Cuando la educación no entiende de fronteras

Cada día, casi 3.000 niños cruzan a pie el puente que separa Venezuela y Colombia para no perder un solo día de clase

Alfonso Reca y Santiago Arcos
©UNICEF/UN0309974/Arcos
UNICEF/UN0309974/Arcos

31 Mayo 2019

El trajín diario de alistarse para ir a clases es un ritual conocido para familias de todo el mundo. Sin embargo, es poco habitual que el itinerario comience antes del amanecer, y aún más inusual que el trayecto para ir a la escuela implique viajar a otro país. Así es como comienza el día para casi 3.000 niños que cruzan diariamente el Puente Internacional Francisco de Paula Santander de Venezuela a Colombia para poder seguir yendo a la escuela con normalidad y jugar con sus compañeros colombianos.

 

 

 

©UNICEF/UN0304121/Arcos
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El puente fronterizo está cortado al tráfico así que la única manera de cruzarlo es a pie. Durante la época de lluvias, los estudiantes deben atravesar cerca de 250 metros bajo el agua con sus uniformes y mochilas. Las personas con discapacidad lo tienen más complicado todavía.

 

 

©UNICEF/UN0309973/Arcos
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Los niños a menudo utilizan plásticos y lonas que encuentran en su camino para cubrirse de la lluvia durante el tránsito por el puente que conecta las ciudades de Cúcuta en Colombia y Ureña en Venezuela.

 

 

©UNICEF/UN0304115/Arcos
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Casi 10.000 niños y adolescentes venezolanos están matriculados en algún colegio de Cúcuta. Uno de cada cuatro reside en Venezuela y debe cruzar la frontera cada día para no perder clases.

©UNICEF/UN0304114/Arcos
UNICEF/UN0304114/Arcos

17 autobuses del Ministerio de Educación de Colombia, y apoyados por UNICEF, esperan a los estudiantes al final del puente, ya en Cúcuta, para conducirlos a los diferentes colegios de la ciudad en los que se han integrado de manera gratuita.

 


 

©UNICEF/UN0304113/Arcos
UNICEF/UN0304113/Arcos

El incremento de estudiantes, que en los últimos meses se ha intensificado, ha sobrecargado el sistema educativo de Cúcuta. El Gobierno Colombiano, UNICEF y otros aliados trabajan para formar docentes y dotar a 20 escuelas con materiales educativos.

 

 

© UNICEF/UN0304106/Arcos
UNICEF/UN0304106/Arcos

El colegio Misael Pastrana de Cúcuta es un buen ejemplo de integración. Cerca del 70% de sus estudiantes son venezolanos, pero aquí eso no es importante. Todos los alumnos son, simplemente, niños.

 

 

 

©UNICEF/UN0304112/Arcos
UNICEF/UN0304112/Arcos

UNICEF apoya al Ministerio de Educación de Colombia para implementar programas educativos flexibles que permitan a los estudiantes venezolanos recuperar materias y seguir las clases con normalidad pese a lo excepcional de su situación.

 

 

©UNICEF/UN0309995/Arcos
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Durante las horas de recreo, los deportes como fútbol o voleibol son las actividades que más comparten los estudiantes. También conversan entre ellos y se intercambian experiencias y consejos.

 

 

 

©UNICEF/UN0310000/Arcos
UNICEF/UN0310000/Arcos

Las aulas de este colegio de Cúcuta son espacios seguros para los niños donde pueden dejar a un lado las preocupaciones y los peligros del mundo exterior, concentrarse en sus estudios y disfrutar el tiempo con sus compañeros de clase.

 

 

©UNICEF/UN0310005/Arcos
UNICEF/UN0310005/Arcos

Más de 130.000 niños venezolanos están matriculados en las escuelas de todo Colombia, en comparación con los 30.000 que había en noviembre del año pasado.

 

 

 

©UNICEF/UN0309990/Arcos
UNICEF/UN0309990/Arcos

UNICEF necesita 29 millones de dólares para apoyar las necesidades básicas en materia de nutrición, salud, educación, agua, saneamiento e higiene y protección de las familias que cruzan a Colombia.


Este ensayo fotográfico fue publicado originalmente en El País.