Relatos de esperanza en las rutas migratorias

Familias migrantes de Centroamérica comparten sus sueños

Por Tanya Bindra y Christine Nesbitt
Un niño hace el signo de corazón con sus manos
UNICEF/UN0282811/Bindra

06 Marzo 2019

¿Y si de repente te obligaran a escapar de la violencia o la pobreza? ¿Y si tú y tu familia tuviesen que tomar la difícil decisión de empacar sus vidas y marcharse en auto, en camioneta o incluso a pie?

¿Y qué te llevarías contigo?

Para millones de niños y familias del norte de Centroamérica (El Salvador, Guatemala y Honduras) y México, esas preguntas no son hipotéticas. Son una realidad, al igual que la violencia asociada a las pandillas, la delincuencia organizada y la pobreza extrema, a la que muchos se enfrentan cada día. Preguntamos a algunas de las familias que han emprendido esos viajes qué objetos se llevaron consigo. Las respuestas fueron variadas, pero todas nos recordaron algo: que ya sean migrantes o refugiados, los niños son, ante todo, niños.

 

Una niña enseña su diario
© UNICEF/UN0278783/Bindra

Jennifer, de Honduras

La madre de Jennifer fue asesinada por una pandilla hace dos años y su padre se quedó en Honduras. Jennifer, de 10 años, viaja desde Honduras con sus tres hermanos. Ya en México, agarra un diario que ha hecho, que contiene imágenes que ella misma ha dibujado de su viaje. Jennifer es una de los muchos niños y niñas que han escapado de la violencia relacionada con las pandillas, la delincuencia organizada, la extorsión y la pobreza.

Una chica agarra su camiseta
UNICEF/UN0284704/Bindra

Kylie*, de México

Kylie*, de 15 años, de México, se llevó la camiseta de una competición de baile por los buenos recuerdos que le traía. “Mis amigas y yo íbamos caminando hacia la competición de baile y nos caímos en el barro”, cuenta Kylie. “La camiseta sigue manchada, pero me recuerda a mis amigas”. Kylie confiesa que le gustaría ser psicóloga porque sus amigas dicen que sabe escuchar. Mientras tanto, Kylie (y muchos otros como ella) debe hacer una travesía larga e incierta en la que se expone al peligro de la explotación, la violencia y los abusos.

 

Un niño sostiene una jirafa de juguete
UNICEF/UN0284707/Bindra

Maylin, de Honduras

Maylin*, de 15 años, llegó a México con otros migrantes hace tres meses, huyendo de los problemas de su país de origen, Honduras. “Cuando iba con la ‘caravana’, la menstruación era difícil de llevar porque no había privacidad”, asegura, pero añade que las niñas trataban de ayudarse unas a otras para encontrar privacidad cuando podían. Sujeta la jirafa de peluche que se llevó al viaje. “La parte a pie fue dura, pero conocí a gente de todo el mundo que tenía la misma esperanza que yo”, dice. “Eso fue muy bonito para mí”. Por desgracia, muchas mujeres y niños no acompañados carecen de protección y suelen viajar solos, lo que los convierte en presa fácil de traficantes, delincuentes, bandas organizadas, fuerzas de seguridad y otros que abusan de ellos, los explotan o incluso los matan.

 

Una biblia abierta
UNICEF/UN0278792/Bindra

Mariza, de Honduras

“Rezo con mis hijas cada día. La Biblia siempre ha sido un gran consuelo para mí en tiempos difíciles”, asegura Mariza, de 38 años, en Tecún Umán, Guatemala. Mariza se llevó su biblia a la travesía desde Honduras. Es el mismo recorrido que hacen muchas otras familias que tratan de escapar de circunstancias desesperantes. Los que consiguen marcharse, suelen enfrentarse a otra serie de nuevos problemas: a algunos los atrapan en tránsito o a la llegada a su destino, los detienen y los mandan de regreso al país del que escaparon.

 

Un niño muestra un cadena con una cruz en su mano
UNICEF/UN0284711/Bindra

Ethan, de El Salvador

Ethan*, de 17 años, agarra el rosario que le hizo su abuela para la travesía con la “caravana”. Ahora está en Tijuana, en un refugio, después de haber dejado atrás amenazas de violencia en El Salvador. “Tuve que irme en busca de seguridad, de libertad. Prefería terminar en un centro de detención de Estados Unidos antes que regresar a El Salvador”, asegura..

El vecindario donde vivía Ethan en El Salvador estaba controlado por una pandilla diferente a la del vecindario donde estaba su escuela. ¿El resultado? La pandilla intentaba extorsionarle dinero cuando él trataba de ir a la escuela. Al final, comenzó a recibir amenazas de las dos pandillas. “Ojalá la gente que nos tiene miedo pudiera ponerse en mi lugar para ver cómo es mi vida”, dice.

 

Un chico se pone un collar
UNICEF/UN0284826/Bindra

Agustín, de Guatemala

Agustín*, de 17 años, lleva el collar que su madre le dio para que le trajera buena suerte antes de marcharse de Guatemala junto a otros migrantes. “No me lo he quitado desde entonces”, asegura. “Me hace sentir que ella está conmigo todo el tiempo”.

Agustín se encuentra en la misma situación que otros muchos jóvenes y sus familias: luchan contra la dolorosa realidad de tener que abandonar sus hogares, sus comunidades y sus países en busca de seguridad y de un futuro mejor. Sus circunstancias ponen de relieve la sencilla realidad de que es esencial abordar las causas fundamentales de la migración irregular y forzada desde el norte de Centroamérica y México, que incluyen pobreza, violencia de pandillas y falta de oportunidades educativas y económicas.

 


*Nombres ficticios