UNICEF promueve el acogimiento familiar en El Salvador
El Programa Vivir en Familia de CONAPINA, respaldado por UNICEF con financiamiento del Gobierno de Irlanda, trabaja para que familias salvadoreñas abran la puerta de su hogar para brindar cuidado temporal a niñas y niños en situación de vulnerabilidad
16 de mayo de 2026. San Salvador, El Salvador. “Lo que un niño necesita es un lugar donde pueda sentirse seguro”, comenta Joan Manuel. Esta frase, pronunciada por una de las familias de acogida del programa Vivir en Familia, resume el espíritu de una iniciativa que busca implementar modalidades de cuidado alternativo basadas en la familia, que garanticen el derecho de la niñez y adolescencia a vivir en familia.
En El Salvador, el programa es ejecutado por el Consejo Nacional de la Primera Infancia, Niñez y Adolescencia (CONAPINA), con el apoyo técnico de UNICEF y el financiamiento del Gobierno de Irlanda. La apuesta es clara: ofrecer alternativas familiares para niñas y niños que han sido separados de sus hogares por situaciones de violencia, negligencia, abandono u otras vulneraciones, evitando en lo posible la institucionalización.
Para Paola Carranza, Coordinadora de la Sección de Programas en Medio Familiar de CONAPINA, el programa responde a una necesidad urgente:
“Está comprobado científicamente que, mientras más tiempo pasa un niño en institucionalización, más impactos existen en su desarrollo psicológico, emocional y social. Por eso buscamos que puedan crecer en una familia, aunque sea de manera temporal, mientras se trabaja con su familia de origen”.
Ese acompañamiento familiar es precisamente lo que hoy viven Joan Manuel y Rebeca, quienes decidieron convertirse en familia temporal. Aunque originalmente soñaban con agrandar su familia a través de la adopción, descubrieron que también podían transformar las vidas de las niñas y niños a través del cuidado temporal.
“Nos dijeron que existía este programa de familias temporales y pensamos: si no se da la posibilidad de adoptar, al menos podemos darle cariño y protección a un niño mientras lo necesita”, recuerda Joan Manuel.
Después de entrevistas, capacitaciones y evaluaciones, la pareja fue acreditada como familia de acogida. Poco tiempo después recibieron a un niño de un año y medio. La experiencia cambió por completo su dinámica familiar y también su forma de comprender el impacto del cuidado alternativo en la infancia.
“Cuando llegó, él buscaba agradarle a todo el mundo. Ahora ya sabe identificar quién es su lugar seguro. Si tiene miedo, nos busca a nosotros”, comparte Rebeca.
Con el paso de los meses, ambos han visto cómo el niño ha desarrollado confianza, seguridad y autonomía. Hoy juega, explora, ríe y expresa emociones con mayor libertad. Para ellos, uno de los cambios más importantes ha sido verle construir un sentido de pertenencia.
“Antes se retraía o buscaba aprobación de cualquiera. Ahora sabe que tiene un espacio seguro. Entendió que hay alguien que lo cuida y que está para él”, agrega Joan Manuel.
La pareja reconoce que el proceso implica desafíos emocionales y reorganizar por completo la rutina familiar, pero coinciden en que la experiencia ha valido la pena. “No es complicado por el niño; es aprender a adaptar nuestra vida para integrarlo y darle el tiempo y el amor que necesita”, explican.
Historias similares viven Luis y Patricia, quienes actualmente cuidan de una bebé que llegó a su hogar con apenas 27 días de nacida.
Ellos conocieron el programa gracias a otras familias de acogida. Motivados por el deseo de ayudar y convencidos de que podían brindar un entorno seguro, decidieron abrir las puertas de su hogar.
“Vimos el cambio que tuvo un niño cercano que estaba en acogimiento temporal y eso nos impactó muchísimo. Entendimos que el amor y la atención personalizada realmente transforman vidas”
La bebé que hoy cuidan atravesó complicaciones médicas desde sus primeros días de vida. Sin embargo, ambos aseguran que el entorno familiar ha sido clave para su recuperación y desarrollo integral.
Patricia hace énfasis en “que las familias de acogida pueden ver el poder del amor en acción”, una afirmación que resume la transformación que viven niñas y niños cuando encuentran un entorno seguro, afectivo y protector. Para ella, el cambio va mucho más allá de cubrir necesidades básicas: se refleja en la confianza que desarrollan, en su capacidad de explorar el mundo con seguridad y en la tranquilidad de saber que hay alguien pendiente de ellos. Desde su experiencia, el cuidado familiar permite que la niñez reciba atención individualizada, acompañamiento emocional y genera vínculos estables que fortalecen su desarrollo integral.
“Los médicos nos dicen que hay una diferencia enorme cuando un bebé tiene una familia dedicada a él o ella, pendiente de cada necesidad, de cada chequeo y de cada muestra de cariño”, explica Luis.
Las dos familias coinciden en que el acogimiento familiar ofrece algo difícil de sustituir en cualquier otro entorno: vínculos afectivos estables y una sensación de protección permanente.
“Un niño necesita saber con quién puede sentirse seguro”, explica Joan Manuel. “En una familia encuentra refugio, alguien que lo consuele, que celebre sus logros y que lo acompañe incluso en los momentos más difíciles”.
“Para el desarrollo pleno y armonioso de su personalidad, las niñas y niños deben crecer en un entorno familiar y en un ambiente de felicidad, amor y comprensión. Es necesario invertir para mantener unidas a las familias y reorientar recursos hacia servicios de cuidado basados en la familia y la comunidad, de alta calidad, accesibles e inclusivos” señala Jorge Martinez Ramos, Especialista de Protección de UNICEF.
Es por eso que también se trabaja en acompañar a las familias durante todo el proceso y prepararlas para comprender que su rol es brindar protección temporal mientras se restablecen las condiciones para que el niño pueda regresar a un entorno familiar seguro.
Actualmente, CONAPINA con el apoyo de UNICEF y el Gobierno de Irlanda trabajan en el fortalecimiento del programa mediante procesos de formación técnica y de acompañamiento a las familias de acogida, así como en el fortalecimiento de servicios especializados del Sistema Nacional de Protección.
A pesar de los avances, uno de los principales desafíos es ampliar el número de familias de acogida acreditadas en el país. Actualmente, muchas personas aún desconocen que existe esta modalidad de cuidado temporal.
Por eso, ambas familias hacen un llamado a otras personas a informarse y considerar integrarse al programa. “Hay muchos niños que necesitan una oportunidad de vivir en familia”, afirma Patricia. “Tal vez no estaremos para siempre en su vida, pero sí podemos cambiarla para siempre”.
Para UNICEF estos testimonios reflejan cómo el acogimiento familiar transforma la vida de la niñez, fortalece vínculos afectivos y demuestra que crecer en un entorno familiar puede marcar la diferencia en el desarrollo y el bienestar de cada niño y niña. Porque crecer en familia no solo es un derecho sino también aumenta sus oportunidades de alcanzar su máximo potencial.