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“Si no fuera por la ayuda que recibí, no estuviera viva.”

Acceso a los servicios de atención especial a víctimas de violencia sexual.

Sergio Izquierdo
11 Octubre 2024
Luna dando de comer a sus gallinas.
UNICEF/UNI657659/Izquierdo

Son las 11 de la mañana y el calor abrasador de la costa se siente implacable. En el horizonte, los truenos anuncian una tormenta que se avecina, mientras Luna y su madre, Isabel, caminan de vuelta del mercado, atravesando una de las zonas peligrosas de su comunidad.

Luna fue víctima de violencia sexual. Hace unos meses trabajaba por necesidad en un pequeño local del barrio, ubicado cerca de varios burdeles.  Una tarde, mientras estaba sola atendiendo, un hombre entró y, sin que nadie la ayudara, Luna fue víctima de abuso sexual.

La violencia sexual contra la niñez y adolescencia constituye una de las peores formas de violencia. En Guatemala, según los datos proporcionados por el Ministerio Público en el 2023, se recibieron 17 denuncias diarias relacionadas con este delito, alcanzando más de 6,261 niñas, niños y adolescentes víctimas.

Asimismo, las estadísticas del Ministerio de Salud y Asistencia Social reflejan que el 62 % de las víctimas son de 10 a 19 años y en el caso de los hombres, el 60 % tiene entre 4 y 14 años. A pesar de lo alarmante de los datos, la verdadera magnitud de la violencia sexual es más grande, ya que por cada caso que se reporta, se estima que hay 5 sin denunciar.

Después del ataque, Luna comenzó a cambiar, cayó en depresión, con pensamientos oscuros e incluso a llegó al punto de querer quitarse la vida.  Su madre, Isabel, comenta que ella se enteró tiempo después, cuando notó que Luna ya no quería ir a la escuela y la veía bastante deprimida. 

Luna recibiendo una sesión de apoyo emocional tras ser victima de abuso sexual.
UNICEF/UNI657664/Izquierdo

Las primeras gotas de lluvia comienzan a caer, golpeando suavemente el techo de lámina mientras Luna, junto a su madre, prepara queso fresco en la pequeña cocina. El olor del queso recién hecho se mezcla con el aire húmedo de la tormenta que se acerca. De pronto, un suave toque en la puerta interrumpe el momento. Es Aleida, la psicóloga de UNICEF y Voz de la Niñez y que ha apoyado a Luna.

Al abrir la puerta, Luna la recibe con un gran abrazo, cargado de gratitud y afecto. La lluvia empieza a intensificarse, así que se apresuran a refugiarse en el corral de gallinas, uno de los orgullos de Luna.

El pequeño corral es más que un simple emprendimiento; representa parte del proceso de sanación de Luna. Fue una iniciativa propuesta por Aleida, como parte de su terapia, ayudándola a reconectar con la vida y encontrar un propósito. Mientras el sonido de las gotas de lluvia se mezcla con el cacareo de las gallinas, Luna sonríe, encontrando consuelo en el cuidado de su proyecto.

“Las víctimas de violencia sexual, dependiendo del tipo de abuso que vivió, muestran diferentes problemas o sintomatologías. Es común que tengan depresión e incluso ideación suicida y, muchos de los casos, por la falta de acceso a servicios, no llegan a ser atendidos a tiempo”, expresa Aleida.

La lluvia pasa tan rápido como llegó. El sol, tímido al principio, vuelve a asomarse entre las nubes, iluminando la casa y corral. Luna se siente más tranquila bajo el calor del sol, y mientras las gallinas picotean el suelo húmedo, Aleida aprovecha el momento.

Con una sonrisa, saca su material didáctico. Es hora de continuar la terapia. Aleida ha sido un pilar en el proceso de sanación de Luna, guiándola con paciencia y empatía. Sentadas en el patio comienzan una nueva sesión. Para Luna, estos momentos son un espacio seguro, donde sigue reconstruyendo las piezas de sí misma que alguna vez se sintieron rotas.

“UNICEF y La Voz de la Niñez han sido una bendición porque han sido una gran ayuda para nosotros para poder salir de esto”, expresa Isabel, su madre, al terminar la sesión.

UNICEF, gracias al apoyo de los Gobiernos de Suecia y Estados Unidos, han logrado atender a más de 1,300 niñas y niños víctimas de violencia sexual, de las 6,200 que anualmente se reportan ante el Ministerio Público.  Dora Alicia Muñoz, Oficial de Protección de UNICEF, lamenta que esto es un hecho que está afectando los derechos de la niñez en Guatemala y enfatiza que aún hay mucho por hacer.

En el país, 7 de cada 10 casos de violencia sexual, el abuso es cometido por un familiar cercano. 

Dora Alicia Muñoz, Oficial de protección de UNICEF realiza una sesión de prevención de la violencia con un grupo de niñas y niños.
UNICEF/UNI657686/Izquierdo Dora Alicia Muñoz, Oficial de protección de UNICEF realiza una sesión de prevención de la violencia con un grupo de niñas y niños.

“También trabajamos la prevención de la violencia sexual a través de las radios locales y talleres con familias y niños. Estos se llevan a cabo en el idioma local para lograr un cambio de comportamiento en las comunidades, donde informamos y sensibilizamos sobre la importancia de no normalizar la violencia sexual, los factores de riesgo y elementos para la protección de la niñez”, expresa Dora Alicia.

Luego de un tiempo de terapia, Luna se levanta, entra a su casa y regresa con una pintura que ha estado trabajando durante semanas. Es una de sus propias iniciativas, un reflejo de su proceso personal de sanación. La sostiene con cuidado, como si fuera algo precioso, y la coloca frente a Aleida.

Luna sostiene su dibujo como parte de su recuperación.
UNICEF/UNI657667/Izquierdo Luna sostiene su dibujo como parte de su recuperación.

En la pintura, un pequeño gusano se arrastra lentamente por el suelo. Luna lo describe con sencillez: "Es triste y feo", dice, señalando al insecto en su fase inicial. Sin embargo, el gusano no se queda allí. En la escena, sube con esfuerzo por el tronco de un árbol robusto, aferrándose a sus ramas. A través de un proceso lento, pero constante, el gusano se transforma, envolviéndose en su capullo. Finalmente, emerge como una mariposa de colores vivos, desplegando sus alas con gracia. “Antes me sentía muy triste y no quería ir a la terapia.  Ahora me siento muy contenta, ahora sí veo que la vida tiene sentido y con ganas de vivir”, expresa Luna

Aleida se empieza a despedir de Luna, pero antes de partir comenta: “Ver ese cambio en ella, la sonrisa que irradia, el brillo de sus ojos es una satisfacción tan grande, saber que por medio del apoyo que damos, pudimos salvar una vida”.

Aleida, mientras termina de recoger sus materiales y se prepara para irse, mira a Luna con una sonrisa cálida y le pregunta sobre su futuro:

“Mi meta es ser una enfermera profesional y poder ayudar a las personas”, concluye Luna.

Para cada infancia, protección