En Brasil, trabajadores sanitarios laboran sin descanso para llevar vacunas a niños y niñas

Cruzan ríos y ciudades para llegar a los que más los necesitan

UNICEF
Una niña se mira el brazo mientras recibe una vacuna.
UNICEF/U.S. CDC/UN0846716/Hillier
14 Mayo 2024
Una enfermera prepara una vacuna

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Cada vez que Dynnhyfer de Souza contribuye a proteger la salud de un niño o niña, se emociona profundamente. “Me parece muy conmovedor ver a la gente haciendo cola para que la vacune”, explica esta técnica en enfermería residente en la ciudad brasileña de Baturité, en el estado de Ceará. “Dicen que vacuno con delicadeza, y eso es muy gratificante".

En estos momentos, los esfuerzos que realizan los trabajadores sanitarios como Dynnhyfer de Souza son especialmente importantes. En Brasil, la cobertura de inmunización de los niños y niñas menores de cinco años lleva descendiendo desde 2015, lo que aumenta enormemente el riesgo de que los niños contraigan enfermedades que se pueden evitar con las vacunas, como la poliomielitis y el sarampión. La situación empeoró durante la pandemia de COVID-19, puesto que a las familias les resultaba aún más difícil acceder a los servicios de salud pública. Además, se produjo un aumento de la reticencia a la vacunación que también ha influido en ese retroceso.

Sin embargo, en el país se observan algunas señales alentadoras. Por ejemplo, en el caso de la vacuna contra el sarampión, la cobertura nacional ha pasado de un 73% en 2021 a un 81% en 2022. Aún falta para alcanzar la tasa de cobertura del 91% lograda en 2019, antes de la pandemia de COVID-19.

Si se considera la media de las diferentes vacunas sistemáticas, Brasil está mejorando y se recupera

La situación de Brasil refleja alguna de las tendencias observadas a escala mundial en materia de protección de la infancia contra enfermedades que pueden ser mortales gracias a las vacunas sistemáticas que los niños necesitan para disfrutar de una vida saludable.

Según los datos recientemente publicados por UNICEF y la OMS, tras el mayor descenso continuo de la vacunación sistemática en una generación (en gran medida por causa de la pandemia de COVID-19), hay señales de recuperación. Sin embargo, esa recuperación es desigual. Las tasas de vacunación están aumentando en unos pocos países, pero en la gran mayoría, sobre todo en los países de ingresos bajos y medios, las tasas de cobertura se han estancado o, lo que es aún peor, siguen cayendo.

Los nuevos datos indican que las regiones de Asia Sudoriental y el Mediterráneo Oriental experimentan una sólida recuperación. No obstante, en algunas zonas de las Américas que llevaban mucho tiempo sufriendo descensos de la cobertura en la vacunación antes de la pandemia, esa tendencia se ha mantenido.

Baturité es una de las cuatro ciudades donde UNICEF Brasil y sus aliados han implementado un proyecto piloto llamado Busca Ativa Vacinal o BAV (Búsqueda Activa Vacunal) con el fin de ayudar a los municipios a incrementar los niveles de vacunación infantil.

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Dynnhyfer de Souza, una enfermera que lleva 12 años trabajando en la atención médica infantil, sale del Servicio de Salud para dirigirse al Centro de Educación Infantil Rocilda Germano Arruda de Baturité, en el estado brasileño de Ceará, donde va a vacunar a niños y niñas menores de cinco años.

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Para seguir impulsando las tasas de vacunación, es absolutamente necesario invertir de forma continua en campañas de inmunización. En el pequeño municipio brasileño de Baturité, UNICEF y sus aliados están desarrollando un programa piloto que está llevando las labores de vacunación más allá de los hospitales.

Una enferma en Brasil

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La enfermera Dynnhyfer de Souza suministra la vacuna oral contra el rotavirus a Ângelo, el bebé de dos meses de Taviana de Lima. Cuando nació, Ângelo no recibió las primeras vacunas porque no estaban disponibles en el hospital. Al regresar a casa, Tatiana se sintió desbordada y le resultó imposible acudir a un centro de salud para las vacunas.

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Dynnhyfer de Souza participa en el desarrollo de una de esas campañas de extensión en el Centro de Educación Infantil. En un solo día, suministró 27 vacunas a 21 niños y niñas. “Cuando quieren vacunarse conmigo, me están demostrando que les gusta cómo trabajo y eso hace que me esfuerce aún más para darles el mejor servicio”.

A Samuel le faltaban tres vacunas. El niño de cuatro años sonríe tras recibir una vacuna contra la fiebre amarilla que le ha suministrado la enfermera Dynnhyfer de Souza en el Centro de Educación Infantil Rocilda Germano Arruda de Baturité, en el estado brasileño de Ceará.

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Ivone de Lima recoge a su hijo Samuel, de cuatro años, en el Centro de Educación Infantil Rocilda Germano Arruda, donde acaba de recibir las vacunas que le faltaban. El centro se encuentra en el barrio de Beira Rio de la ciudad de Baturité, en el estado brasileño de Ceará.

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La labor de Dynnhyfer de Souza y la campaña de mayor alcance en la que está participando han logrado importantes resultados. Al término de la campaña de Baturité, que tuvo lugar de mayo a noviembre de 2022, se había vacunado a más del 95% de los niños y niñas de la ciudad (durante la campaña o antes) contra la poliomielitis y otras enfermedades prevenibles.

Llegar a la infancia de Manaos, la puerta de entrada a la selva amazónica

Los últimos datos mundiales muestran que, en el año 2022, se registraron algunas tendencias positivas. Por ejemplo, en todo el mundo, hay 2,5 millones menos de niños y niñas cero dosis, que son los niños que no han recibido ninguna dosis de vacuna contra la difteria, el tétanos y la tos ferina. Sin embargo, la realidad es que alrededor de uno de cada cinco niños y niñas nunca ha sido vacunado o no ha recibido todas las vacunas que necesita, lo que significa que no se ha beneficiado de la inmunización sistemática total o parcial. Esos niveles no se habían visto desde 2008.

Para llegar a esos niños y niñas, es necesario desarrollar campañas y estrategias de vacunación adaptadas a la situación de cada comunidad. Así ocurre en la ciudad de Manaos, situada a orillas del río Negro, en el noroeste de Brasil. La ciudad es la capital del Amazonas, un vasto estado que abarca parte de la selva amazónica. La propia ciudad cuenta con una población de más de dos millones de habitantes, pero está rodeada de zonas extremadamente remotas, por lo que es necesario aplicar distintos métodos y utilizar medios de transporte ingeniosos para llevar las vacunas que necesitan los niños y niñas.

Disney de Oliveira, técnica en enfermería, y Lindalva de Freitas, agente de salud comunitaria, suben una cuesta tras una visita a domicilio junto al lago de Puraquequara, en las afueras de Manaos.

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Es muy habitual ver a Lindalva de Freitas, trabajadora sanitaria comunitaria en Manaos, recorriendo las calles de la ciudad, subiendo y bajando cuestas, haciendo equilibrios en puentes de madera improvisados y, cuando es necesario, cruzando el río en canoa. Todo para llevar servicios de salud a niños y niñas hasta sus propias casas.

Bruna de Souza Costa y Paulo Henrique, su hijo de seis años, residentes en el lago de Puraquequara, reciben la visita de la agente de salud comunitaria Lindalva de Freitas, que comprueba la tarjeta de vacunación del niño y les da instrucciones para las consultas pediátricas.

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“La gente sabe que las vacunas son importantes para la salud de los niños, pero muchos progenitores las dejan para otro momento por no tener tiempo, porque tienen que trabajar, no tienen dinero o no pueden venir a la Unidad de Salud. Por eso, debemos ocuparnos de buscar a esas familias a diario”, explica Lindalva.

La agente de salud comunitaria Lindalva de Freitas cruza en barca el lago Puraquequara para realizar visitas a domicilio con vistas a identificar a los niños y niñas que no están al día en el calendario de vacunación.

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“Para muchas familias con una situación económica difícil, lo más importante es comer. Esa es la realidad que observamos. Por eso, salimos con las cajas y llevamos las vacunas a las casas para vacunar a los que lo necesitan”.

Además de realizar visitas a domicilio cruzando los ríos en canoa, Lindalva de Freitas también presta servicios en la Unidad de Salud del Lago do Aleixo, en Manaos, donde lleva más de 20 años trabajando.

Los trabajadores sanitarios de esas instalaciones llevan tiempo atendiendo a Gabriel de Oliveira, de cuatro años. Gabriel se quedó huérfano cuando era un bebé, al igual que sus hermanos Kauan, de diez años, y Kennedy, de cinco años. En aquel momento, los tres niños carecían de historial médico, y tampoco se habían vacunado. Su abuela, Elmira de Oliveira, se hizo cargo de los niños, y le parecía fundamental que sus nietos recibieran atención médica.

La Agente de Salud Comunitaria Lindalva de Freitas (izquierda) visita la casa de Elmira de Oliveiras en el barrio Colônia Antônio Aleixo, en las afueras de Manaos, donde vive con sus nietos (izquierda-derecha), Kauan, 10, Kennedy, 5 y Gabriel, 4.

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Gabriel Vinícius, de cuatro años, sostiene un Certificado de Valentía después de vacunarse en la Unidad de Salud del Lago do Aleixo, situada en el barrio Colônia Antônio Aleixo de las afueras de Manaos, en Brasil.

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“Solo deseo tener salud y fuerza suficientes para cuidarlos”, explica. “Quiero que, un día, cuando sean mayores, puedan decir: mi abuela no me ponía ropa buena ni zapatos nuevos, pero sí me dio un techo, me cuidó y luchó por mi salud”.

Hoy, gracias a los esfuerzos de los trabajadores sanitarios y a los cuidados de su abuela, Gabriel, Kauan y Kennedy pueden recibir las vacunas que necesitan para estar protegidos.

Las vacunas ofrecen a estos niños y niñas protección contra enfermedades peligrosas como el sarampión, la poliomielitis y la difteria, que antes estaban controladas pero que recientemente han vuelto a aparecer en distintas partes del mundo.

Sabrina dos Santos alza a su hija de un mes y medio, Ayla Marcele, en su casa del barrio Colônia Antônio Aleixo de Manaos, tras una visita de los trabajadores sanitarios comunitarios para comprobar el estado de vacunación de sus hijos.
UNICEF/U.S. CDC/UN0846779/Hiller Sabrina dos Santos alza a su hija de un mes y medio, Ayla Marcele, en su casa del barrio Colônia Antônio Aleixo de Manaos, tras una visita de los trabajadores sanitarios comunitarios para comprobar el estado de vacunación de sus hijos.

Sabemos que las vacunas son la mejor forma de proteger a todos los niños y niñas contra más brotes de enfermedades, epidemias y pandemias. Por eso, es absolutamente esencial que se desarrolle una acción concertada y continua a escala mundial para dar respuesta a los descensos observados en la cobertura de inmunización en todo el mundo.

Las comunidades ribereñas de difícil acceso de Abaetetuba reciben servicios de salud esenciales

 

El programa pilotollamado Busca Ativa Vacinal o BAV (Búsqueda Activa Vacunal) llevado a cabo en Baturité, también se ha implementado en el municipio de Abaetetuba, en el norte de Brasil, que está formado por 72 islas.

La inmunización infantil está comenzando a recuperarse. Estos deben ser los próximos pasos.

Una niña se mira el brazo mientras recibe una vacuna.
UNICEF/U.S. CDC/UN0846716/Hillier Rosinaldo, de 6 años, es sostenida por su madre, Ivana Rodrigues Cordeiro, mientras es vacunada por la Técnica de Enfermería Rosimary Bailão da Costa durante una jornada de vacunación en la comunidad del río Caripetuba en Abaetetuba, estado de Pará, Brasil.

Las iniciativas en favor de la inmunización, como el proyecto Búsqueda Activa Vacunal desarrollado en Brasil, destacan la importancia de que los gobiernos de los países que se han visto especialmente afectados por el descenso de las tasas de vacunación infantil sigan centrándose en:

  • Reaprovechar los recursos financieros disponibles para incrementar las tasas de vacunación, como los fondos para la COVID-19 aún no utilizados.
  • Remunerar y prestar apoyo a los trabajadores sanitarios comunitarios, ya que es esencial para llegar a los niños y niñas que nunca se han vacunado o que no han recibido todas las vacunas, y para evitar más brotes devastadores de enfermedades.
  • Restablecer los servicios de vacunación y poner al día con las vacunas a los niños y niñas que no recibieron las vacunas sistemáticas durante la pandemia de COVID-19.

Estas acciones permitirán llegar a los niños y niñas que viven en lugares a menudo olvidados, como las aldeas remotas, los barrios marginales de las ciudades y las zonas afectadas por los conflictos. Solo así podrán tener una oportunidad que todos se merecen, la de disfrutar de una vida saludable, protegidos con las vacunas que necesitan para desarrollarse plenamente.