En busca de seguridad, agua limpia y refugio en el noreste de Siria

UNICEF está trabajando con sus aliados para ayudar a los niños desplazados por la violencia reciente

Por Delil Souleimain, Masoud Hasan y Adrian Brune
01 Noviembre 2019

La crisis siria es, antes que nada, una crisis de protección: el año pasado fue el más letal para los niños desde que comenzó la guerra. El recrudecimiento del conflicto en el noreste del país desde principios de octubre de 2019 es un duro recordatorio de la gravedad y el alcance de su repercusión para unos cinco millones de niños de todo el país.

Para los niños, estos años de violencia han tenido graves consecuencias físicas y psicológicas. Ante el aumento de la violencia en las últimas semanas, los equipos de UNICEF han estado trabajando para atender a alrededor de 80.000 niños que se han desplazado desde principios de octubre. Junto con sus aliados, UNICEF ha proporcionado, entre otras cosas, agua, alimentos listos para el consumo, kits de higiene y vacunas contra la poliomielitis y el sarampión, con el fin de proteger a los niños, ayudarlos a sobrellevar las consecuencias del conflicto y hacer posible que sigan viviendo su infancia.

 

UNICEF/UNI214010/Souleimain/AFP-Services
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Una niña llora a su llegada a la ciudad de Hasaka, en el extremo nororiental de Siria, después de haber huido de su ciudad natal, en la frontera turca. Es una de las 165.000 personas desplazadas por la violencia reciente. Los aliados de UNICEF han comenzado a proporcionar asistencia psicosocial en el terreno a niños como ella.

 

UNICEF/UNI214012/Souleimain/AFP-Services
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Dos madres y sus hijos toman galletas nutritivas y bebidas especiales de rehidratación después de escapar a la ciudad de Hasaka. Muchos de los que llegan allí se alojan con familiares, amigos y en comunidades de acogida. Algunos lugares se han convertido en refugio. Sin embargo, otras decenas de miles de personas podrían necesitar asistencia humanitaria como consecuencia de la violencia actual.

 

UNICEF/UNI214262/Souleiman
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Una mujer y sus hijos se refugian debajo de un gran camión remolque en Tal Tamer, al noreste de Siria, a 75 kilómetros al sureste de Ras al-Ain, una de las zonas más afectadas por el reciente aumento de la violencia. El conflicto obligó a los aliados de UNICEF en Ras al-Ain a detener sus operaciones en la zona.

 

UNICEF/UNI217691/Hasan
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Dos hombres llenan un tanque de agua fresca para llevársela a sus familias a los refugios para desplazados internos de Tal Tamer. A lo largo de seis días, los aliados de UNICEF han transportado alrededor de 95.000 litros de agua diariamente a 12 tanques situados en las ciudades afectadas por los daños a la estación de distribución de agua de Allouk. La estación, que proporciona agua a cerca de 400.000 personas, incluidos muchos niños, dejó de funcionar cuando las dos líneas eléctricas principales que le suministraban electricidad quedaron dañadas a causa del violento conflicto.

 

UNICEF/UNI217694/Hasan
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En Tal Tamer, dos niñas pequeñas esperan para llenar un cubo y unas botellas con el agua que ha sido transportada desde zonas cercanas. Millones de sirios llevan años teniendo dificultades para acceder al agua limpia a causa del conflicto, incluso desde antes del reciente aumento de la violencia.

 

UNICEF/UNI217692/Hasan
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Varios niños y sus familias cargan cubos de agua fresca hasta su refugio de Tal Tamer. Se calcula que al menos 165.000 personas se han desplazado a causa de la violencia reciente. Para muchos, no es la primera vez que deben escapar desde que comenzó el conflicto, hace ya más de ocho años.