La pandemia de COVID-19 podría devastar la vida de las poblaciones de refugiados, migrantes y desplazados internos si no se toman medidas internacionales urgentes

Declaración de Henrietta Fore, Directora Ejecutiva de UNICEF

02 Abril 2020
Un grupo de niños camina por rieles de tren.
UNICEF/UNI176266/Ojeda
El 10 de diciembre de 2014, fuera de La Casa del Migrante, un refugio católico que apoya a los inmigrantes cerca de la estación de trenes de Lechería, en el municipio de Tultitlán, Estado de México, María [nombre cambiado], 16 (a la derecha), de Honduras viaja hacia el norte con sus hermanos menores, esperando cruzar la frontera a los Estados Unidos para reunirse con su familia.

NUEVA YORK, 1 de abril de 2020 “Casi con total seguridad, la COVID-19 se asentará en los campamentos de refugiados y en los atestados centros de recepción y detención que acogen a las familias migrantes. Dada la rapidez con la que se propaga el virus, parece que esta situación se producirá de manera inminente.

“Incluso cuando no hay una pandemia, las familias y los niños desarraigados –los que viven como refugiados, migrantes o desplazados internos– se enfrentan a enormes obstáculos para recibir la atención médica y acceder a servicios de prevención como las instalaciones adecuadas de saneamiento y de lavado de manos. Por eso, el brote de una enfermedad infecciosa puede agravar aún más su situación de riesgo.

“El brote de una enfermedad respiratoria como la COVID-19 podría transmitirse fácilmente dentro de los confines y las condiciones poco seguras de muchos campamentos o asentamientos atestados de gente. Las familias que viven en esas circunstancias tendrían más probabilidades de contagiarse y más dificultades para combatir la enfermedad, debido a la falta de servicios adecuados.

“Y no estamos hablando de una cifra reducida de personas. En la actualidad hay 31 millones de niños que han tenido que abandonar sus hogares. De ellos, 17 millones son desplazados internos, 12,7 millones son refugiados y 1,1 millones son solicitantes de asilo. Todos ellos necesitan algún tipo de asistencia. La mayoría no pueden permitirse el lujo de llamar a un médico cuando se enferman, de lavarse las manos cada vez que lo necesitan o de poner en práctica el distanciamiento social para frenar la transmisión de la enfermedad.

“Cualquier respuesta a la pandemia en materia de salud pública debería llegar a las familias más vulnerables, como los refugiados, los migrantes y los desplazados internos. Esto significa garantizar un acceso equitativo a las pruebas y los tratamientos, así como a la información sobre la prevención y a los servicios de agua y saneamiento. Es necesario contar con planes que garanticen una atención y unos cuidados seguros en un entorno familiar para los niños que han sido separados de sus cuidadores o cuyos cuidadores han muerto.

“Esto significa también que las medidas de contención, como el cierre de las fronteras y las restricciones a los desplazamientos, no deberían bloquear el derecho de los niños a solicitar asilo y a reunirse con los miembros de su familia. Tampoco deberían obstaculizar los esfuerzos de los organismos que proporcionan asistencia humanitaria. Los niños desarraigados y sus familias deberían contar con ayuda para poder alejarse del peligro y trasladarse a alojamientos adecuados donde tengan acceso a agua, jabón, distanciamiento físico y seguridad.

“UNICEF está trabajando con sus aliados para prevenir la transmisión de la enfermedad entre las poblaciones de refugiados, migrantes y desplazados. Para ello, estamos promoviendo prácticas de higiene que ayuden a prevenir la transmisión en los refugios, los campamentos y otros lugares de alojamiento. También estamos elaborando información rigurosa y adaptada a los niños acerca de la COVID-19, así como materiales para combatir el estigma y promover una crianza positiva. Además, estamos distribuyendo suministros de higiene y proporcionando acceso al agua.

“Pero no podemos hacerlo solos. Ahora, más que nunca, los gobiernos y la comunidad internacional deben unirse para proteger a los más vulnerables en esta situación sin precedentes”.
 

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Christopher Tidey
UNICEF Nueva York
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