapas de mi carrera.
Hoy se habla mucho de salud mental en la infancia y en el deporte. ¿Cómo lo viviste vos y qué consejo darías a chicos y chicas para cuidar su bienestar?
Debido a la gran comunicación que existe y a las redes sociales, todo se potencia mucho más. Pienso que nunca debemos perder de vista nuestros sueños, objetivos, lo que nos gusta hacer, lo que queremos. Es importante priorizar todo esto y nunca dejar de lado las cosas que nos hacen sentir bien, nutrirnos de nuestros afectos y, ante todo, siempre con humildad y con ganas de seguir aprendiendo. Yo entendí que me hacía muy bien conectarme con las cosas que me gustaba hacer, volvía más fresca y despejada a los partidos. Es importante disfrutar del proceso, entender que probablemente haya más derrotas que triunfos.
Su apoyo a UNICEF
“Sueño con un mundo en donde chicos y chicas puedan jugar y divertirse en un entorno seguro y amoroso, libre de violencia y discriminación. Una sociedad que les permita crecer con libertad y autonomía”, afirmaba Gabriela en una campaña para la V Cena de UNICEF en 2020.
Comprometida con la juventud y la educación, hace más de 15 años la tenista argentina apoya a UNICEF. Desde recorrer escuelas para motivar a las chicas y los chicos a que no abandonen sus estudios hasta participar de una iniciativa para que miles de adolescentes que viven en parajes rurales remotos de la Argentina puedan acceder y completar la escuela secundaria mediante el uso de tecnologías.
También se sumó a Impact Art, una iniciativa que combinó deporte, arte y solidaridad en donde deportistas argentinos crearon obras con sus habilidades y las subastaron a beneficio de UNICEF. Y, junto a otras figuras del espectáculo, acompañó la campaña “Que gane el Buen Trato”, impulsada por UNICEF y la Asociación de Teleradiodifusoras Argentinas (ATA), que busca visibilizar y contribuir a la desnaturalización del maltrato en la crianza de chicas y chicos. Quien alguna vez fue una niña introvertida, presta su imagen y su voz para apoyar a las infancias.
Gabriela superó muchos desafíos en su vida y, a través de su voz y experiencia, busca contribuir para reimaginar un futuro mejor para los niños y las niñas de la Argentina.
Colaboraste en varias campañas de UNICEF. ¿Por qué decidiste hacerlo y qué te motiva a apoyar esta causa?
Es muy gratificante poder ayudar, y más haciéndolo para instituciones que hacen tanto por la educación, algo esencial para el desarrollo y crecimiento de cada persona.
¿Qué le dirías a quienes hoy tienen la posibilidad de sumarse a UNICEF, ya sea como donantes o aliados, para darles un mejor futuro a todos los chicos y las chicas?
Por todo lo que hace por niños y niñas, por su salud y su educación, siempre que cada uno pueda aportar un granito de arena a UNICEF, va a hacer una gran diferencia.