Soy Francesca Romita de UNICEF México y digo #SiaLaLactancia

La lactancia siempre estuvo en mis planes. Estaba y sigo convencida de los innumerables beneficios tanto para las mamás como para los bebés

Francesca Romita
Francesca (del área de Responsabilidad Social Corporativa en UNICEF México) con su bebé y su esposo
Francesca Romita

31 Julio 2019

Soy Francesca, trabajo en UNICEF México en el área de Responsabilidad Social Corporativa.

Siempre supe que quería ser mamá. Mi idea era ser “mamá joven” pero pasaron unos años más para que ese momento por fin llegara, me enteré de la noticia el 3 de agosto 2018 y fue uno de los días más felices de mi vida. Tuve un embarazo privilegiado, me sentí muy bien desde el principio, fui afortunada en pocas palabras. Mi esposo y yo tomamos un curso psicoprofiláctico, tomé yoga prenatal, leí libros, artículos, fui a conferencias y cursos para prepararme lo mejor posible para la llegada de nuestra tan deseada hija.

La lactancia siempre estuvo en mis planes. Estaba y sigo convencida de los innumerables beneficios tanto para las mamás, como para los bebés (y la sociedad en general) de la lactancia materna exclusiva (LME) los primeros 6 meses de vida y posteriormente de una lactancia prolongada hasta que mamá y bebé decidan.

Mi parto no fue como lo planeaba y me tuvieron que hacer una cesárea, pero el encuentro con mi bebé rebasó mis expectativas. Fue un momento tan mágico y tan perfecto que, aunque te lo cuenten no puedes imaginarlo hasta que lo vives en carne propia. Y ahí empezó mi historia con la lactancia.

Cuando me estaban cerrando después de la cesárea nuestro pediatra, que es un creyente e impulsor de la lactancia en México, me “pegó” a mi bebé al pecho inmediatamente para que comiera.
Francesca Romita

 

Cuando me estaban cerrando después de la cesárea nuestro pediatra, que es un creyente e impulsor de la lactancia en México, me “pegó” a mi bebé al pecho inmediatamente para que comiera y ahí nuestra chiquita con su reflejo e instinto comió 10 minutos de cada lado. El hospital y enfermeras tenían la instrucción de darle LME a la bebé y afortunadamente en ningún momento hicieron lo contrario, pero en numerosas ocasiones escuché el “no la llenas”, “tal vez se queda con hambre”, “no tienes suficiente leche” etc. Y claro que no tenía leche, porque al principio no tenemos leche, tenemos calostro, después viene la leche de transición y a los 3 ó 4 días es cuando baja la leche. Los recién nacidos tienen un estómago tan chiquito que no necesitan más que unas gotas de calostro, y ahí empezamos a romper los mitos de la lactancia. Gracias a que me había informado bien no hice caso a esos comentarios, confié en mi cuerpo y en mi bebé.

A pesar de estar tan informada, los primeros días fueron muy duros, entre el cansancio, el hospital, las visitas y todas las emociones, no lograba tener un buen agarre. El principio fue muy doloroso, lloraba cada vez que la bebé comía, tenía exceso de leche, ductos tapados y simplemente no pasaba suficiente tiempo para cicatrizar entre una toma y otra. Estaba agotada y aterrada de no lograr algo que pareciera tan natural. Pero la realidad es que, aunque sea natural, no a todo el mundo le es fácil, es más, lo que he visto a mi alrededor es que para la mayoría de las mamás es difícil al principio.

Pasaron las semanas y conforme fuimos practicando, conociéndonos y gracias a mi asesora de lactancia, logramos mejorar.

“Hoy puedo decir que es de las cosas que más disfruto. Esa conexión, el contacto físico y el apego que creas con tu bebé durante la lactancia es inigualable.”

Cuando empiezan a interactuar más contigo, te tocan las manos, te ven y sonríen, hacen que las noches sin dormir valgan la pena, el cansancio se te olvida y sacas fuerza de no sé dónde para seguir.

Estoy convencida que, si más mujeres tuvieran acceso a la información, acompañamiento y asesoría durante los primeros días de sus bebés, tendríamos más casos exitosos y mejores índices de lactancia.

Contar con mejores políticas en los lugares de trabajo, licencias de maternidad y paternidad más largas y una cultura que promoviera la lactancia materna también tendría un impacto positivo en el inicio de la lactancia, exclusividad y duración; así como en mejor salud física y mental en bebés y madres, además de menor depresión posparto.

Debemos entender que la lactancia no recae solo en la madre, si no en las parejas, familiares, empleadores y sociedad en general. Deseo que pronto se llegue a entender y aceptar la lactancia sin cuestionar, discriminar o insultar a ninguna mujer y normalicemos lo que es natural.

 

Francesca Romita Iturbe, Oficial de Responsabilidad Social Corporativa de UNICEF México.