COVID-19: El alto al fuego mundial podría ser un punto de inflexión para 250 millones de niños que viven en zonas afectadas por conflictos

Declaración de Henrietta Fore, Directora Ejecutiva de UNICEF

17 Abril 2020
Los niños descansan debajo de un árbol en un campamento improvisado en la aldea de Aqrabat, cerca de la frontera con Turquía.
UNICEF/UN0318491/Watad
Niños descansan debajo de un árbol en un campamento improvisado en la aldea de Aqrabat, cerca de la frontera con Turquía.

NUEVA YORK, 17 de abril de 2020 – “En la actualidad, 250 millones de niños de todo el mundo viven en situaciones de conflicto. Cada uno de esos niños necesita que las partes beligerantes acaten el llamamiento del Secretario General de las Naciones Unidas a deponer las armas como parte de un alto al fuego mundial para hacer frente a la pandemia de la COVID-19. Cada uno de esos niños necesita estar, por fin, a salvo de la violencia.

“Las partes en el conflicto no podrán combatir la COVID-19 hasta que no dejen de luchar entre sí.

“Sin embargo, casi un mes después del llamamiento del Secretario General, sigue habiendo conflictos violentos en algunas partes de Afganistán, Burkina Faso, Libia, Malí, Siria, Ucrania y Yemen, entre otros países.

“Para los niños que están viviendo una realidad que bien podría ser una pesadilla, un alto al fuego podría constituir la diferencia entre la vida y la muerte.

“Un alto al fuego mundial evitaría que los niños sigan siendo asesinados, mutilados o forzados a abandonar sus hogares a causa del conflicto. Pondría fin a los ataques a estructuras fundamentales, como los centros de salud y los sistemas de agua y saneamiento. Dejaría espacio para que las poblaciones vulnerables pudieran acceder a servicios esenciales como la atención de la salud, que además son clave para poner fin a una pandemia. Del mismo modo, daría la oportunidad de negociar con las partes de los conflictos la liberación de los niños de las fuerzas y los grupos armados en condiciones seguras.

“Por el momento se han producido algunos avances positivos, como el compromiso de las partes en el conflicto de 11 países de cesar las hostilidades durante la pandemia.

“Sin embargo, todavía queda mucho por hacer para lograr un cambio real para los niños sobre el terreno:
“En primer lugar, todas las partes en conflicto deberían suscribir y respetar acuerdos de alto al fuego, sin excepciones.

“En segundo lugar, las autoridades y los grupos que controlan el territorio deberían facilitar al personal humanitario acceso abierto para poder llegar hasta los niños y las familias y proporcionarles servicios esenciales, como alimentos, atención de la salud, protección, agua y saneamiento. Este acceso también podría servir para reparar o reformar infraestructuras importantes que hayan quedado dañadas por el conflicto, con el fin de que las poblaciones cuenten con más protección contra la transmisión de la COVID-19.

“En tercer lugar, las fuerzas y los grupos armados no pueden impedir que se distribuyan suministros de socorro o que las personas que lo necesiten obtengan servicios. Se debe permitir que todos los civiles que se encuentran bajo el control del gobierno o los grupos de la oposición reciban asistencia fundamental para su supervivencia y su bienestar.

“En cuarto lugar, las partes en los conflictos deberían liberar a cualquier niño que se encuentre detenido en relación con un conflicto armado o la seguridad nacional. Las fuerzas y los grupos armados también deben liberar a los niños de sus filas. Como siempre, UNICEF está a disposición de las autoridades para ayudar a preparar la liberación de niños, como, por ejemplo, identificando las condiciones de seguridad.

“Entretanto, mientras los conflictos continúan, la COVID-19 también sigue avanzando en silencio, afectando a los niños y las poblaciones vulnerables que se encuentran atrapados.

“Un alto al fuego mundial serviría de modelo de cooperación y solidaridad para combatir la COVID-19, una pandemia que supone un peligro para el conjunto de la humanidad y, en particular, para los más vulnerables. Un alto al fuego no solo aumentaría significativamente las probabilidades de acabar con la enfermedad a corto plazo, sino que además sentaría las bases para una paz estable y duradera, y eso sería decisivo para los niños y sus futuros”.

 

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Christopher Tidey
UNICEF Nueva York
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