La inversión en la infancia: un nuevo punto de encuentro para El Salvador

Editorial

02 Octubre 2019
Representante de UNICEF El Salvador, Yvette Blanco
UNICEF/Martinez

La inversión en las niñas, niños y adolescentes no es un “proyecto del futuro”, es un “proyecto del presente”. Invertir en el desarrollo de la niñez, además de ser un imperativo para el cumplimiento de la Convención de los Derechos del Niño, es un esfuerzo altamente rentable en el largo plazo y constituye la estrategia principal para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

No puede haber revelación más intensa de una sociedad, que la forma en la que trata a sus niños”, afirmaba el Premio Nobel de la Paz, Nelson Mandela, para resumir el rol protagónico que tiene que tener la niñez y la adolescencia en la construcción de naciones prósperas.

Muchos años han pasado desde que Mandela hiciera tal afirmación. El contexto global y los desafíos mundiales hoy se ven influenciados por los efectos de la tecnología y la vertiginosa velocidad en la que se dan los cambios. Según expertos, desde que se dio la Revolución Industrial pasaron 95 años para la invención del teléfono, la radio y la electricidad. La próxima gran creación, la computadora, tomó solo 65 años, y, 38 años después, se creó la computadora personal. En las siguientes dos décadas surge la internet, los teléfonos móviles y los teléfonos inteligentes que hoy conocemos.

Nos encontramos en un mundo en el cual, según estimaciones del Instituto para el Futuro de Dell, el 85% de los trabajos de 2030 no han sido inventados todavía. Un estudio de la Universidad de Oxford pronostica que el 47% de los trabajos actuales van a desaparecer en los próximos 25 años, y, el Foro Económico Mundial señala que el 65% de los estudiantes actuales de primaria tendrán profesiones que no existen en la actualidad.

El Salvador no se escapa de esta realidad. Estimaciones indican que un 67% de las ocupaciones vigentes se encuentran en riesgo de ser automatizadas (CEPAL, 2019). Asimismo, cifras oficiales indican que de cada 100 niñas y niños que ingresan a la escuela, menos de 40 finalizan el bachillerato y alrededor de un tercio de estos puede realizar correctamente una media aritmética, comprender y analizar el significado de textos literarios y proponer acciones para mejorar problemas ambientales. Estas cifras señalan que las niñas y los niños salvadoreños no están recibiendo la educación que necesitan para poder ser ciudadanos felices y productivos en la realidad que se avecina.

A todo lo anterior se le suma otro reto: el envejecimiento poblacional. Según el BID, en países como el Reino Unido, Francia o Suecia, la población en edad de retiro aumentó del 10% al 20% en 65 a 70 años. En los países de América Latina, este mismo cambio está tomando entre 20 a 30 años. En El Salvador esta transición se dará en unos 26 años, aproximadamente entre los años 2020 y 2050 (BID, 2019).

El escenario es adverso, pero hay razones para la esperanza. La más importante, es que el país cuenta ya con el mejor recurso para transformar la sociedad: sus miles de niñas y niños. La propuesta “Invertir en nuestros niños: el norte común”, lanzada en el año 2018 por el Consejo Consultivo de la Niñez con el apoyo de UNICEF, sostiene que “la alternativa más segura para transformar la sociedad salvadoreña y con la capacidad de constituirse en un proyecto colaborativo de nación, en el norte común para las próximas décadas, es invertir en potenciar los talentos, destrezas y habilidades de nuestros niños”.

Como bien indicaba la propuesta antes mencionada, es tiempo de apostar e invertir recursos para reforzar los cimientos del país, enfocándose en los primeros años de vida, que es la etapa donde se construyen los cimientos de la adaptabilidad, flexibilidad y madurez emocional de las personas que permiten la ampliación de oportunidades en un futuro que será moldeado por la evolución tecnológica.

La inversión en las niñas, niños y adolescentes no es un “proyecto del futuro”, es un “proyecto del presente”. Invertir en el desarrollo de la niñez, además de ser un imperativo para el cumplimiento de la Convención de los Derechos del Niño, es un esfuerzo altamente rentable en el largo plazo y constituye la estrategia principal para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Invertir en la niñez hoy es apostar por la competitividad económica del mañana y por comunidades inclusivas más seguras que fomentan el arraigo de sus habitantes.

Los desafíos que nos presenta el mundo de la revolución tecnológica constituyen el impulso necesario para establecer un nuevo punto de consenso y encuentro para la sociedad salvadoreña: invertir en sus niños.

 

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